Destacada

Tornasol

Desaparecimos bajo el frío,
¿con cuánto barco se desplaza el mar?

A la deriva
movidos por una quietud implacable,
con esfuerzo la vida se va anclando a la memoria
bajo un río caudaloso,

todo es viento, del norte y del sur,
señores del jazmín. Poesías de aquí y de allá.
Ya no hay bordes en las pupilas. Solo ojos.

Llegamos a la costa
lejos de ese mar que aprisiona y que encanta,
qué bellas formas se dan en el agua cuando uno escribe.

Qué bella palabra me
suena dentro y se me escribe fuera.

Destacada

El lado opuesto de la noche

Yo hablo de las dudas,
tú anuncias mi sed. Te desvistes como la noche.

He sido botado a la deriva
lanzado al espacio desde los confines
un puro errar, una constante tristeza y tos
un alarido de sangre en la noche de los fantasmas.

Cuando comienza el ruido tosco
ahí me levanto y edifico mi nombre.
A veces empezaba a creer que era feliz.

Por la puerta abierta entra
el olor a la noche, suave aroma floral
y la sombra de mis actos ya no son agradables, giran al otro lado.

Dormiré un poco,
cada detalle me aburre. Cada campo está solo
y es ahí que mi corazón aúlla enloquecido de que sea verdad.

Hay algo en mí que parece soñador,
pero se esfuma bruscamente.

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El cauce

La presencia de los días
martilla con toda intensidad mi hueso desnudo:
cavidades y proximidades
desde el centro del Mundo

rey de los olores opacos
ante la clarividencia de una pupila
nunca antes conocida…

las brisas y las horas
pasan sonando y retornan en picada
hacia la boca soleada.

Reír reír en la noche
para tratar de detener su avance.

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Si es cuestión de confesar

Llanto por llanto clavado en el suelo
es un caos mi humor diario
[replique infinito de algo que se cose]

ondas enclavadas en el mar salino,
¿alguna fuente llorará?
tu cuerpo, fuerte opacidad que azota
con su mano derecha sobre mi hombro desnudo

de verde y tibio espesor
la mano que se alza en rebelión
contra un mundo de años comido.

[...]


La presencia de los días
martilla con toda intensidad mi hueso desnudo
cavidades y proximidades
desde el centro del hilo.
Rey de los olores opacos
ante la clarividencia de una pupila
nunca antes conocida…

las brisas y las horas
pasan sonando y retornan en picada
hacia la boca soleada.

Reír [reír] en la noche
para tratar de detener su devenir
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La dolce vita

Desaparecimos bajo el frío
¿con cuánto barco se desplaza el mar?

A la deriva
movidos por una quietud implacable,
con esfuerzo la vida se va anclando a la memoria
bajo un río caudaloso,
todo es viento, del norte y del sur,
señores del jazmín. Poesías de aquí y de allá.
Ya no hay bordes en las pupilas. Solo ojos.

Llegamos a la costa
lejos de ese mar que aprisiona y que encanta,
qué bellas formas se dan en el agua cuando uno escribe.
Qué bella palabra me
suena dentro y se me escribe fuera.
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Porque quería que tu supieras

...

es diferente
se cuela por la pared interior de mi casa
un aroma como de nieve
o de juego de niños,

se respira quizá un instante de compasión

es el humo blanco
que parte desde mis padres hacia mí
y así ocupa el lugar interior de la casa y,
de paso,
ocupa el lugar interior de mí.

que raro me siento
que raro me pienso

llega el día de descubrir quién soy.
Respiro hondo como quien quiere adivinar
el nombre de una ventana,
respiro porque soy ese hombre atrapado
en la ventana
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Oblicuo

Ahora comprendo que esa caricia
es la mano de un niño o niña o su viento,
y que su alma está dividida y entrelazada con tu pelo
y forma;
tus ojos cerrados miran el firmamento
y las estrellas,
y del temblor de aquella primera salida
hoy el fuego es el que se extiende sobre las texturas.


Mi mano tan alzada a las brumas y 
sobre los astros celestes no se ha visto envejecer,
soy ahora un prospecto de hombre de un solo hilo, una estación.
Dentro de mis uñas hay piel y musgo,
casi una palabra de crisantemo
y de mi carne humana, importa más lo que me ciñe a tu cintura;
me enseñaste a mírame en tus mejillas
y donde no había polvo, ahora hay
formas y siluetas.

Tras esas camisas oblicuas y sin forma
hay un armador y un aparato agónico, casi sin música.
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Himno a la alegría

A veces cuando en la noche tranquila
se enciende una mano y se torna la tierra
a los labios, como una ceniza delicada
y una mariposa lila, así se va la alegría.

se trenza el cabello feliz cuando ve el sol ponerse
y las mujeres nacen desde una guitarra
una fría tarde, una sombra se arranca y se ve 
partir a la cueva de los nísperos, así se ve la alegría.

Como juncos o nogales abiertos, la sed comienza
y se abre paso tranquila por la tarde que ya es tarde.
Se abre la rosa así sin veneno
su mirada no lastima, así se ve la alegría.

El sol anuncia el nacimiento de las sombras
y las cortezas casi verdes se enzarzan delicadas
la tristeza no cabe aquí, se hunde
y la humedad sube y sube, así sube la alegría.

Cuando en tu mano blanca me haces nacer
mi alma reposa sola, no se ve partir, se goza.
A veces cruzo el espacio sobre otros lugares
y empiezo a cantar, este es el himno a la alegría.

crece el musgo y las hiedras en los templos y
así con ambos codos sobre la ventana se ve morir el humo,
en los valles soy tu pasaje rubio
y una perla nace en la piel, así es la alegría.

cuando en los espacios la noche se cierra
ahí estabas tú ordenando fuego en la estancia
y los dos nos miramos y sonreíamos,
mientras afuera todo se agita, y se iza
el viento suspira y canta, así es la alegría.

¡poeta! las sombras cantan y se envuelven
aún tiemblo del primer encuentro
tiemblo por si llegara el día del sueño dorado
del contacto furtivo, de la alegría en el centro

por ti, poeta, los primero pasos
el rescate hacia la garganta para que siga cantando.
La señora del ruido y el señor de los besos,
por las ramas así llega la alegría y se habla

desnudos, fueron así mis besos y tus besos
un cuerpo de veinte años,
que dulces noches, aún se recuerda todavía.
Poeta, por ti los pasos. Así es la alegría.

Tu boca que siendo mía era del mundo,
en una noche llena de alas y música, así sería
una noche agitada hasta el fondo de las pieles
tu secreto aún florece como este himno a la alegría

por los cielos azulosos, e infinitos se juntaban
tu sombra y mi sombra sobre las arenas alegres
y eran una sola, y eran una sola
contra el mundo, así se levanta la alegría

y en la noche se sentía el tiempo y la distancia
por ese murmullo negro alzando en el cielo
la voz alcanza el cuerpo y se levanta
no hay frío si se canta, la alegría está despierta

la nota esbelta y ágil se nutre en la boca mía
en la noche tibia de la primera primavera, llena de perfume
de una música de alas, de un archipiélago verde
oh, voz en la sombra, canta, canta, así a la alegría

un álamo cantor, un fino aroma en mi voz
el mundo enloqueció por la ribera,
mi melena de ardientes campanas flotan de día
como el mar a una mujer sopla,
así se canta el himno a la alegría

mi corazón habitado por ruiseñores goza
mi vida va hacia el milagro y la señal de los cirios,
va hacia la vida, otro milagro que volvía
hacia el fondo, así se canta el himno a la alegría

 

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Soledades en este mes de Mayo

Desde mi poesía
como un precio agónico
y un aparato
celeste
se declaraba un ganador:

el poeta que salió del pueblo
y así se le vio
edificar amores en el sur
y ahora con su voz
de marinero y barco
sopla en todas las direcciones...

se le ve matar mechas de
un balazo
y dormir
en los ríos dormidos al lado
del puente

así tienen que oír
mi poesía las manos
que no duermen,

la sangre adherida
a la herida;

así creo que se oye mi canto
que solo depende
de si me abres la ventana
o no,

de si me ves distinto y airado
de si me danzas
de si me vives
de si me naces.

Así como cuando abres la ventana
y entra y se forma el yeso
y se agita
y se cruje
y se enrosca
y se aprisiona un diente espeso
por el vientre masculino.


Desde tu poesía tú vas llamando a mis latidos.
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Arrullo Arrullar

La herida surge y surge, hasta ahora cabe en un sueño.
Tengo un ojo calcinado y el otro despierto
¿Qué lluvia se posó en los laureles? ¿Por qué ahora no puedo verte?

Estoy en un estado constante de amenazar a los días
de lastimar a un nido y no verlo nacer. Solo reír.
Voy recogiendo dudas y sembrando en otros cuerpos
ideas lastimeras y astillas de soledades contempladas.

Para que nada nos espante, que nada nos haga daño.
animales perfumados.
Para que todas las horas hablen de nosotros,
seamos pájaro y
canto y
ceniza y
hablemos en voz alta y
gritemos de histeria.

Seamos silencio, ese que amenaza hasta la estancia de dios.

Para ser más amantes vayamos lento
descubramos los números y su edad.
Hablemos del ruido y del silencio.

Golpeemos al día y a su memoria.
No aceleremos los cestos y seamos pintura del sueño,
inventemos una palabra parecida al suicidio.

Procuremos no olvidarnos
cuando el olvido venga. /deuda pendiente/.

Me siento tan débil como un animal imaginario.

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A ti o al mar

DEDICATORIA PARA ESAS PERSONAS “FUGACES”
QUE LAS VEMOS UNA SOLA VEZ EN LA VIDA

A la persona del bus

¡Ah! si pudiera convertirme en noche
y acompañarte a desnudar los granos;
ser una llave que quede volando
y que se abran ciertas dudas y ciertos árboles.

En esta noche de pulmones extraños;
de pasajeros de alguna muralla;
de caminos y andamios sobre el mundo;
de mi propia voluntad y silencio.

A ti, persona del bus; azul cruzas sobre los cuerpos
que se sumergen en sueños donde yo pongo los ojos.

De pelo negro pidiendo el viento del mar.
Ruido nocturno nacido en todos los sitios.

No te conozco, quisiera entrar en el cielo,
de pie ahí, en los astros, encima de las flores y volcanes.

Hay suspiros de la buena tristeza;
hoy, entre navíos y estrellas, quisiera acordarme tu nombre.
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Alguien me espera


He transitado por mi memoria, por los recovecos
del tiempo y del polvo. Recorrí las calles que circundan mis labios
y en ellos vi tantas rosas desgastadas y en tono marrón.
Vi mi mañana a través de unos ojos hermosos

                                                  perfumados.


¿Era yo?. Fui yo. Soy yo.
He vivido en tantos lugares lúgubres de mi mente, 
en rincones insospechados de mi memoria, 
en las lejanías de lo oscuro, de paisajes largos y tremendos, 
en las lejanías igual de la muerte y del amor y 
lo único que me ha salido de tan arrollador viaje es que:


He conocido la complejidad de mi realidad, 
las siluetas y formas que puede adoptar mi apellido y 
el sinnúmero de maneras de llamarte amor, entre ellos la palabra AZUL.

Esto sin voz y he decidido tomar distancia de mí mismo
de lo que pienso y de cómo actúo, ser un tipo normal.
Las andanzas de mi memoria dan saltos gigantes.
Ribetes en torno a las caricias y a los modales de una vida perfecta.

Mi memoria pequeña como un niño dormido se levanta al alba, 
en azul, adornado el cuerpo de flores amarillas 
con caricias de madera
y un tono agradable a melancolía que brota de esos labios

                                                           / mis labios / 

y mi cuerpo que ha vivido fuera de la ciudad
casi dos meses después de que se anunciara la guerra
y el caudal de los ríos y las onzas de plata.


La vida misma y la pobreza que en esos días extraños 
se posaba en mí 
me hacían regresar a ver a mis manos
y dientes
y ya se disparaba en mí la labor de una vida larga;
también me deparaba momentos amargos de miseria y calma,
de recorrer el mundo solo hasta la calle de enfrente
y gritar solo hasta donde la garganta me permita.


Influir en las voces sencillas y torpes de mi cabeza
y en mis manos
iniciadas e incendiadas debajo de mis pantalones
y en esas enormes ganas de explotar y escribir de las tallas,
de las fiestas, 
de los arrebolares, 
de los corpiños
de las ilusiones y 
de los apegos 
de la lluvia, 
de los alambres.

Ser un poeta casi al borde de las veredas
y tan cercano a ellas que las describía como si de eso
dependiera el mundo.

Solo deseo un murmullo rápido de huesos y 
establecer un negocio de cuerpo presente y que las líneas
un tanto básicas abarquen al mundo y me devuelvan desnudo.

Tengo solo una función: Ir en búsqueda de las regiones,
de los archipiélagos, de las plegarias y 
acecharlas hasta convertirlas en oraciones y realidades. 
Verdades absolutas.
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Oculto y airado

...

Aquella luz era mía
aquella sororidad era mía,
aquel templo el de los pájaros y
aquel refugio el de mi alma.


Todo en la isla era silencio, algo contrapuesto
irreductible...
yo era presa de los mimos de la noche
y de sus estrellas,
iba en camino hacia el hemisferio sur,
¿de donde vine? y ¿a dónde voy?
es la imagen de la fugacidad...

detenido en el plan de la corteza
allá lejos, en los arbustos de humo y piel,
allá lejos mi alma pernoctará.

Allá donde esa luz seguirá siendo mía
esa sororidad seguirá siendo mía
esos pájaros seguirán siendo los míos
pero ya no mi alma.

Mi alma se la han robado los policías.
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Sobremorir

...

Aquella tarde imaginé mi vida:
dulce y evocada hacia un milagro,
disparado en la razón por una gota de polvo.
Me detuve en seco, tenía miedo. Lloré
y estuve a punto de escribir, de escribirme.
Respire por ti, por los lados, por los costados
por las gradas y la gente,
por lo dura que está la vida.
Pensé en el vuelo, y morí, bueno, viví un poco más.
Quería solo contarte que estoy muerto,
quizá más muerto que tú, que ella,
casi herido por las golondrinas, casi al borde
del nacimiento de los nísperos,
agotado por las letras, los párrafos, el agua.
Me he quitado la vida y por mí circundan
las gotas de las fisuras.

Quemado, iletrado, sin huellas, así vivo, así muero,
a ratos, a cuentagotas, con pus y astillas.

Así vivo, sin llaves,
intentando, apenas, seguir, sobrevivir, o sobremorir.
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Encerrado

...

Hoy es sábado.
Hay un sonido de semanas un tanto muertas.

Hoy es sábado
en todos los vientos que se acercan al barco.

Hoy es sábado
por todos los pétalos de las cobijas.

El día reconoce mis hijos
y mis salidas, / las inventa /.
Tu juegas con tus horas,
no me llamas,
ni escribes,
yo estoy muriendo con las palomas de la plaza.

Hoy la vida es fría
y por períodos
pido un beso escondido entre el vaho.

Hoy pido el don de verte y de reclamarte,
hoy adorno tu cuerpo con migajas de pan.

Hoy es sábado,
llámame,
¡claro que podemos jugar!

Ofrezco paz.
Tu solo ven que no hay nadie entre las rocas.
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Mi furia enrojecida

...

UN ROSTRO GRITA
DENTRO DE TODA ESTA DISTANCIA

Una lengua. Una boca
Tu llamado intermitente de lejos,

una solución caída
que se va desde mis manos,
como flores estériles
es casi tu nombre acá
tomándome donde un adolescente
se desnuda dormido.

Soy yo,
como un dardo dentro de una paloma
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Dedicatoria AZ

A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva
 
Soy niño.
 
Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.
 
El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.
 
El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.
 
El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.
 
La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.
 
Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,
 
más allá de los horizontes del olvido
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PRIMER GRITO FÚNEBRE

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación.

Así la vida en sintonía.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Tus finos hilos sonrientes
desde tu boca de maní, de cerezo.
Tu boca llena de vino
como un potente grito caído.
Nido de rosas. Nido de plumas blancas;
sonríes.

Cuna de astros, llanto de caballos;
sonríes

Tu boca espesa, el agua dormida, amapolas de aire;
sonríes.

Todo es claro. Todo es espacio.
Danza la humedad en lo dientes.

Un grito desnudo en tu interior amenaza las olas.

Nada soy yo, 
nada es mi cuerpo.
Cuerpo inerte. Cicatriz en el desierto.

 

 

 

 

 

Destacada

EL DESEO DE RECOGERTE

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz.
Así desprendida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad,
en lo azul,
se desprende mi sombra
y se mueve fuera de mí
 
en la ribera del día,
otro sol al fin
se acaba. Se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves.
Se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos.
Destacada

Extranjero

Soy un paisaje vencido. Traigo el color de un atardecer de una pintura acabada, al parecer, he nacido… ¿He nacido? No lo sé, escribo, sueño y pienso, quizá si, aunque eso no significa nada, quizá solo existo. Eso es. Existo. Pero no vivo Esa otra gente también.

En un solo rincón voy dilucidado, sentado frente al horizonte, frente a los sucesos vago por los lugares mas lúgubres de mi mente, eso supone que estoy vivo, o quizá solo esté abandonado en un rincón.

Casi siempre pienso en no volver, en detenerme frente a los campanarios cíclopes y gritar, atornillar un espejo a cielo la distancia solo está en mi mano izquierda, ahí hay un sentimiento de probabilidad hoy si volveré. Mañana no, seguro que mañana no. Suspiro en todo.

 

 

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Divinidad de agua

 

Así estaba a la altura de mis años con un murmullo de huesos y un hueco en la cabeza, atibo, y dejando que  la luz y los lirios intenten musitar en mi oído:

“soy materia, armonioso. intento llamar a la muerte. “

Pude verme de lejos y decir que era fiebre esa noche juntos, quizá un éxtasis procedente de todos los sexos, me apetecía el sueño, la posibilidad, la evidencia,  el claro oscuro de la convulsa carcajada.

Y tú en alguna parte, distinto, descendías cada noche a determinar mis días e infancias.

Y yo ya no necesitaba de la ridícula vida. Y entonces lo supe; estábamos en un estado de guerra, de fiebre desenfrenada, creciente, como tantas noches de los viernes. Ahora estoy dislocado. Mis ojos transitan las inmensas costuras de una reiterada pesadilla.

Y ahí va la vida que, a comienzos de la noche, se filtrar por las finas hebras mías. Mientras yo ha decido consumir  mi sombra, del otro lado, y pensar en las gentes y sus espaldas. Convertir todo en un incendio. Atestiguar mi existencia, mirando sus ojos.

 

¡Me sorprendiste ebrio!

 

Caballero de la noche

Divinidad de agua al pensarte, reponerse.

Destacada

In Individuo

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Desprendido,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

Esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
Aun con todas las posibilidades
de lluvia,

Atento estoy de recoger tu cielo,

atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.

Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro

Mi pasión así desciende, se le ve bajar
con olor a ciprés, casi las seis
la brisa de los días
en su aquí y allá,
la sombra que gira y gira, y llueve sobre mí.
Y ahora mi pasión te llama
desciende sobre el helecho de tus pies
y en tu corazón de flor pálida
mi coraza azota,
se desprende de mí
una larga hilera de esquinas rotas
y chimeneas en pasajes largos
y en la esquina,
y en la calle
y ahí, al lado izquierdo de tu nombre
un caballo sopla

es mi pasión que desciende
cuando despiertan las farolas.

Destacada

Tú mas que nadie merece ser feliz

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz
 
Si estuvieras acá, junto a mí
y no donde no hay huéspedes,
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.
 
 
 
Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético
 
Despredida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.
 
Aislado, así. Humano
Destacada

Llamados necesarios

I
 
Mi cuerpo vencido por soles y lluvia
esperaba la delicada cornisa
de un cuerpo abierto
y el suave beso de la tierra a los lirios
por el entramado tallo de todas las plantas.
 
 
II
 
Mi boca no esperaba un encuentro.
Mis manos no esperaban hacerse río.
si embargo,
todo fue caricias,
claveles abiertos a la frescura de la noche.
 
 
III
 
que suave el rodar de tu boca
en la carretera circundante alrededor de mi cabeza
 
 
IV
 
suave el terciopelo de una aguja húmeda
en mis manos.
Destacada

el quéayer de los insomnios

Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.

Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
como vientre nutrido, como la tarde muerta
mi voz como ceniza palpitante,
cuando se abre la puerta…

Destacada

Has ganado la batalla desde siempre

A tu nacimiento

¿Y del capitán que surca el este, quien ha sido nominado?

Su voluntad bastó para ser firme;
para posar y nombrar todas las cosas.

De esa pasión se nutre
lo bravío de algunas noches. Tus noches.

Sobre el mundo pasas rodando.
Háblale. Háblame.

Con las manos zurcidas al espacio terrestre
postrados los arcos, sedientos.
¿Dime, a quién ha acusado la noche?

Siendo la jaula amarrada al pájaro,
confía,
nadie se parecerá a ti, ni al viento ni el lenguaje nos servirá,
boca que doma los animales muertos.

No hay quién de ti, por ti, se haya muerto.
Hay quién de ti, por ti, se haya vivido.

¿No oyes el grito, la boca del céfiro arrugar tu pecho cuál niño silente?

Has ganado la batalla desde siempre.

Destacada

Nunca

 

Nunca había estado tan cerca de tu oído.

Nunca me habían devuelto las medallas
de mi infancia,
nunca una rivera se arrimó a mi boca.
Los fantasmas y la soledad encarcelada
piden un turno,
se asoman a la soledad, a ese día
que tiembla al verse terminar.

Nunca había esperado a alguien
entre ventanas extranjeras
bajo la mirada
de una blanca paloma blanca.

Nunca.

Las hojas y el otoño
arden en mi propia
dirección.

Destacada

La breve idea de la muerte

Mi soledad se esfuma,
ya no me pertenece,
se cae,
se amuralla, se enraíza en el mundo, terca y torpe.

Nunca me cansaré de visitar esa estancia melódica
y ceñida a las notas blancas y negras.
De tus cabellos, tus senos, tus lunares
desde mis hombros enfrento la angustia del compás.

Entre ruidos y conductos a mis orejas.
Entre maizales izados al sol.
Entre bandolines de madera y agua, de leña quemada.

Los sonidos caminan,
se hacen perfil,
se ven nacer y morir.
Sin gritarme, ellos están en mis órganos y en mis ciudades.
Sin gritar, sin rozar, sin hacer ruido se van adentrando en mi aliento
y yo ya me devuelvo a la vida.

Ahora camino hacia el largo letargo del sueño.

Destacada

Aunque no te hayas ido

Nido de rosas, nido de plumas blancas:
sonríes.
Cuna de astros, llanto de los caballos:
sonríes.
Tu boca espesa: el agua dormida; amapolas de aire:
sonríes.

Todo es claro, todo es espacio;
danza la humedad en los dientes.
Un grito desnudo vuela en tu interior, amenaza las olas.

Nada soy yo.
Nada es mi cuerpo,
cuerpo inerte, cicatriz en el desierto.
Mar sin olas y sin plata.
Cuerpo sin alegrías y sin compás.
Todo es tu sonrisa: claradulce:
canto de pájaro, viento.
El aura siempre es la sonrisa, semilla de la tierra
y en la tierra se hace carne y toma tu forma
y tomando tu forma voy escribiendo
y así escribiendo, empieza el viaje.

Aún hay tiempo de ser, de viajar en el lomo del día..

Antes de morir, seamos.
Hoy recuerdo al primer amor y una puerta de madera
no hay olvido para ello.
Aunque no se haya ido,
aunque se esconda en los árboles gigantescos,
aunque el daño se haya consumado,
aunque no se dio ya almas, ni óleos,
ni cuadros, ni estacas pintadas, ni conventos.
no hay olvido para ello;
pero escucho, de repente, el fulgor de un suspiro…
es un fuego artificial
que me llama, y me necesita, me añora.

Es un nuevo recuerdo, es un nuevo pétalo de clavel…

Destacada

Fino cantor

A los 6 meses y a las 6 lunas


QUERIDA PERSONA MÍA, DEDICATORIA

Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.

Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
mi voz como ceniza palpitante,
como vientre nutrido, como la tarde muerta
cuando se abre la puerta…

Te apreciaría por mi ternura ahora si
abierta y desenterrada
cúspide, como el sueño herido, como un espejo
cantor;
mi sueño herido con una fina tristeza
encuentra tu llanto y tu cuerpo accesible,
porque mi voz te toca y
es esa fruta cantora mía la que es cercana
y ahora el llamado es ya cerca de tu boca.

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Cantos generales

Cantos Generales
I

Ahora
que la ciudad sabe de sus muertos
y de sus tantos bosques perfumados.
Ahora
que del cielo se escapan ángeles de madera y río
y en su búsqueda
los disfraces del silencio.

Ahora,
me muestro desnudo, compañero,
mi piel es de lana y trigo, eterna e irreparable.
Un perfil que solo tú pudiste fluir
azotando hasta mi propia fragilidad.

II

Tengo miedo de nombrar a todo
y que todo nazca
y que con sus alas
lastimen nuevamente mi herida.

III

He venido desde la orilla exterior de mi cuerpo,
no sabía que existía,
no sabía que me mataría.
Me invade el olor a rosas del campanario
¡Qué voces!
Hasta ahora solo mi sangre palpita
y me hunde más y más.
Solo plumas y hambre.

Ha llegado mi herida,
contenta y
sonriente, me invade.
La soledad más grande y mejor formada.
Todo huele a llanto,
a memoria,
a paisaje,
a amarillo.

Tú alientas mi desdicha:
me das de comer lo que ya no se utiliza
y lanzas las grietas
para que mi hondo ser no salga de ellas.

Amo esa violencia.

Hijos de la lira y
del viento.
Me llaman. Me gritan.
Todo artista protesta en mí
y hasta el incendio recorre mi estancia.
Un cisne de humo
sale del centro del mundo
y con sus alas golpea mi cráneo
y mi isla.

Qué fuertes golpes. Qué infancia perdida.
Y ahora solo el viento cruza por estas llanuras de la nada.

Tú.
Doblemente alarido de un animal muerto.
Doblemente ruido de una canción ensangrentada.
Rica noche. Llévame a lo dulce.

Yo lloro por ti,
por abrir tu cuerpo hasta con lágrimas
y tiritar de frío y sed.

Eres en donde existo.

IV

Vienes a mí, posado de sueño.
Hebra de oriente y occidente.
Perfume del norte y del austro.

Cuerpo minúsculo, redondo,
extendido hasta la constelación del sur y
de las islas de mares profundos
y lutos en la distancia, vestidos de día.
Estás sobre el cuerpo de la hierba
y besas a las hormigas.

Siento fuerte tu pecho hervido,
de frutas doradas en la estufa.
Hoy, hoy
transitas sobre mi sueño
y yo me espero, sobre el mundo,
ser adornado de polvo.

A veces tu cuerpo ascendía sobre el mío,
entre licores y espuma,
ascendías como la edad a los lirios,
como la vejez a la tarde,
y allí, de pie, con tu sexo de horas,
destruíase el mundo
en un movimiento final
sobre mi boca y mi cintura.

Qué destino asciende hoy a la memoria.

continuará…

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Si tan solo existieras

Compañero, como un grito azul de nieve,
como un sonido y crujir de huesos e insomnios,
la primera planta naciente del cementerio
y ese tristísimo sonido del corazón
se ve sin duda, solo, abandonado al borde de las flores.

Ahora te veo en las hileras verdes de una soldadura
y en las astillas de madera crudísima que se oye cantar
y ese fuego del inicio
vuelve al jardín, a los pies de la hierba mojada
a ese pedacito de tristeza andante que me replica
y que abre el suelo a mis manos
al sembrío y así a la par a la cosecha.

como en la historia, como en las campanas extranjeras
se extiende el mar y se iza el viento cortando olas
y asumiendo la idea solitaria
de un mar asustado, de una mar que posee naufragios.

En el páramo, en los pajonales donde el viento se anida
ahí aparecen las mayúsculas y las
ideas de un camino en formación, de las alas inmensas
que se echan a andar con unos pasos de ceniza.
Mi piel se esconde como un roedor asustado,
una piel agria de vencimiento de tres días, el derretido
invierno se lamenta y comienza la sangre;
como una onza de ola se aparece ante mí tu pelo
y aquella sombra a veces ya me cobija;
a veces me devuelve una paloma con llamas y una palabra
que sale desde la ventana y se ve parar en tu mano izquierda.

Estoy rodeado. Cuál capitán sin especies
recostado sobre mi sombra que a veces se empaña.
Ahora estoy como un muerto, mi voz
como triste instrumento que se ve nacer desde el fondo
de tu compañía. No desestimes a mi llanto.

Si existieras, si tu forma fuera de cuerpo presente
y por mi costado brotaras,
así rodeado por una costa de cinturas y sexos:
un día fulgurante,
y me dijeras, de pronto, ¿estoy aquí?
Pues adelantaría mi muerte y por mis lados
se extendería mis sílabas
y me llenaría de tantos ábacos para adornarme
y de sonajas dulces
que con su solo movimiento
me llevarían en medio de la espuma y de la sangre.

Si tan solo existieras
y me ubicarías a mí, en medio de la plaza
en la mitad de las rayuelas y los cirios; ahí
con tus cabellos en formación
y tu idea solitaria de un avión en una farmacia.
Así, si existieras
y desde mí me respiras, mi sombra cubriría tus ojos abiertos
y la cúpulas de las iglesias reposando en tu vientre:
preparando el llanto,
llamando a las iglesias y templos, a las
islas negras y verdes, llenas de armaduras, y en torno a ti
me aferraría con clavos, dinteles y garras
y volaría.
VOLARÍA
sobre el sol de los pájaros.

Si existieras
y me buscas en medio de la edad de los árboles y arbustos
como un soplo solitario,
cerca del mar, cerca del olvido,
cerca de todas las cosas llenas de polvo y humedad.
Si tan solo me llamaras
con tu campana cíclope, con tu cantar de aguja
y tu voz de herido.
Si tan solo me viera desnudo y solo
¿Alguien vendría acaso?
desde la plaza de las raíces, desde el color amarillo
desde los días domingos.

Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

Si tan solo existieras,
esa sonrisa de barco roto, de tesoro manejado con cuidado
del lamento de las brisas
y del cuidado de los parques,
vendrías a mí como sonoridad, como caricia de aureola
como un cuidado de un ángel con un lápiz caído
Sonando. Existiendo.

Si tan solo existieras
el pedazo de mar terrestre, de cal profunda de las olas,
del grito más potente de azar,
como la sombra que gira y gira y muere.
Como los pájaros sin sonidos, mudos y sin alas, callados.
Como huyendo de los barrotes.
Como levantados e izados al borde, como orillas.

Si tan solo existieras
Yo me haría archipiélago y mar
y de esos lúgubres lugares de mi mente te sacaría y soplaría.
No huyas.
Mi sonido está preparado para tu espera.

Si tan solo existieras
Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

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Canto a mi palabra

 
Si allá en el planteamiento de lo oscuro
te veo empezar la vida, como un adorno de flores
como una silueta de diarios, como un monzón de pétalos, allá
se iría mi vida, cerca del mar
y haría plantear lo oscuro, nacer la lluvia, súbitamente
desde tu orilla, allá en mi corazón deshojado,
a la mitad de las horas, allá en esa extensión de mi alma
yo haría nacer la lluvia desde tu oído.
 
 
Desde esa extensión, al sur, al sur
donde se cría esa lluvia peregrina, como un canto sin ala
y un viñedo sin tragos,
como un sonido sin vientos, como el sonar de campanas
el corazón se da paso entre ventiscas,
como una casa sola.
La noche, sin duda, aparece en el campo
de repente y así se ve partir mi alma a la costa sola
y su única sílaba me cae en la sien
y el naufragio empieza por encontrar una hoja poblada
poblada de todo mi amor enrojecido.
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Grito de guerra

a propósito de la situación actual del Ecuador

Esta manía de levantarme cuando el poder me dice “no”.
Esta manía de no tener edad,
de llorar con amapolas por las muertes caídas
de que mis huesos vaguen y lloren

se limpian, se regeneran y luchan
de que mi voz (casi apagada) no me vea solo,
de que me he puesto el día al hombro y
he salido con mi fuego, y mis piedras,
he salido con plumas en otoño, he salido
con los llantos de mi madre por ver ese sueño horrible.

Tengo ya el recuerdo de unas muertes en mis pupilas
y en el corazón cae agua salada, como una prosa…
una prosa de dientes dispuestos a matar;
como hoy, vengo a luchar, a vestirme de claridad
de refugio, de indígena, de represión…

moriré es cierto, pero detrás de mí un aguacero
me espera,
escogí el día, ya llora mi memoria,
ya se desenreda el pelo y ya se viste de luto.

conservo esa manía de saberme lúcido
de no saber en qué vida me atrapara la muerte
ni con qué ropa me atrapará la muerte
ni con qué hambre me atrapará la muerte
ni con qué vestido
ni con qué personas
ni con qué saludos, ni despedidas
no sé como vivirme, pero sé luchar y gritar.
Por mis manos corre sangre y polvo, uñas ensangrentadas
y dientes tan altivos
que todo nombre que salga de esta boca muere;
no tengas amigo piedad por mi nombre
lucha conmigo y lloremos,
vaguemos,
gritemos
porque no sabemos cómo nos atrapara la muerte.

<b>¿Será hoy, mañana, el martes quizá?</b>

Ahora poseo un miedo enorme, algo pesado
algo con fuego,
algo con un suave desliz púrpura
algo que no sabe sonreír, algo llamado policía:
un siniestro delirio incalculable,
un aparato triste y un cuerpo sin barriga y sin hambre.

¿Cómo me atrapará la muerte? quizá vendrá sin sombra
como un dulce, o una llaga
o una saliva espumosa,
pero
seré fuerte,
fluiré entre las manos de mis compañeros,
ahora sabré de mi muerte, pero
de entre la espuma de las calderas hirviendo va mi sangre
y mi sonrisa,
estoy atento a los disturbios y peleas.
Acá en este país salimos con cuchillos y hambre
a devastar la esperanza,
a reclamar por los testigos, por los niños.

Hoy he muerto,
me pegaron, me golpearon
todos.
Yo solo era el que reclamaba del porqué de las alas
tan altas y caras que se ven en las instituciones públicas.
Me mataron, a palos, con espuelas y anillos
con sogas e hilos.
Los días están cansados, están húmedos,
pero

sigamos…

a pesar de la soledad, a pesar de los no caminos
a pesar de las mordeduras y la sal
a pesar del veneno…

sigamos…

¡Gritemos¡
porque no sabemos con qué vida nos atrapará la muerte,
pero si es hoy, o mañana,
que nos atrape gritando y manifestando
que nos atrape en la idea del sueño y la protesta

si hoy nos atrapa la muerte
que sea en las calles y con la fuerza enjaulada y con las almas estalladas.

Señor, hoy mi muerte
cabalga al otro lado de la noche y al reverso del día.
foto: mujer indígena en las protestas de Ecuador.
Octubre 2019 / 11

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Mujer de mi diluvio

Si tú no estás: todo se desordena
Aquí, niño de pequeñas letras y nudos,
hubiera sido tu esclavo, tu sinrazón por mandar al cielo
por beber de ti y ser en ti: manantial de mermelada y sexos.
Si se me acusa de mirarte
de partirme el alma en medio de la edad de las frutas
y sobre los árboles y sus capas;
estoy agonizando por tenerte y peleando con el mundo
y mis padres por su voz de aguja y mirra.
Por sentirte en mis huesos como un limón,
por verte como se ve a Dios en el agua
y quererte, amigo, como un pedazo de sonido en una campana.

porque yo soy de huesos y de hojas
y de caricias casi muertas, pecho enaltecido de dolores
y pasaría al lado tuyo sin huella ni ojos,
porque tu espera, tu silencio
no son para mí, no son de este mundo; a ti llega
la guerra y ganas por puntos
y yo me abandono en el espacio azazido.

¡como te amaría ahora!
ahora que no estás y que sé que no estás,
amarte teniendo consciencia del amor, amarte
en el vientre de la sal, amarte
escondido, pintando cejas en el sueño.
Morir y amarte,
amarte aún más si te amo
y amarte aún más si no lo hago.
Amarte, amarte aún más,
aún cuando no tenga conciencia de ello,
amarte más, amarte más.

Amarte, amarte aún más cuando del corazón cae
agua espesa y no hay otra mujer para sostener mi diluvio.

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Me negaré olvidarte

Quiero abandonarme al signo del agua,
llorar con mis manos
y depositar mis dientes en la tierra,
quiero, entre otras cosas,
salir andando de esta vida como un abanico roto
y seducirme a ojos cerrados a una flor desnuda.
 
Ya a esta edad
el silencio nos es presa de un letargo somnoliento
y cada vez nos acaricia la idea del viaje solo,
de la tan aparecida palabra suicidio:
un tremendo latido corriendo sobre los peces;
con un corazón desterrado y el alma en pena.
Con toda la ilusión del tiempo de las campanas
y la enorme quietud que tu tocas y gastas.
 
Quiero sobre una triste tumba de cal y hierro
ser sometido a la voluntad de las lápidas y
estar atrapado en la idea minuciosa del sueño.
 
Ahí está
el desesperado hombre de la muralla,
el polvo agónico de un cráter en formación
y el silencio eterno de huesos
y el trozo de pájaro sin el viento
y la mañana sin una mano
y el triste ropaje sin un botón
y el rostro con mordeduras
y el hierro sin el calor corporal
y el aparato triste y la cosa agónica.
 
La palabra invencible y agotada en mi boca.
El material de la muerte.
El ojo incompleto.
El cuerpo sin armonía.
La desgastada mirada.
El cuerpo cíclope.
Y las uñas cubiertas de cirios.
La luz que roba cráneo.
y el viento que no cruza mi isla.
 
El aumento de la violencia en mi pobreza.
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La hora de la ceniza

pues, aquí

mañana, el martes quizá

recordaré mi cuerpo embalsamado con caricias

en una habitación densa,

al final de las horas tu cuerpo me reclama y me llama;

tu risa,

tus mejillas

de oro

de acantilados,

de gargantas y de lana;

tus manos largas hilvanadas

por esos antiguos colores;

tu voz, tus ojos

tu puerto embarcado

ahí donde se sostiene mis palabras

y esa tristeza de sándalo y de mandarina

que hace más posible que se queme mi corazón:

comenzó la hora de la ceniza.

 

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Mirando sin mirar

 

hay muchas grietas en la madera y en los colores,
hay tantos espasmos de dolor en las gentes
y en las tiendas,
en los cines
en los páramos
y en los océanos
y en los otros poetas.
 
Pobres y minúsculos cuerpos rotos
 
Tienes una forma de verme,
de morder mi llanto,
de morder mis espacios y mis agujeros.
Tienes una forma sutil de adornar mis hombros.
Tú ves el mundo, los claveles
las rosas,
los suspiros quemados
los paneles de azúcar
y las botellas de preguntas.
Yo no veo nada; sino las piedras
y los acantilados:
la fiesta de las flores
y el rompimiento de huesos
en las murallas
y los pájaros enraizados
en las jaulas.
 
Te veo en todas partes.
Siento que estás en todas las cosas y de ellas quiero tomar su forma.

 

 

 

Destacada

Frenético

 

Mi voz enfurecida hace tanto ruido
como un sonar de cadenas en un campanario,
suplica y se ve más allá del musgo de la selva
como la garganta del mar en la arena incrustada,
como el agónico tiritar del viento mientras
cruza a un niño o una paloma.

Tímidos gritos salen de mi boca húmeda
como un ruido de huesos,
como un silencio en una bodega
como una muchacha secuestrada
como un ladrón de pie en el vaticano…

¡Oh voz mía! qué potente es el frío
en el alma dividida y con cestos…

Amapola fúnebre, sube a mi cielo y
de mi boca un suspiro silábico
repitiendo dos mil veces más
tu nombre anclado a una equis…

¡Oh, voz de animal muerto
sin galope¡ ¡animal frenético!

soy una luz tan desordenada,
soy un cesto de bocas ardientes…

Tú iniciaste el canto primero, ¡grito de guerra!
y en lo alto de los astros y de las dunas
te veía el cuerpo en abandono,
las manos vacías de mil hombres,
las bocas de las mujeres llenas de deseo
y una estrella de papel incendiada cada noche…

El cuerpo en el lodo y la carne viva ¡exquisita!
la corriente del río abajo, el alma de las rocas
y de los peces…
amor sujeto a las constelaciones
al ruido del agua
a la fiesta y murmullo de las hortalizas
ese es mi secreto:
caminar desnudo con insomnios en mis hombros.

Mi voz es el resumen de los caballos cantando,
de las grietas de la ventana muertas de llanto
de los hombres y mujeres en vela y en anís…

Mi voz es la carne viva y la gladiola al cielo
¡El veneno de dios en su ceniza palpitante!

Ahora mi ternura está encerrada en bodegas
al sur, muy al sur…
lloraría por el fino beso aguardiente y la espesa
finura de un río. Estoy abierto para siempre:
fino cuerpo de matas y de corrales,
fina voz de anís y de claveles
de ley al mundo que no se oculte nada, que todo crezca,
que mi alma se haga par y se cultive…

como un frasco de miel regado…
como una perla abandonada…

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El trabajo hermoso de los años

A ti Wendy, mi persona querida. Mi warmigu.

..

El gran rumor de agua, de escarcha
que asesina de un tajo a los geranios ancianos;
ellos, allá afuera, no se ven morir, están sobre
las rocas vivas, sobre los acantilados de los números.
Ese gran rumor cubrió la piel de los vencedores,
se adelgazó en las pupilas y en torno a ellas
cubrió a las calles de granizo y de céfiros.
Oh amiga mía ¿qué ruinas has hecho?
Porque ahora padeces de tantos lunares,
de tantos lugares tremendamente blancos.
 
Eres tú, geranio del patio de mi casa,
geranio anciano, piel del viento y boca de semilla,
taciturna
elevada al cielo
de tu carne tan blanca, tan blanca,
tan de ceniza y lana,
tu piel anclada a las migajas, al pan molido,
tu carne de nácar nacida en la arena
junto al río
ahora te sueño como en el principio de los tiempos,
estoy con una margarita que se chorrea desde mi costado,
me sueña,
me grita,
me saca del vientre materno y me
da medallas, me da espasmos de oro y
sueño; ya sueño de nuevo con tus dientes,
tu boca húmeda,
tu boca de oca.
Geranio anciano, del patio de mi casa
me retrato en la vida y a ella le devuelvo
mi esqueleto.
 
Consigo ahora que tu lengua y tus órganos
floten alrededor mío, me cubran, me vistan,
sean ángeles de madera; pedacitos cortantes
de un asesino que mata con el frío y la ilusión.
 
Compañera mía,
ya hicimos ese viaje mágico, cabalgamos
por sobre la madera y las auroras,
despertamos al alba en camas diferentes
pero con la mitad de nuestras almas colgadas al sol.
¡Bridemos por fin!
Se alegran los maíces y las tachuelas por vernos libres.
 
Las voces de mariposa,
los cuerpos de arullo,
el crujir de semilla
y ese rumor de huesos gritan ¡aleluya!
Hoy por fin, hemos despertado de la vida
somos danzantes que se adelgazan con la soledad y,
en nuestros cuerpos jamás entra la espuma,
somos un cúmulo de arupos,
tenemos nuestra manía de hacernos daño, de pintar…
de ser corceles en el sueño,
de apagar la luz eléctrica en las velas perfumadas.
He sentido, ¡no sabes cuánto!, el deseo de abrazarte
de acogerte con mis misas y campanarios,
de hacerte dormir con mi voz de aguja y bebé,
de dormitar en alguna colina por entre tus besos
/ tu ruido de besos /
 
Abrazarte compañera hasta hacernos arte,
ese arte dormido, absuelto, amarillo.
 
Qué hermosa te vez ahí adornada de escritura y de sal,
con tu alma purificada como el agua,
con tu cuerpo de minerales,
con tu chalina que genera envidia al sol.
 
Compañera mía, ¡compañera mía!
las piedras nos lanzan sus manos en dirección al horizonte,
el silencio crece en nosotros y nos da su galope,
nazcamos en el vientre del potro y de la noche,
seamos la crin del viento
y el suave andar de un caracol a su roca luego de la tormenta;
compañera, la sal nos mira,
nos hace seres de cuerpos profundos y un tanto muertos.
 
Te invito a descubrir la vida
debajo de los poetas.
 
Hoy un ronco cerezo cuenta nuestras lágrimas y
las medallas se apresuran a envolvernos en el fuego seco,
seamos hoy, por los siglos de los siglos
la fiesta de las flores y
el terrible palpitar de las sillas al verse solas, destruidas
sin personas que se atrevan a sentarse en ellas.
 
Seamos las tardes de trigo:
algo oscuras, pero con un legado del humo.
 
Nuestra piel ahora está llena de túneles por donde
siempre, siempre vamos a transitar, al menos yo
viajaré con mi palabra
hasta la orilla de tu cuerpo, hasta la orilla de tu boca.
Permíteme compañera
reconocer mis venas de pájaro y anidar por siempre
entre tus cabellos desnudos.
Permíteme solo ser un pétalo en tu piel de uva.
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El cielo que quema el ave

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.

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Mi carrera

Ayer, en mi inusitada carrera contra el mar
vi tus ojos: tremendas leyendas a la par de la brisa,
                                         en el horizonte,
el ocaso me quemaba las cienes y la noche ya
me invitaba a su lecho, y entonces vi tus ojos:
ojos de lechuza, de miel, del andar de los viejos,
ojos arcaicos, ojos de luto,
ojazos de penumbras, de soledades, de valor…
 
Ojos tremendamente negros como el cielo
cuando sus nubes anuncian que va a llover,
ojos serios y duros, tan llenos de grietas que casi
se atreven a cantar a la leña, al dulce vino.
 
Eran unos ojos perfumados
casi lejanos como una provincia o un lecho,
casi como el devenir del humo en la chimenea,
casi como un día tenazmente desenfadado.
Ayer, vi tus ojos enormes: lunares arrancados al sol
y a la bruma: espejos del revés de las cosas.
Mientras los veía yo era eternamente joven,
eternamente despierto, eternamente número.
Me envolvía en la dulce brisa que se desprendía de ellos;
entonces yo me proyectaba a cantar en la vida,
a ser una vela con tantos nombres,
a ser un cisne de humo.
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EL POETA SABE A DÓNDE VA

Mi poesía corresponde con el devenir del Mundo, con una correcta comprensión de los sentimientos y de las acciones; de los mandatos que se nos atoran en la dermis, como un poeta desnudo que está lloviendo. Joven arrimador de los estribos de la madera en los andares de un caminar vacío y ciego. La poesía es, conocida por muchos, como el dejo de la vida, como el abandono del cuerpo a las circunstancias más banales, pero también a los azares del movimiento y a la intención de abarcar el cuerpo para modificar una vida dentro de la existencia de otra vida.

Después de Neruda y Whitman sabemos que la poesía es tremendamente libre, vacía de dudas, conocedora de límites sensoriales y amante de los cuerpos atados al azar de la vida, royendo paso tras paso las huellas de una existencia efímera y constante. La poesía en términos de existencia es austral, es conocedora de los círculos y divinidades. Los mejores poetas venimos del Sur a poblar todo continente y a todas las cosas, controlamos a la autoridad y nos oponemos a ella. “Estamos en el cuerpo y somos el cuerpo”. Por ello es necesaria la visión del poeta en las cuestiones diarias y hasta en las postrimerías del universo en expansión.

Por ello, desde el titulo mismo, desde la vida y el nombre, desde la persona adecuada para escribir de ella y su horizonte nos permite extinguir estas letras sacudidas que ratifican el compromiso y la verdad de la existencia de la poesía. La poesía es tu cuerpo. Es en esa persona lo que denominamos el “acto de escribir”, de ya nos ser exiliado por donde surca la mirada, ni ser abandonado por los temores y lunares del cuerpo. Ya no somos seres unidocentes; sino multidocentes que encargamos a la vida el acto de la soledad, de una pretendida soledad que nos llega al encuentro del corazón. Es el camino extraviado del único  conflicto con la paciencia y estabilidad  de uno mismo.

Y esa persona firme que rompe con esos criterios de estabilidad y cánones antiguos de escribir del amor acabado, del amor ciego, del amor unilateral. Es esa naturalidad, esa salvación del héroe en las películas de acción la que nos conduce a ritmos insospechados y a creaciones literarias y aún más creaciones poéticas que se dejan a la estética y se embalsaman en el corazón y en la búsqueda máxima de los sentidos. Es esa persona valiente y tan relacionada con nuestra voz que nos dicta el camino y la mejor forma de escritura. Es esa persona la forma central de un poeta. Eres esa persona tú.

Destacada

LA TEATRALIDAD DEL AMOR

Hola compañeros y amigos escritores y poetas, es un gusto anunciarles que próximamente verá la luz mi poemario, el primero de tantos. He tenido varios nombres en mente para esta primera publicación, poco a poco les iré dando detalles. Estos meses han sido de una creación infinita, tengo varias páginas nutridas de inspiración y unas cuantas sílabas al borde.

Mi recopilación literaria en este tiempo ha sido bastante grata y espero contar con editoriales y personas que apoyen mi trabajo y mi labor como poeta y escritor, varias páginas en blanco están siendo escritas y la vida me está permitiendo contarle mis historias en un pedacito de cielo. Tengo en mente la publicación de 2 libros de poesía.

Hasta ahora tengo varias publicaciones pendientes. Aquí una muestra de lo que será mi primer poemario titulado “LA TEATRALIDAD DEL AMOR” espero lo disfruten y lo compartan para que las letras lleguen al infinito y desde ahí pueblen todo el Mundo y las ciudades y los cuerpos de los niños y niñas que necesitan del arte como expresión del alma y de las manos.

Espero sus comentarios y sugerencias, así como su apoyo infinito. Gracias amigos lectores, escritores y poetas.

Les dejo aquí un fragmento de LA TEATRALIDAD DEL AMOR

       “ Lo que deseo es un silencio eterno

  / un murmullo de huesos /

              un estado de salvajismo permanente,

una proximidad del vacío, una revelación contra el miedo”

1

 

Destacada

Desvaríos / uno /

Canto al aire, grito de desesperación,
miro a los mirlos, su vuelo
su gigantesco vuelo.
Miro el vaivén de las hojas,
esas hojas de cristal cargadas de dientes
y espuelas,
de sonrisas como tú.

Cantan las rosas
están atrapadas en las grietas de la ventana,
danzan con perlas,
se aferran al aire.

Gotas, gotas de sol
se derraman en la calzada,
algas desnudas tiritan de frío
y besan el césped.

Tú sonríes,
todas las colinas flotan dormidas.
Tú sonríes
todos los campos son de aire.
Tú sonríes
el espacio gime con fuerza.

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el barro de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación,
de la vida en sintonía,
de sus ojos llenos de lágrimas,
de tus finos hilos sonrientes,
de tu boca de maní, de tu boca de cerezo.
de tu boca llena de vino
como un potente grito caído.

Destacada

Silenciados / colaboración /

Quiero hoy celebrar de manera muy grata esta colaboración que marcó un antes y después y claro, que forma más especial de hacerlo que publicando una pequeña biografía de mi compañera de poesía.

Ella es una extraordinaria poeta, lleva por puño un lápiz y todo a su encuentro le llama y ella, como correspondencia, coloca alas en todo lo que ve. Como juez dicta que todo nazca y que se vuelva poesía. Camina siempre con arrebolares y cubre el corpiño de la todos los árboles con una esencia perfumada, esa esencia de los años de la memoria. Aquí pues ante ustedes, la mano y la vida de “Ze pequeño” y nuestra primera colaboración:

Eres mi recordado romanticismo de esperarte en estaciones rotas
y en habitaciones de hotel de carretera.
Hoy te recuerdo con mis acostumbrados temores de Abril
y con las lluvias perennes del mes.

Vivo instantes de sonrisas aguadas y contención de verdades.
Pero guardo la esperanza apalabrada
para el sueño en el que se cruzan nuestras manos
frente a una eternidad desconcertada.

Te veo sin miedos y me regocijo,
caminas por los espacios verdes tomando el lugar del tiempo.
Dictaminando con firmeza cual nube de río:
– vendrá a la tierra en sus acostumbrados torrentes
llenos de agua sal y madera.

Vendrá, y no seré yo quien lo detenga;
y que traiga en su cauce otros besos valientes
y abrazos impensados.
Pero ay que el puñal afilado de la espera
se cuelga en la pupilas, y llora, y no hay tregua.

¿Dónde estamos?
Si vamos a la deriva sin volante;
cuántos sacrificios de los muertos que nacen…

Silenciados
sentimientos que no saben encontrarse.
En la vida de esta muerte…
nosotros
nadie.


Gemma Rabaneda Sureda, conocida como:

Ze pequeño en Facebook,

y @Pequenho_Ze en twitter.

Nacida un 24 de Diciembre en Barcelona. Autora de los poemarios ‘Poetitzant-te’, Editorial Neopàtria (2014) y ‘Setenta Lunas de Abril y un baile póstumo’, Balanceo Poesía (2018).

Escribe en www.diarismicrocosmics.blogspot.com (en catalán) y www.seponeallover.blogspot.com (en castellano).

Un gran gran placer coincidir en la vida con personas que te llevan más lejos de lo que pensabas llegar. Un gusto de verdad.

Es un honor que disfrutemos de su poesía. Síguela en redes ahora.

 

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