Frenético

 

Mi voz enfurecida hace tanto ruido
como un sonar de cadenas en un campanario,
suplica y se ve más allá del musgo de la selva
como la garganta del mar en la arena incrustada,
como el agónico tiritar del viento mientras
cruza a un niño o una paloma.

Tímidos gritos salen de mi boca húmeda
como un ruido de huesos,
como un silencio en una bodega
como una muchacha secuestrada
como un ladrón de pie en el vaticano…

¡Oh voz mía! qué potente es el frío
en el alma dividida y con cestos…

Amapola fúnebre, sube a mi cielo y
de mi boca un suspiro silábico
repitiendo dos mil veces más
tu nombre anclado a una equis…

¡Oh, voz de animal muerto
sin galope¡ ¡animal frenético!

soy una luz tan desordenada,
soy un cesto de bocas ardientes…

Tú iniciaste el canto primero, ¡grito de guerra!
y en lo alto de los astros y de las dunas
te veía el cuerpo en abandono,
las manos vacías de mil hombres,
las bocas de las mujeres llenas de deseo
y una estrella de papel incendiada cada noche…

El cuerpo en el lodo y la carne viva ¡exquisita!
la corriente del río abajo, el alma de las rocas
y de los peces…
amor sujeto a las constelaciones
al ruido del agua
a la fiesta y murmullo de las hortalizas
ese es mi secreto:
caminar desnudo con insomnios en mis hombros.

Mi voz es el resumen de los caballos cantando,
de las grietas de la ventana muertas de llanto
de los hombres y mujeres en vela y en anís…

Mi voz es la carne viva y la gladiola al cielo
¡El veneno de dios en su ceniza palpitante!

Ahora mi ternura está encerrada en bodegas
al sur, muy al sur…
lloraría por el fino beso aguardiente y la espesa
finura de un río. Estoy abierto para siempre:
fino cuerpo de matas y de corrales,
fina voz de anís y de claveles
de ley al mundo que no se oculte nada, que todo crezca,
que mi alma se haga par y se cultive…

como un frasco de miel regado…
como una perla abandonada…

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El trabajo hermoso de los años

A ti Wendy, mi persona querida. Mi warmigu.

..

El gran rumor de agua, de escarcha
que asesina de un tajo a los geranios ancianos;
ellos, allá afuera, no se ven morir, están sobre
las rocas vivas, sobre los acantilados de los números.
Ese gran rumor cubrió la piel de los vencedores,
se adelgazó en las pupilas y en torno a ellas
cubrió a las calles de granizo y de céfiros.
Oh amiga mía ¿qué ruinas has hecho?
Porque ahora padeces de tantos lunares,
de tantos lugares tremendamente blancos.
 
Eres tú, geranio del patio de mi casa,
geranio anciano, piel del viento y boca de semilla,
taciturna
elevada al cielo
de tu carne tan blanca, tan blanca,
tan de ceniza y lana,
tu piel anclada a las migajas, al pan molido,
tu carne de nácar nacida en la arena
junto al río
ahora te sueño como en el principio de los tiempos,
estoy con una margarita que se chorrea desde mi costado,
me sueña,
me grita,
me saca del vientre materno y me
da medallas, me da espasmos de oro y
sueño; ya sueño de nuevo con tus dientes,
tu boca húmeda,
tu boca de oca.
Geranio anciano, del patio de mi casa
me retrato en la vida y a ella le devuelvo
mi esqueleto.
 
Consigo ahora que tu lengua y tus órganos
floten alrededor mío, me cubran, me vistan,
sean ángeles de madera; pedacitos cortantes
de un asesino que mata con el frío y la ilusión.
 
Compañera mía,
ya hicimos ese viaje mágico, cabalgamos
por sobre la madera y las auroras,
despertamos al alba en camas diferentes
pero con la mitad de nuestras almas colgadas al sol.
¡Bridemos por fin!
Se alegran los maíces y las tachuelas por vernos libres.
 
Las voces de mariposa,
los cuerpos de arullo,
el crujir de semilla
y ese rumor de huesos gritan ¡aleluya!
Hoy por fin, hemos despertado de la vida
somos danzantes que se adelgazan con la soledad y,
en nuestros cuerpos jamás entra la espuma,
somos un cúmulo de arupos,
tenemos nuestra manía de hacernos daño, de pintar…
de ser corceles en el sueño,
de apagar la luz eléctrica en las velas perfumadas.
He sentido, ¡no sabes cuánto!, el deseo de abrazarte
de acogerte con mis misas y campanarios,
de hacerte dormir con mi voz de aguja y bebé,
de dormitar en alguna colina por entre tus besos
/ tu ruido de besos /
 
Abrazarte compañera hasta hacernos arte,
ese arte dormido, absuelto, amarillo.
 
Qué hermosa te vez ahí adornada de escritura y de sal,
con tu alma purificada como el agua,
con tu cuerpo de minerales,
con tu chalina que genera envidia al sol.
 
Compañera mía, ¡compañera mía!
las piedras nos lanzan sus manos en dirección al horizonte,
el silencio crece en nosotros y nos da su galope,
nazcamos en el vientre del potro y de la noche,
seamos la crin del viento
y el suave andar de un caracol a su roca luego de la tormenta;
compañera, la sal nos mira,
nos hace seres de cuerpos profundos y un tanto muertos.
 
Te invito a descubrir la vida
debajo de los poetas.
 
Hoy un ronco cerezo cuenta nuestras lágrimas y
las medallas se apresuran a envolvernos en el fuego seco,
seamos hoy, por los siglos de los siglos
la fiesta de las flores y
el terrible palpitar de las sillas al verse solas, destruidas
sin personas que se atrevan a sentarse en ellas.
 
Seamos las tardes de trigo:
algo oscuras, pero con un legado del humo.
 
Nuestra piel ahora está llena de túneles por donde
siempre, siempre vamos a transitar, al menos yo
viajaré con mi palabra
hasta la orilla de tu cuerpo, hasta la orilla de tu boca.
Permíteme compañera
reconocer mis venas de pájaro y anidar por siempre
entre tus cabellos desnudos.
Permíteme solo ser un pétalo en tu piel de uva.

El cielo que quema el ave

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.

Mi carrera

Ayer, en mi inusitada carrera contra el mar
vi tus ojos: tremendas leyendas a la par de la brisa,
                                         en el horizonte,
el ocaso me quemaba las cienes y la noche ya
me invitaba a su lecho, y entonces vi tus ojos:
ojos de lechuza, de miel, del andar de los viejos,
ojos arcaicos, ojos de luto,
ojazos de penumbras, de soledades, de valor…
 
Ojos tremendamente negros como el cielo
cuando sus nubes anuncian que va a llover,
ojos serios y duros, tan llenos de grietas que casi
se atreven a cantar a la leña, al dulce vino.
 
Eran unos ojos perfumados
casi lejanos como una provincia o un lecho,
casi como el devenir del humo en la chimenea,
casi como un día tenazmente desenfadado.
Ayer, vi tus ojos enormes: lunares arrancados al sol
y a la bruma: espejos del revés de las cosas.
Mientras los veía yo era eternamente joven,
eternamente despierto, eternamente número.
Me envolvía en la dulce brisa que se desprendía de ellos;
entonces yo me proyectaba a cantar en la vida,
a ser una vela con tantos nombres,
a ser un cisne de humo.

EL POETA SABE A DÓNDE VA

Mi poesía corresponde con el devenir del Mundo, con una correcta comprensión de los sentimientos y de las acciones; de los mandatos que se nos atoran en la dermis, como un poeta desnudo que está lloviendo. Joven arrimador de los estribos de la madera en los andares de un caminar vacío y ciego. La poesía es, conocida por muchos, como el dejo de la vida, como el abandono del cuerpo a las circunstancias más banales, pero también a los azares del movimiento y a la intención de abarcar el cuerpo para modificar una vida dentro de la existencia de otra vida.

Después de Neruda y Whitman sabemos que la poesía es tremendamente libre, vacía de dudas, conocedora de límites sensoriales y amante de los cuerpos atados al azar de la vida, royendo paso tras paso las huellas de una existencia efímera y constante. La poesía en términos de existencia es austral, es conocedora de los círculos y divinidades. Los mejores poetas venimos del Sur a poblar todo continente y a todas las cosas, controlamos a la autoridad y nos oponemos a ella. “Estamos en el cuerpo y somos el cuerpo”. Por ello es necesaria la visión del poeta en las cuestiones diarias y hasta en las postrimerías del universo en expansión.

Por ello, desde el titulo mismo, desde la vida y el nombre, desde la persona adecuada para escribir de ella y su horizonte nos permite extinguir estas letras sacudidas que ratifican el compromiso y la verdad de la existencia de la poesía. La poesía es tu cuerpo. Es en esa persona lo que denominamos el “acto de escribir”, de ya nos ser exiliado por donde surca la mirada, ni ser abandonado por los temores y lunares del cuerpo. Ya no somos seres unidocentes; sino multidocentes que encargamos a la vida el acto de la soledad, de una pretendida soledad que nos llega al encuentro del corazón. Es el camino extraviado del único  conflicto con la paciencia y estabilidad  de uno mismo.

Y esa persona firme que rompe con esos criterios de estabilidad y cánones antiguos de escribir del amor acabado, del amor ciego, del amor unilateral. Es esa naturalidad, esa salvación del héroe en las películas de acción la que nos conduce a ritmos insospechados y a creaciones literarias y aún más creaciones poéticas que se dejan a la estética y se embalsaman en el corazón y en la búsqueda máxima de los sentidos. Es esa persona valiente y tan relacionada con nuestra voz que nos dicta el camino y la mejor forma de escritura. Es esa persona la forma central de un poeta. Eres esa persona tú.

LA TEATRALIDAD DEL AMOR

Hola compañeros y amigos escritores y poetas, es un gusto anunciarles que próximamente verá la luz mi poemario, el primero de tantos. He tenido varios nombres en mente para esta primera publicación, poco a poco les iré dando detalles. Estos meses han sido de una creación infinita, tengo varias páginas nutridas de inspiración y unas cuantas sílabas al borde.

Mi recopilación literaria en este tiempo ha sido bastante grata y espero contar con editoriales y personas que apoyen mi trabajo y mi labor como poeta y escritor, varias páginas en blanco están siendo escritas y la vida me está permitiendo contarle mis historias en un pedacito de cielo. Tengo en mente la publicación de 2 libros de poesía.

Hasta ahora tengo varias publicaciones pendientes. Aquí una muestra de lo que será mi primer poemario titulado “LA TEATRALIDAD DEL AMOR” espero lo disfruten y lo compartan para que las letras lleguen al infinito y desde ahí pueblen todo el Mundo y las ciudades y los cuerpos de los niños y niñas que necesitan del arte como expresión del alma y de las manos.

Espero sus comentarios y sugerencias, así como su apoyo infinito. Gracias amigos lectores, escritores y poetas.

Les dejo aquí un fragmento de LA TEATRALIDAD DEL AMOR

       “ Lo que deseo es un silencio eterno

  / un murmullo de huesos /

              un estado de salvajismo permanente,

una proximidad del vacío, una revelación contra el miedo”

1

 

Desvaríos / uno /

Canto al aire, grito de desesperación,
miro a los mirlos, su vuelo
su gigantesco vuelo.
Miro el vaivén de las hojas,
esas hojas de cristal cargadas de dientes
y espuelas,
de sonrisas como tú.

Cantan las rosas
están atrapadas en las grietas de la ventana,
danzan con perlas,
se aferran al aire.

Gotas, gotas de sol
se derraman en la calzada,
algas desnudas tiritan de frío
y besan el césped.

Tú sonríes,
todas las colinas flotan dormidas.
Tú sonríes
todos los campos son de aire.
Tú sonríes
el espacio gime con fuerza.

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el barro de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación,
de la vida en sintonía,
de sus ojos llenos de lágrimas,
de tus finos hilos sonrientes,
de tu boca de maní, de tu boca de cerezo.
de tu boca llena de vino
como un potente grito caído.

Silenciados / colaboración /

Quiero hoy celebrar de manera muy grata esta colaboración que marcó un antes y después y claro, que forma más especial de hacerlo que publicando una pequeña biografía de mi compañera de poesía.

Ella es una extraordinaria poeta, lleva por puño un lápiz y todo a su encuentro le llama y ella, como correspondencia, coloca alas en todo lo que ve. Como juez dicta que todo nazca y que se vuelva poesía. Camina siempre con arrebolares y cubre el corpiño de la todos los árboles con una esencia perfumada, esa esencia de los años de la memoria. Aquí pues ante ustedes, la mano y la vida de “Ze pequeño” y nuestra primera colaboración:

Eres mi recordado romanticismo de esperarte en estaciones rotas
y en habitaciones de hotel de carretera.
Hoy te recuerdo con mis acostumbrados temores de Abril
y con las lluvias perennes del mes.

Vivo instantes de sonrisas aguadas y contención de verdades.
Pero guardo la esperanza apalabrada
para el sueño en el que se cruzan nuestras manos
frente a una eternidad desconcertada.

Te veo sin miedos y me regocijo,
caminas por los espacios verdes tomando el lugar del tiempo.
Dictaminando con firmeza cual nube de río:
– vendrá a la tierra en sus acostumbrados torrentes
llenos de agua sal y madera.

Vendrá, y no seré yo quien lo detenga;
y que traiga en su cauce otros besos valientes
y abrazos impensados.
Pero ay que el puñal afilado de la espera
se cuelga en la pupilas, y llora, y no hay tregua.

¿Dónde estamos?
Si vamos a la deriva sin volante;
cuántos sacrificios de los muertos que nacen…

Silenciados
sentimientos que no saben encontrarse.
En la vida de esta muerte…
nosotros
nadie.


Gemma Rabaneda Sureda, conocida como:

Ze pequeño en Facebook,

y @Pequenho_Ze en twitter.

Nacida un 24 de Diciembre en Barcelona. Autora de los poemarios ‘Poetitzant-te’, Editorial Neopàtria (2014) y ‘Setenta Lunas de Abril y un baile póstumo’, Balanceo Poesía (2018).

Escribe en www.diarismicrocosmics.blogspot.com (en catalán) y www.seponeallover.blogspot.com (en castellano).

Un gran gran placer coincidir en la vida con personas que te llevan más lejos de lo que pensabas llegar. Un gusto de verdad.

Es un honor que disfrutemos de su poesía. Síguela en redes ahora.

 

A mi mamá, dedicatoria

Nadie soy yo.
Ni lo que escribo.
Ni las inmensas rocas que deciden ir
a la constante de los días y mueren y se hacen poesía.
Y les recito poesía.
Nadie es huella, ni caricia,
ni instinto en contra de los vientos del mar
y de sus olas y de sus bocas y de sus fulgores.
Lo único del tiempo eres tú, madre.
Lo que se juega en el destino,
las corrientes griegas de sus Dioses,
el número perfecto y aural.
Poesía eres tú. La desidia de una rosa,
el muro y las murallas, el instante creador.
Poesía eres tú. La compañera del alma en mitades.
El cuerpo minúsculo más triste,
la sonaja de hierro y el abanico de hojas,
las horas y versos más tristes, casi diminutos a la orilla del tiempo.
Nadie se compara: las estrellas y
su canto, el vino y la madera, los golpes de polvo
y el llanto perfumado de los cielos cautivos;
las calles nacidas de las amapolas y
los miles de vidrios rompiéndose.
Nadie es sino tú, poesía.
Pura y maternal, adornada de joyas y noches
de auroras boreales, noches con oídos de campana.
Poesía eres tú. El contacto anciano con los tallos.
La vida en dunas celestes y
campanarios y leña: el cuerpo de antes.
Nadie es sino tú.
Ni Neruda, ni Whitman, ni De La Rockha
usaron sus verbos vivos contra ti,
nadie es. Nadie describió la esencia perfumada.
Eres poesía del sur.
Eres poema que viene danzando.
Eres un pedazo amargo de un eterno ser, combinas a las unidades.

Eres un golpe vacío y seco de alimentos.
Eres el filo del amanecer.
Jamás te vas. Te quedas para siempre.
Eres el suave incienso de carne.
Cabe la pregunta:
¿Podríamos existir sin ti?
Hace frío y todo es redondo.
Hay certeza de que somos un montón de huesos
ordenados y puestos al viento,
construidos de tu aliento y manos.
Eres solo tuya, casi infinita.
Y en el comienzo del mundo, tu mirada y vientre.
Y las bocas que vuelven a disparar sintonías y nombres.
Y cada vez más cerca el Universo impuesto y desgraciado.
Y cada hora la raíz de tu nombre: Enith.

Mis ropas sucias

¿Porqué seguimos aferrados a la vida
a las trenzas despeinadas del día?

¿Porque no lanzarnos desde los astros
a las fauces tremendas de la muerte?
Porque no ir con todas las flores arrancadas
a la mitad del día y de ahí llamar a la sombra.
Porque no alabar mi despedida,
si tan tierna me llama y me cobija y me da suaves besos.

La muerte no sabe de apuros, ni labores.
Ven a mí hoy, y juega con mis niños.

Atrápame adornado de llaves y quejas,
se hincha mi pecho y yo estoy ya llamando
a todas las bocas.
Me seduce la posibilidad de saltar,
de ser polvo, de ser un llanto muerto y pesado.

Quiero estar en la búsqueda de mis días finales
y contarle a la vida de ti.
¡OH DE TI!
Quiero hoy, apresurarme a la eternidad
y ver entre las cabezas de algún lirio mi nombre,
mi nombre sucio
escrito hasta con sangre y velas.

Hoy me abandonaré a la vida:
no tengo techos;
llegaron los pájaros
y las medallas. Me llaman.
Iré a la muerte cabalgando con mis ropas sucias.

Amarillo

¿Y por qué?

Si no eres tú, no es nadie.
Porque solo tú me haces pintura,
me conviertes en color;
me haces pincel, paleta, espacio.
Me conviertes en tu retrato.

Porque cuando recorro tu recorrido
y vuelvo de tus memorias
me haces paisaje.
Nos hacemos naturaleza.

Por eso te quiero a ti.
porque todos tus cuadros están en amarillo
y eso es mucho para alguien
que ha visto toda su vida en gris.

Dedicatoria – a tu sonrisa – (2/2)

Como amenazaba tu sonrisa
con destruir un grado de saciedad mío,
di la vuelta y miré a la ventana y al espejo.
Yo tiritaba de como una flor nacida.

Con tu mirada me atrevía solo
a danzar en silencio,
a mirar en el espejo
tu silueta,
te veía desnudo.
¡Qué días tan alegres
y rojos!.
Medité en silencio y volví a la danza.

Con que ojos te miraré
si ya me has descubierto.

Te miré. Me miraste.
Sonrisas pálidas cargadas de lluvia
en los campos desiertos. Eso éramos. Eso somos
Nos juramos sonreír eternos
cruzar miradas,
chocar manos,
desvariar en las noches.

Ahora gritamos y conversamos
despacio
para no despertar a los bailarines despiertos.

Dedicación – a tu sonrisa – (1/2)

He aceptado tu invitación a mirarte,
por entre los espejos y la carne;
a viajar en tu sonrisa
con las hebras del tiempo corriendo, corriendo.

Musitas en mi oído
las doce campanadas de la iglesia:
esa música sacra crece en los tallos de las flores.

Atravieso tu rostro de izquierda a derecha
zigzagueando entre tus lunares,
apenas descanso para inventar un escrito
o una fecha.
El día nos sabe estático, quieto, dormido.
¡Cantemos en azul!
Conversemos de la vida, de las mujeres, de nosotros
en este follaje de la carretera muerta.

Levantemos un campamento a la orilla
de un acantilado,
miremos la sombra de las aves pasar.
Me acerco a un estanque, tan vacío e inhóspito:
un nenúfar florece,
sus tristes días se parecen a los nuestros.

¡Qué grato es estar en tu compañía!
¡Cuántos días he soñado con esto!

Así te amo

Te amo, como cuando los astros cruzan el cielo
y mis manos, ¡oh mis manos! tan cerca de ellos.
Te amo como cuándo el viento cruza
por la mitad de un niño, y se parte, ¡oh se parte!

Te amo, porque así el éter me ha nombrado:
embajador de la tierra y de las almas negras.
Espiga dorada de pan y de almíbar;
un chorrito de néctar en tu lengua. Así te amo.

Te amo porque el aliento de la semilla
aún está en el suelo, aún no se hace sueño.
Te amo porque cualquier tribunal se despedaza
en su juicio contra un pájaro herido. Yo herido.

Te amo, porque en el centro del valle, en los pistilos
de todas las flores
yo puedo juzgar a todas las bocas, hacerme verdugo.
Te amo, porque a nadie hablé de lo que he llorado.

Te amo, porque aquello es de esa manera y no de otra.
Te amo, porque a ninguna mujer he visto y he visto todo.
Te amo, porque en el vientre de la guitarra sigo preso.
Te amo, porque la cortesía así lo amerita. Te amo.

Te amo, porque esa palabra se hace flecha cuando la escribo.
y en mí, toda palabra me grita distancia.
Te amo, porque aún no he nacido.
Te amo, porque estoy triste. ¡Te amo porque estoy¡

El vino me llama


En el páramo Andino
sobre la naturaleza inhóspita de las emergencias
entre grietas de vino y mármol
estás tú
y estoy yo.
Un viento infinito, amplios campos ebrios al mediodía.
Hijos del viento, hijas de la lira.
¡Qué escalones me llevan al cielo!
¡Qué luto” es el sol que nos mira arrebolado
y una espiga me llama
con dulces sonidos de sirena, mientras
el agua continua su lento caminar por las rocas.

Sé que lo diré siempre, claras estrellas;
Un pedazo de tela blanca entre cejas, sol naciente.
Tu nombre, raíz del silencio de todas las cosas,
explotan en mí, los muchachos del dolor.

Los pequeños continentes, ríos de óvalos
abarcan mi sueño profundo y en las torres
enormes
– torres abandonadas al sol –
se encuentran todas mis esquinas y reflejos.

Pensé que no me iba a doler, pero dolió.

Es triste cuándo esa persona a la que querías tanto ya no está contigo, decidió irse y llamar a la tristeza, ahora yo aquí, solo pienso en las veces que estuvimos. Por ello este poema es en honor a esa persona, por los momentos, por los besos, por el día y por tantas noches.

Pensé que no me iba a doler
pero me atrapó la tristeza en las grietas de la ventana abierta
y con sus partículas me llamó a ser testigo del dolor.
Soy una amapola llena de sangre y licor.

El cúmulo de polvo, las hondas grietas de esas llamaradas de tierra
me cuestan en mis manos, y de ellas estoy hecho.
No hay escobas, dueñas del tiempo, para limpiar,
ahora ellas, todas ellas duermen.

Desde mí, hacia un espacio zurcido y melancólico, voy en azul.
Tengo mis manos en otro territorio y
la piel es la llanura por la cual la lluvia no emerge.
Desde mí, la soledad araña, como siempre, mis manos
y una isla acompaña mi sufrimiento.
¡Qué archipiélago busco cuando quiero estar solo!
¡Qué grata madera ahora hay en mis ojos, quiero llorar!
Tengo y busco un refugio por entre un diente de león.
Me llama desnudo una brisa,
afuera todo es fosforescente y mis ropas sucias me están abandonando.
La lluvia deslizada y pulverizada por el suelo
gota a gota, me escribe y me llama a lanzarme al acantilado.
No hay techo en mi cuerpo, ni cielos
ni astros, ni miradas.
Es este cuerpo el que ahora me tiene en corcel y,
llanto a llanto se anuncia el silencio.

Creí que no me iba a doler
pero estoy en pétalos de un geranio y todo es marzo.
Los días tristemente tristes preparan pan.
Hacia el sur, hacia el glaciar de Tabacundo voy ebrio de vino.
Ahora, el día de hoy que te vi,
estoy perdido en alguna bodega de viejos trenes
y no estoy embarcado en ninguna piel. En nada.
Mi alma está en el desierto:
verdes espigas y en mis ojos, doradas espigas.
Así, te extraño, así te recuerdo.
Así te vi.

Creí que no me iba a doler,
pero por hostales inhóspitos caminé, de noche,
y el viento por el sur, muy al sur
me llama.
Fui triste en todo.
Ahora me parezco a la palabra agonía.

Lo que resultaba de mi viaje, de mi salida sin soles
era una lluvia constante en mis huesos,
empezaban a germinar ideas de la soledad
y un ala rota se me dibujaba en la espalda. Omóplato derecho.
Lo que caía en mí eran las hojas de algún perro desnudo
y sus enormes fauces me tenían en silencio.
Pues sucede que ahora asciende desde esas tierras que visité
el rocío a mis pupilas. El llanto hecho río.
Pensé en mirar mis anhelos límpidos, sacudir mis alergias
de una vida tan noble, pero
sigo estando tan triste y tan melancólico.

Y unas dos hojas de laurel se agitan bajo mis pies.
Y me piden que no abandone el cementerio que,
a ellas, solo yo las vengo a ver, a escribir.

Pido paciencia y un cielo en alguna botella
y olvidar todo en un gran charco de dientes y orgías.
En una tumba de suspiros y en un rezo marchito de excusas.

Pido tu mirada para volar.

Pensé que no me iba a doler
pero estoy intranquilo, estoy en amarillo recorriendo a raudales
las hojas de los viejos poetas,
estoy en crecimiento y desnudez.
La desnudez me tiene miedo.
Quiero cerrar los ojos y verte, pero no te animas a seguir ahí
en esas tierras infértiles, donde ya no hay semillas.

Ya no me concedo el permiso de nacer.
Si yo no puedo amar, nadie conocerá el amor.
Voy a cerrar los ojos con las cerraduras
de los pies de un caballo y espero
morir en su galope.

El amor es una entidad que va con una bata de hospital
surcando tremendos pasillos llenos de muertos y aquí
viene su capitán. Yo. El señor de las despedidas.
Toda persona en mí se despide y se hace aureola,
se evapora y yo no conozco su razón.
Quizá es que no tengo barba, ni cejas amplias
por donde aterrice un águila o un barco;
quizá no tengo las manos más erizadas, ni blancas,
quizá sea solo piel y llanto.
Quizá a mí acudan todas las dudas de un caminar ciego.
¡Eso es! Por ello las despedidas son pedacitos de mí
en el mar, y pedacitos de mí en la tierra.

Pues eso, que pensé que me no me iba a doler
y duele, y duele.
Ahora quiero que no te vayas, quiero que por un día
seas piel, quiero a la fuerza ser médico.

Ya está, saliste de acá, de mis parpados blancos.
Eres como la noche, tan creciente y desnudo.
Pues pensé que no me iba a doler
y seguía cantando y mirando los besos,
y no me atrevía a besarte.
Una vez viaje dentro de un buey hacia tu encuentro:
era un día claro recién nacido, era como el primer vuelo de un hijo.

Estuvimos juntos, éramos silueta y llamarada
y de nosotros se desprendían los besos como globos,
surcaban nuestras bocas en una sola vida,
y yo te tenía en mis manos, eras sonoro, eras
mi persona preferida, eras el latir de una rosa adornada de alfileres.

Nunca me sentí tan liviano
como cuándo decías mi nombre y te veías en mis gafas.

Ahora, como siempre, te escribo, porque si duele, ¡duele!
Déjame solo, ya me iré temprano desde tu casa,
déjame solo con las tardes, que hoy, hoy pensé que no me iba a doler.
pero dolió.
Pido el silencio por donde ya ha cruzado tu mirada.
Pido tu cuerpo por donde ya ha sido mío.
Pido un minuto a la eternidad para salir del río.
Pido que seas feliz.

 

Testigo y lamento (colaboración)

Hola compañeros y seguidores, quiero anunciarles que me es muy grata esta colaboración y fue una de las más sentidas. Sencillamente un gusto trabajar contigo Alejandro, les dejo por acá sus redes sociales y una breve descripción:

Alejandro Cárdenas

Licenciado en Ingeniera de Ciencias de la Computación. Trabaja en una multinacional que provee productos y servicios para desarrollar aplicaciones de negocios. Poeta aficionado en sus tiempos libres. Sueña con escribir una novela de ciencia ficción. Sempai en la escuela de poesía japonesa “Sociedad Secreta del Haijín”.

Twitter: @AljndroPoetry

pueden seguirlo en poémame (revista de poesía)

Las letras estaban destinadas a ser destino, a ser posada sobre todas las frutas y a ser una brisa tremenda en el tiempo con el sencillo alunar de una mañana cubierta de razones, razones para ser nosotros.

Les dejo nuestra colaboración

Soy un ser atravesado por la angustia
no hay olvido;
Carcomido por mi propia soledad
solapada por tu ausencia.

Eres inevitablemente frío.

Sabes que soy testigo de todo el dolor
que se promueve;
Soy amante de la noche y de ella tú.

Soy un ser ciego, hundido en la corteza de un naranjo.

  Soy el lamento
que nace en las ramas de la noche
me siento al borde
de la cornisa de mi realidad
y te lloro…

porque no te tengo
o porque nunca te tuve
o porque tantas veces te perdí
o porque nunca más te volveré a tener.


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Aullando, así a la vida

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
para una fila hebra del volar ciego,
y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.

Entre rimas y desesperación,
entre encuentros y esquinas,
entre los rumores blancos de noches abandonadas
y un sueño del mar despierto.
Así, forjando mis huesos, vacilo.

Mi condición es ver murmurar al cielo
y ver en su lastre, a sus barcos sucios
llorando y gimiendo por el frío
aullando como un perro muerto, así a la vida.

Estoy atado a las espinas y a los claveles,
soy religión de un día y de una noche.
Estoy atornillado al panal de los sauces,
y en mí, todos los santos repiten mi nombre.

Tengo olor a sangre fina y a estancia en un bosque,
al danzar de los alambres blancos con púas,
soy un desierto lleno de polvo y muertos
y un compás ardiente sin dientes de acero.

Versos libres

La noche amarrada con clavos y destellos,
así,
amada mía,
tú sobre mi cuerpo,
dador de eternas lluvias y
compañero de viaje entre olas de polvo y silencio.

Entre el ruido y la espera,
tu boca y mi silencio,
te me haces en todas las cosas y
de todas ellas distante y quieto

ausente,
pero no frío,
derrotado está mi cuerpo
lleno de vacíos y pasiones blancas.
Esperaré el viento desde su origen humilde,
en su boca clamaré y un llanto
enorme rodará por la tierra.
El frío se siente tan natural, como mirar a través de la ventana abierta.

Déjame soñarte,
escribirte,
cuando no existías,
cuándo no aparecías,
cuándo yo dormía y tu creabas.
Déjame ser en lo que tu seas:
el agua de las piedras
y el vino de las violetas.
Mi existencia te marca.

Piel de avena y trigo,
camino rodante,
tienes hasta los cabellos llenos de perfume
y
el origen del beso
fue dado en tu boca.
Tienes hasta mis manos gritando.
Tienes hasta mi aliento maduro.
Tienes el rostro de las grandes causas y en ti
sobra mi amor que bordea, sin testigos,
las grandes causas.

En el día, tu aliento de rosa,
piel de cromo y silencio,
tus ojos forrados de estrellas
y en tu espalda,
el olor del ciprés.

Tengo el hambre colgado de mis dientes
y mi poesía es causa de las despedidas.
Eres enorme y
tienes la frescura de la noche.

El frío desencadeno mi silencio
y hasta me pareces mariposa de arrullo,
flor minúscula nacida en el vientre de la vasija
y el rodar incipiente de unos prados tristes.

Verte con la boca manchada de tierra,
enjaulando semillas humedecidas en tu seno,
crecieron, como catedrales gigantes,
las voces tiernas en las fauces de la vida.


Versos nacidos a la par de una vela y un cuarto oscuro, un cielo forrado de estrellas y la bandada de silencios galopando hasta mi vientre. Soy de agua y sal y veo, en mí, nacer todas las flores. La existencia de un Dios me marca y me distingue. Soy el grano amarillo del maíz. Soy el fruto seco de una tierra sin semilla y soy el llanto de un niño dormido.

Encubrir tu ausencia

COLABORACIÓN (Alejandro P. Morales. )

Quería que supieras,
que quizá,
esta no es la última vida que me queda para amarte.

Que tengo miedo,
que aún estando muerto he llorado
y que esta lluvia me ha empujado a ti.

Recluido en las entrañas y,
que mis manos destrozadas, destrozadas
por encubrir tu ausencia.

El corazón encallado
porque he perdido la vida que tanto quise.

Que he sido el otoño tantas veces;
y ahora ya,
sin estaciones, sin pájaros, ni piel,
sin aliento…

Quería que supieras
que en un mar de lágrimas
me mires lentamente,
que conmigo se van tus pupilas.


Quiero presentarles esta tercera colaboración con mi compañero Alejandro Morales, aquí una breve descripción de él.

“Me llamo Alejandro y soy de Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy pequeño me sentí atraído por la escritura. Me divertía manejar mentalmente las palabras y llevarlas de un lado a otro, como si de un puzzle se tratara, hasta conformar una frase que transmitiera un mensaje atractivo, además de sincero y honesto”

Un gusto tremendamente grande el poder trabajar con grandes escritores de todo el Mundo, él publica sus poemas en Poémame (revista digital de poesía) anímate a visitarla. y también puedes seguirlo en Twitter @MorAlex7.

Ha sido verdaderamente un gusto poder contar con sus palabras para esta colaboración, espero que la disfruten y que la poesía siga gritando en nosotros como un niño dormido en sus sueños.

Espero me dejes tus comentarios y sugerencias. ¡Hasta pronto!

 

 

La boca del viento

¡Qué tumulto de oraciones en silencio
y una par de huellas vacías en la arena, olas desplumándose!

Oscuro juego de luces y el mar atento,
estrellas tan lejanas como tus ojos mismo,
ave de paso, en ti todo el mar se agita.

En ti el cielo es crepúsculo y a tu lado todo se une
cambias la dirección del viento; donde tú quieras, donde tú lo muevas.

Agitas mi camino y observas mi raíz,
soltaré un puño de ramas alentadas por la tierra.

Siempre a tu encuentro estoy viviendo con mi escritura de lado,
tus miradas bastas arremeten a mis horas ya vacías,
y vuelves a ser tú, con tus olas y días grises.

El mar retrocede y se ancla y vuelve a la isla desierta.
¡Qué voz más silenciosa, cortada de tajo a un animal feroz!

La noche se dobla en la esquina y te ve, sentada te espera,
así eres, sueño en el campo y humo en el fuego,
soplas y
el llanto del día sale de la boca del viento.

Eliseu Ferrero Calatayud ganador VI Premio Internacional de Poesía Jovellanos, El Mejor Poema del Mundo

Es un gusto anunciar a Eliseu Ferrero Calatayud como ganador del VI premio internacional de Poesía Jovellanos, El mejor poema del Mundo, por su poema escrito en valenciano titulado “Alzheimer”

Te invitamos a leerlo

ALZHEIMER

On has anat, benvolgut ésser,

que al meu costat estàs

com si no estigueres?

El teu mirar perdut,

refreda més que la neu,

la teua fragilitat,

trenca les pedres.

On has anat, deixant-te part a la terra?

Seria, per aquell mes de tardor,

quan les aus volen

a la recerca d’una altra primavera.

Amb elles partiria

la teua meitat viatgera,

l’altra, va quedar al meu costat,

com l’au que sense forces,

es queda a la calor de la llar,

mirant volar, el fum per la ximenera.

 

ALZHEIMER

¿Dónde has ido, querido ser,

que a mi lado estás

como si no estuvieras

Tu mirar perdido,

enfría más que la nieve,

tu fragilidad,

rompe las piedras.

 

¿Dónde has ido, dejándote parte en la tierra?

Sería, por aquel mes de otoño,

cuando las aves vuelan

en busca de otra primavera.

 

Con ellas partiría

tu mitad viajera,

la otra, quedó a mi lado,

como el ave que sin fuerzas,

se queda al calor del hogar,

mirando volar, el humo por la chimenea.

 

Impresionado con la calidad de este trabajo, tanta calma, tanta paz en pocas lineas. el rubor comenzó en mis manos, pero fue diluyéndose hasta mi boca, que grato de verdad, espero que leas este poema y te agrade tanto como a los miles de lectores que se sienten tan identificados.

 

 

a través de El poeta Eliseu Ferrero Calatayud obtiene el VI Premio Internacional de Poesía Jovellanos, El Mejor Poema del Mundo, por su poema en valenciano Alzheimer 

Poesía: ser en todas las cosas

Oh, mujer mía, acércate a mi boca
tomemos la forma de la vasija y en su vientre de cárcel seamos.
Poco a poco acudamos a la vida.

¿Es posible que yo sea en todas las cosas?
soy un jardín ajeno,
rodeado de tantas formas en el firmamento,
pues, eso digo,
que me levanto y encuentro
sangre y agua en mi cama.

¡Ruedo tan gigante por el mundo!

Vivir sin ti, no hay alma.
es lo que necesito, un acantilado
para de ahí flotar a la cima
pues, empiezo a quererte poco a poco
y empiezo a buscarme poco a poco.
Mi vida se cayó en tu falda y
como consecuencia de ello
soy el corazón del hombre;
de las vidas que llevo hacia delante ,
del aroma de todas las frutas,
del fuego por el contacto
y de la mirada cuándo te vistes.

Pues ahora te encuentro en todas las cosas
y de todas las cosas quiero tomar su forma;
Soy una isla con una hoja casi durmiente en la arena
y de ahí vengo a mirarte.
¡Oh amigo, oh amiga
cuánto pesa la lluvia, cuánto pesan las letras.!

Soy ahora explorador del miedo.
En solo una noche he querido mi vida.

Oh, mujer mía, acércate a mi boca
tomemos la forma de la vasija y en su vientre de cárcel seamos.
Poco a poco acudamos a la vida.

A papá, en su tarde de lluvia

Veo a mi padre dulcemente atrapado por las lluvias de la calle estrecha;
inmensas gotas circundantes caen en el suelo y por entre sus manos
el sueño de todos, el sueño mío;
fuera de él: el espacio airado y tristemente azul,
dentro: el hogar, la espera y la canción del mes de Septiembre.

– el amor acabado, y la vida se ha muerto –

Ahora, de pie junto a la puerta abierta
observa el mundo acurrucarse en una gota de agua.
Su mirada posada, inerte y su desvarío remueven las canciones…
las canciones de todos.

Canta, y la persistencia de su canto se replica en los rincones de la casa
siempre son los ojos, los ojos de nosotros que pacientemente
miramos las sonatas con desvaríos de su boca cansada.

Ese cantor de letras sin nombre, ese cantor de la radio
imita la voz de mi padre, que aún con los acordes finos y la melodía en hilo
muere despacio sin el compás y las heridas suyas.

Ahora, sentado en esos infinitos retazos que cubren los muebles
se observan las canas y los silencios y las pausas de la vida,
del cantor autónomo, de los pulmones a media voz.
Sentado en infinitos pensamientos, su boca recurre a los altavoces y,
de entre ellos la canción

“acuérdate mi”.

 

Estoy vivo¡

Los días me vienen a matar,

con sus bajos instintos y falsos poetas.

Que histeria la que me acompaña

y que noches son las que vomito.

Sigan, caminen detrás de mí,

que no me matarán;

vinagre y espuma es lo que ustedes predican

y es pura mierda en la punta de su lápiz;

chalecos ajustados a la nariz

y basura amarrada a su cintura.

¡Malcriados¡

No me llamen con sus manos muertas,

ni con sus pies tontos,

de su vientre de sal

solo hay gritos y lamentos desprotegidos;

Yo soy porque soy,

más ustedes son porque yo los invento,

les hago tragar tierra que sale de mis pies.

La noche eterna cerrada para su muerte,

astros de aguja y un semen podrido

es el resultado de su viaje.

No vengan a mí

¡Hijos de puta¡

Los días no me matarán,

voy naciendo con sangre

y ustedes mueren en el pavimento.

Malcriados, malcriados

nacidos de una perra herida por una piedra

lanzada desde el espacio;

bocas sucias, cuerdas de metal

intestinos de ovillo y lana,

cicatrices de toda una vida maltratada

y corazones desangrados.

Contigo decir lágrima es llover

Escribiría de todo por verte cerca, insisto ademas en el riesgo de tocarte, de cruzar todas las calles por tu calle.

Contigo decir lágrima es llover
Toco tus manos de piel y viento
Escucha tus gemidos en los altavoces.

Toco el verano en sus pupilas
Toco el amor en sus ojos
Toco el vuelo en sus raíces
Toco el sudor en sus huesos
Toco el infinito en su pelo.

Eres olvido entre las hojas
Eres sueño entre el desvelo
Y eres poema entre los dioses.

Eres escribir diario

Ya llovieron tus ojos en mí,
ya no puedo esperar llovizna peor.
Si ya me deshice en ti.

Granizo salió de mis párpados.

Eres tú con las manos entre las hojas y
eres tú con el amor en balas;
soy yo con las cenizas tuyas y eres tú con el cuerpo mío.

Siempre he pensado que la vida
es el recuerdo que a uno se le escapa de la mano,
es la soledad con lentes para vernos mejor y
son los suspiros viejos de ese cansado reloj y
es todo el alfabeto de tu nombre.

Es la puerta y la mano,
es escribir todas las palabras
que podía caber en tu cabello
y es todos los “siempres” que yo deje morir en tu habitación.

Es el té que la vida nos da gracias a vos.

Es la pólvora que agregas a la imaginación
del niño y es los “haría cualquier cosa por ti ”
relleno de un tintero sin tinta.
Y es los “te quiero” ocultos regados en las macetas vacías.

Y es la misma sangre que
obedece a una guerra de un patrón diario y
eres tú con la violencia de las palabras y
eres tú con los suspiros de uno mismo.

 

 

Infinidad de la leña

Decir tu nombre
es envolverte en el cuerpo seco de la leña y quemar y
ver arder lo que serás y apagar lo que eres
para convertirte en lo que espero que seas cuando me veas.

Porque amor
Decir tu nombre es esperar la vida
es recorrer lo que sea limpio y ordenado en un universo caótico.

Decir tu nombre
es cantar sobre el fuego y el agua.

Decir tu nombre
Es llamar ironía a lo que nos sucede.

Decir tu nombre
es imaginar que eres de los dos y que de los dos nos iremos.

Decir tu nombre
Es callar que la eternidad se disipa.

Mujer: reivindicación e historia

Porque no se sientan a esperar el viento
ni se desnudan ante él;
sino que van con él desde su nacimiento
agitando las corrientes y gritando en alta voz.

Porque no es una lucha fría, ni sola
es un grito empalmado entre las raíces;
de la tierra es su nombre y coraje
para reclamar lo que tantas veces se ha perdido.

Porque la historia continúa y el paraíso se amenaza;
las flores al borde del precipicio son el ejemplo
y de las tiernas ramas de un cerezo en la tarde
son el andar constante de un verbo y salida.

Porque su voz es aguda y está a contracorriente.
No hay lirios ni maleza por donde sus pasos ya pasaron.
Hay constantes incendios de una vida en rebeldía
y hay hogueras inmensas que brotan de sus ojos.

Porque la carga es sutilmente pesada, lo sé;
pero nunca hay dos manos; sino ocho, mil, tres mil
que se juntan en constantes aleteos de una crisálida
y hay voces para calmar su llanto. Nuestro llanto.

Porque no estamos, ni somos; ellas son, ellas serán
una cuna viviente de un mar profundo sin huellas
y esa llama permanente en nuestros sentidos.
La voz agitada de una persona que jamás duerme.

Porque siempre tomamos posesión de esa lucha inherente
y andamos en movimientos rojos para defendernos de lo azul.
Porque hay gemidos que cargan antorchas y se deslizan
y van por la montaña o el páramo a conquistar otro deseo.

Porque de las cuatro manos en constante peregrinación
dos acarician al Mundo y dos se animan a vencer.

La niña del saco rojo

DEDICATORIA – A MI HERMANA – LA NIÑA DEL SACO ROJO

Sentada sobre la blanca arena que bien supondría una silla en la cocina
besa el desayuno con su implacable carácter.
Es que ella tiene el poder de las flores, de las flores jamás cortadas.

Su piel es nido del calor y humedad y
en sus manos jamás se derrite el hielo.
Tiene infinitos puntos azules en su rostro que le hacen
frente a cualquier tajo de un dulce fruta naranja.

Su pantalón blanco le hace escala al Universo.

Yo no podría hacerle frente porque su voluntad siempre
siempre rompía mi ventana y su increíble naturaleza
iba en juego con las bondades del Mundo.

El día salía a buscarle y le despertaba con un beso en la mejilla
y de sus manos suaves pupilas y suaves rostros.
Siempre el café me recordaba su presencia
dulce y amarga y las olas de azúcar sobre su pelo negro.

Danzando por el calor que ella emanaba.

Su piel de sal y lluvia. A veces pienso que como juez
yo sería el mejor testigo dictando esta sentencia:

:una suave gota de vino blanco deslizándose por el día
y llega la tarde.

Siempre me deja en constantes alucinaciones
por venir a verle.

Siempre lleva huellas en sus ojos;
siempre acompaña al frío;
siempre lleva puesto su saco rojo.

¡Ah¡ la vida


¡Volamos alto para caer aún más alto!

Tienes mi lugar de ausencia
desmedidamente
infinita;
recortada por los
años azules
de la memoria y,
de los caminos
con grandes
espacios y verbos
muertos.


Ahora, a esperar la vida.

En la práctica
el silencio
siempre mantiene
mi mente abierta.
Siempre me
da rezagos de
un lenguaje que,
con tu voz
es un recordatorio
al alba.


Siempre somos viaje

Existe algo
inevitablemente
Frío, y es tu mirada
la que hoy;
precisamente
hoy,
no la tengo.


La noche sufre y en su martirio me lleva con ella.

Me lleva a morir
en cautiverio
sin señas, ni ondulaciones.
Sin duda, somos
secretos que
nadie sabe
fumar.


Verde y tibio, golpes en el páramo.

Carta de un hoja suicida

Pues, llegó el verano
el árbol ya no aguanta más mi peso.
Son las 6.35 de la mañana y la lluvia ha empezado a cobrar sus primeras víctimas.
Primero fueron las hojas marrones del lado izquierdo del árbol
que en picada iban desfilando
– una por una – .
Segundo, las hojas en tono púrpura hacia el lado derecho del árbol
caían y en su torpe caída lastimaban
a los poetas que empezaban a escribir de ellas.

Por último, yo
la hoja en tono verde – aún verde.
Llego el invierno y sobreviví.
Llegó la helada y sobreviví.
Llegó el escritor con sus ínfulas de anciano y sobreviví.
Llegó el día martes y sobreviví.

Me amarro al árbol
como mi única fuente de vida y alimento,
pero estoy cansada
y el árbol igual.
Tomo de él la última gota de rocío
y me dispongo a lanzarme a vacío.

Son las 7 de la mañana y el amanecer se ve vivo
¡Qué envidia!
Son aproximadamente 3 metros hacia el suelo.
La última tinta verde se ha posado en las raíces
no hay más. Salto.
El viento sopla inmensamente – me lleva –
no se si quiera ir con él,
pero su voluntad es más grande.

Ráfagas de viento y lid
se posan en mí.
No puedo ir a contracorriente.
Estoy destinada a ser fugaz
y estamparme donde el viento lo diga.
Ya está. Quedo quieta.
En este torpe vuelo no nos hemos hecho daño
¿pero dónde estoy?.
Estoy rodando por el suelo
soy parte del collage de la naturaleza.

Toda mi memoria se tiñe en marrón.

De la mano de un niño

Soy ese niño que se esconde detrás de esas puertas negras
en tremendo silencio y con las miradas de insomnio;
Con todo el peso del Mundo sobre las silabas decadentes
y el sombrío alunar de un corazón desangrado.

Quizá vaya por el bosque en busca de círculos
pero, desde el sol, solo me vienen ráfagas…
hablo como se habla en mí, obstinado.
Voy regando tinta por donde camino y sale el sol.

Voy siendo un hombre caminando de la mano de un niño
con todas sus mentiras y la pasión por calmar el
l
l
a
n
t
o.

Amelie – dedicatoria

A mi futura hija

Porque pequeñísimos latidos se me dan
en mis manos al oír tus pasitos;
y comienzo a escribir de ti.
Eres un bien soñado, casi un sueño cumplido.
Casi una meta bien elaborada.
Casi mi vida, casi mi raíz.

Porque mi dulzura está destinada a ti mi hija;
mi hija que nacerá pronto.

Porque el día sube a buscarme
para calmar tu llanto y mis miedos

La vida se ha quedado sin mi vida que,
ahora, es tu vida y la vida de todos.
Que hoy guardo y la re escribo en ti.
Porque todo lo que ama se repite,
todo lo que escribo se sueña,
y todo lo que soy lo veo en ti, en tus huellas.

Amada es la espera para verte salir.
Amados son los días por ver el cielo.

Porque vi salir de tus manos un abrazo
y de ese abrazo tu nombre:

Impaciente,
tormentoso,
callado.

Amelie

Camino al sur

Las extrañas dudas que me vienen sobre ti
son de mil telarañas,
duelen y duelen de verdad.

Más que el frío
son cicatrices que lloran
sin un final cierto.

Tembloroso es el cuento y las palabras mal dejadas.

Las cobijas ardientes se marchitarán.
Y el fuego
de lo que fuimos
en la nieve.
Yo lloraré. Espacio y tinta.

El viento se lleva letras y espacios como tú.
La hojarasca es el suelo blando por el que pisas.

Te vas dejando al invierno y en el invierno,

inevitablemente yo.

El final de Nadie

Te invito a leer mi primer relato: “El final de Nadie” la historia del suicidio en adolescentes de manera programada.

“Anda vamos, saltemos al abismo. ¿No quieres? ¿Por qué no quieres? Quieres seguir en esta vida que hasta ahora ha sido absurda. Anda, vamos. Toma mi mano y huyamos hacia el bosque; es quizá, otra forma de morir.

Salta. Saltemos. Prometimos ir juntos a la estación final. Anda. Mira el horizonte que nos llama, su jueguito estúpido de luces me irrita, como no ir en su búsqueda para matarlo.”

Visítalo y coméntalo

El final de Nadie, relato

 

Llegó el día

… que te quiero con todos mis sentidos

Sálvame de verte así,
en mis sueños

Que no hay leyes, ni castigos para tantos pecados.
No hay control, ni estigmas.

Sálvame de verte así,
en mis sueños

Que eres mía y del Mundo.
Mía en amores y cuerpos
Y del Mundo en abismos y soluciones.

Sálvame de verte así,
en mis sueños

Que no hay leyes.
Que te quiero con todos mis sentidos
y te quiero con todo mi tiempo.

Escribiría por ejemplo

Escribiría por ejemplo:

Que ya no tengo versos desde que te fuiste.

Que me resulta casi imposible

encontrar historias debajo de cada hoja de papel y

me resulta menos aún encontrar tinta en cada lápiz.

Escribiría que estoy viviendo el frío.

Que me es oscuro todo lo que se supone de color.
Que los restos de borrador

se han incrustado en mis pupilas, debajo de ellas, y no veo nada.

Que la locura ha puesto un tope el día jueves. El viernes lloverá.
Todo tu cuerpo en mí. El amanecer vivo.

Que mis manos ya han tomado las líneas y el color de las tuyas.
Y que mis ojos ya no miran en mi espejo; sino en el tuyo.

Que mis espacios cuadrados locos se han vuelto.
Que las cobijas de ayer dormidas siguen.

Colaboración: Amores residuales

Que grato compartir mi segunda colaboración con una persona muy especial. Realmente fue un trabajo en grupo y lleno de sensaciones y letras que se nos llenaron en los ojos y se plasmaron en un montón de hojas blancas. Esta es la primera parte de dos trabajos juntos, fue tanto la pasión y entrega que nos quedamos con ganas de seguir en conjunto.

Les dejamos aquí el resultado.


Estamos inertes, cerramos los ojos frente a la lluvia.
Cae el azúcar 

Ahora no puede ser, ya no son tus manos
de entre mis manos.

Es la misma soledad, esparcida, maciza
cómo café en la lluvia.

Nuestro cuerpo como antes, formando olas
de espuma tibia.

Vuelve ese pánico, queriéndose alejar de mí
y un corazón
y tu corazón
y ese corazón

Diluyéndose

Sin duda, así somos detenidos en el tiempo.
El azúcar entre las mesas
y el olvido entre la lluvia

Fui desamor, fui insomnio
dibujando Octubres en el café.

Su tibia espuma nos trajo anhelos
¿Y ese dolor?
Ese dolor anclado al mar.

Los dos a la vez.

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publica sus poemas en Poémame.com, aquí su enlace.

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Historias jamás contadas

La saliva me resulta insoportable
como un dolor por una ausencia repentina.
Me dolía que me extrañes – miento – .Aún me dueles.

Los días como estos

En días como estos
el verano también era amor.

Las sonrisas también
pintaban a los pájaros sobre las ramas.

Los verdes prados
también eran refugios de amor.

Los reflejos también mostraban algo de nosotros.
Mi mano era la tuya.

Las historias
que aún no se han escrito también tienen su pasado.

Deseaba todo y a la vez nada. Te deseaba
Dependía de ti y dependía de mi dependencia hacia ti.

 

Sobre esa noche

Es iridiscente la poesía que amanece contigo.

Cuerpo desnudo, lleno de búfalos
de mis manos las bestias
duermes, duermes. Instante.

Se abren despacio las puertas del pecado,
me arrodillo ante tus ojos
absorbo ese pedazo de carne de tus labios.
Muertos, dormidos.

Mi boca besa firma la tuya, la convierte en propiedad
con ganas y a mil kilómetros me dejo caer en tu pantalón
extasiado y sin límites, absorbo un beso amargo.

Lleno mi espacio con tu sexo
admiro primero las líneas de tu espalda
mi respiración se agita y duerme contigo.

 

Neruda: poesía sin filtros

Es lo mejor que ha surcado

el cielo de los Andes

golpeando el páramo con poesía.

 

Leer a Neruda (Neftalí Ricardo Reyes Basoalto)

Es uno de los mayores deseos que tiene todo joven poeta, porque su poesía es extrema, es dulce, es cálida te da la bienvenida y te invita a mirar la tarde vacío y solitario.

Es vacilante, da vida a la flor que nace de la tierra, penetra en sus hojas y convierte la sabia en vino y naturalmente bebemos de ella.

Cada una de sus obras es un salto al vacío

Tanta fuerza y tan simple que puede derribarte con un beso, y acariciarte la espalda fingiendo ser niño, niña o pájaro. Un simple ápice de vida bastó para crear tanta fuerza concentrada en un puño de letras escritas bajo un papel y con la luz encendida, vaya que naturalidad y que camino más largo el que hay que recorrer.

Es una mañana iridiscente la que me llevo a escribir de él. Y como no, si merece toda mi atención y respeto. Desde los Andes nace, como ríos nos llega a todos, pero no todos la disfrutamos, no toda su poesía es potable. Hay que tener el corazón siempre abierto y dispuesto a caramelizarse de tanto en tanto para no morir y escribir sobre ello.

 

Les dejo esta pequeña obra, que por lo demás, es sangre y vino.

WALKING AROUND. Neruda

 

 

Degustación a flor de piel

Saber que es necesario, incluso obligatorio
hacerme de ti otra vez. Respirar de ti.

– De tu sexo.
– De tus miradas.
– De tus ganas.

– Saberte de nuevo.
– Incitarte de nuevo.
– Degustarse de nuevo.

Saber que hay que intentarlo otra vez;
saber llorarte y sentirte.

Saber escribirte.

Sentir que necesito llorarte de nuevo
y hacerte poesía una vez más.