En carne vuelvo

 

Y de tantos mares, hojas y noches
A ti vuelvo en barcos, raíces y estrellas

Y de tantas canciones, poemas y paisajes
A ti vuelvo en acordes, instintos y memorias

Y de tantas manos, cinturas, y camas
A ti vuelvo en tejidos, sexos e historias

Y de tantas acertijos, miradas y obsesiones
A ti vuelvo en respuestas, pupilas y recetas.

Y de tantos nombres, lugares y lunares
A ti vuelvo en gentilicios, espacios y explicaciones.

Y de tantas personas, caminos y letras
A ti vuelvo en carne, polvo y tinta.

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La tarde de hoy

Dime ¿es extraña la poesía que no se ocupa de ti?
o me es esquiva esa tarde en que no te pienso o anhelo?

Sin duda, eres el resultado de las complejidades que me animaron
a escribir o re escribir este poema que, por lo demás
lleva pegado tu nombre

 

No temas al destino.
Somos consecuencias absolutas de ello. Somos escasos.
como la naturaleza muerta debajo de un descarrilamiento en tren.

Somos culpables inexorablemente de
esa conducta inaccesible a los detalles y al miedo.
Tenemos culpas escondidas en la memoria y el duelo.
Como los datos para nada precisos de un edificio mal construido.

Estamos en estaciones diferentes y en compromisos inadecuados
llegamos tarde a los ofrecimientos de ciertas acciones vacías
y somos tan silenciosos como dos pájaros perdidos.

Estamos en la línea definitiva de acabar en el Mundo
y en la huella imperfecta de una mano de Dios que no existe.
Estamos a la par de los poetas que nadie lee ni llora.

Dime ¿es extraña la poesía que no se ocupa de ti?
o me es esquiva esa tarde en que no te pienso o anhelo?

Sin duda, eres el resultado de las complejidades que me animaron
a escribir o re escribir este poema que, por lo demás
lleva pegado tu nombre.

¿Acaso el ocaso termina con las dudas de ciertas preguntas irrevocables
o, en su devenir, el mar actúa como juez y testigo del crimen?
Vacilante es la respuesta así como su atenuante escritura.

Por lo demás dejaré a los pájaros mis respuestas colgadas en sus picos
para que al volar hacia el final de sus días sepan quién es
el autor de tantas letras que no se leerán,
tanta poesía muerta que apesta en los jardines de alguna editorial moderna.

Si los ves con dudas y crisis existencial
ayúdales a no morir de sobriedad y consuelo.
Regala tus manos junto a tus pupilas y
lleva de regreso a la vida a ese puño de mantos negros
– o a veces naranjas – que vuela en el cielo.

Pregunta el porqué de sus alas
o instintos
o vidas
o carreras exhaustas por no llegar a ningún lado.

Responde amor con la más sencilla de tus inquietudes
que para ello nos programó a vida.
Para vivir de ilusiones confusas dentro del Universo caótico
y para sufrir con imposibilidades y fechas de amor que no se dará.

Mas en mí, la falla ha sido resuelta:
he nacido para escribir de esos pájaros en
sus huidas
y escaparates hacia tu morada
y refugio.

Amelie

DEDICATORIA

 

A mi futura hija

Porque pequeñísimos latidos se me dan
en mis manos al oír tus pasitos;
y comienzo a escribir de ti.
Eres un bien soñado, casi un sueño cumplido.
Casi una meta bien elaborada.
Casi mi vida, casi mi raíz.

Porque mi dulzura está destinada a ti mi hija;
mi hija que nacerá pronto.

Porque el día sube a buscarme
para calmar tu llanto y mis miedos

La vida se ha quedado sin esta vida que,
ahora, es mi vida y la vida de todos.
Que hoy guardo y la re escribo en ti.
Porque todo lo que ama se repite,
todo lo que escribo se sueña,
y todo lo que soy lo veo en ti, en tus huellas.

Amada es la espera para verte salir.
Amados son los días por ver el cielo.

Porque vi salir de tus manos un abrazo
y de ese abrazo tu nombre:

Impaciente
tormentoso
callado

Amelie

Ojalá

 

Ojalá que a tus ojos
los vuelvas otoño,
para yo ver sus hojas en ellos.

Ojalá que a tus manos
los vuelvas río,
para yo ir y venir en ellos.

Ojalá que a tus piernas
las vuelvas piedra,
para yo tropezar con ellas.

Ojalá que a tus dientes
los vuelvas ceniza,
para yo fumar de ellos.

Ojalá que a tu espalda
la vuelvas hogar,
para yo refugiarme en ella.

Ojalá que tu cintura
se vuelva poema,
para yo poder leer de ello.


Ojalá que tu vida
en mi vida se convierta
para yo poder descansar de la mía.

Cuando quiera, donde quiera

 

Porque tu y la vida
me han esperado desde siempre,
pero siempre un poco más tú.

Porque tu y el destino
siempre hacen mi vida más largo,
pero siempre un poco más tú.

Porque la vida se ha tardado en corresponder
a lo que yo he pedido,
pero siempre he pedido que tú me traigas la vida.

Porque solo falta tu nombre en la escala infinita del universo para poder comprenderlo

Inconcluso

Dije adiós cuando tu pelo negro aún te cubría el rostro
y las horas de la madrugada no llegaban.
Dejé inconclusas las cobijas y algunos versos
…tu cuerpo también.

El calor se me esfumo con la mañana fría, al igual
que con tus palabras. “ándate”.

Desperdicié esa noche, como tantas otras
¡cuánto va a doler el haberme salido así
siempre asi. Inconstante. Sumiso.!

Tu cuerpo lleno junto al mío, horas vacías
vestido de negro, vestido de color.
A veces pido a la luna, otra vez
que tristemente lloremos los dos.

No juegues a quererme.
No me juzgues. Yo soy lápiz en flor. Tú un libro ya acabado.
Espero que sepas muy bien
lo que es morir en un corazón, en tu corazón.

Pesa mi rabia, más que mi dolor.

Voy escribiendo sin escribir;
aún me dueles muy hondo, profundo
¿Se puede vivir amando de a poco?
No he crecido tanto como tú.

No miento, tu amor me ayudó. Mi primera vez. Mi única vez.
Robaste mi inocencia sobre ruedas, en el ruedo.

Más no lo digas, no quiero escuchar:
“no se repetirá”
Tu mano, tu abismo, siempre conmigo
pero ¿por qué derramo tantas lágrimas?.

Ya está, aunque no lo comprendo. Ya está. No me digas nada más.

El día dibujado

La distancia – que – se nos marca en el cuerpo

No sé para qué vuelves
si después de esta tarde tengo toda la poesía en mis manos.
Sabes, me espera un final
junto al fuego y a la ceniza.

Soy siluetas dibujadas con carbón y piel y,
en la arena del mar que nos vio alejar.
Y ahora nos reclama con constantes atardeceres
llenos de color y humo. Humo y fuego

Solo es cuestión de perspectiva;
de ver que los pájaros vuelan hacia tus pupilas,
pero
su vuelo inevitablemente pasa por mis mejillas.

Si te vas, la Tierra se me convierte en un
sueño pesado e insolente,
como esas mañanas de Diciembre cuando
retrataba tu espejo sobre mi cabeza.

Temíamos dormir, porque no acariciábamos
las líneas del tiempo cuando cerrábamos los ojos.
Es por ello que dormir resulta inútil
cuando estoy contigo
y tu cuando estás conmigo.