SU TERNURA GOLPEA LA PIEDRA, PERO NO A MÍ.

Desde mi norte incendiado lo miro
con su inocencia azul
de lirio
y su lunar abierto

	niebla en pleno páramo
	golpea la piedra su ternura, pero no a mí.

La guerra, el delirio, las vertientes y la danza
la muerte y los caballos galopantes,
el búho y los ponchos
los lugares que no amamos se van vaciando,
casi extintos.

Férreo, extremo, de belleza bruta, lunar nítido
azul, viajero permanente, portátil, 
oraciones, valles, y calles de calcio y piedra abandonada
viajes, hondananzas, todo ello se reduce a nada.

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