El sol de los pájaros

A ti, ni a la gota de río que llevas entre las piernas

nadie te olvida, aquí te llevamos todos

en mitad de la plaza, en donde giran

los ponchos, donde se ve nacer el arco de fósforos.

Haz crecido y crecido.

Como cuando nadie muere,

como cuando todos lloran, eres silueta sonora,

un café puro, alguien que canta, levadura instantánea.

Ahora, desde mi poesía

me veo hincar, como campana nutrida de soles

como ostias regadas y mutiladas en la boca, como

un incendio en la punta de la vela

tristísimo andar de corales.

Ahora me veo dentro de un rostro que

no puedo dejar, como una pintura en domingo,

como un hilo negro que se teje.

Yo ya no sé otra cosa,

ya mis llaves quietas y oxidadas en las cumbres

ya mi aliento de cemento se funde en las hileras

de un saco de dentaduras amarillas.

Vuelves, siempre vuelves, sobre el sol de los pájaros

Antonio

Niño, no me culpes a mí

por no saber los altares del amor

por incumplir la cita de las montañas.

Juro que te amé,

juro que te amo

pero mi poesía es frágil.

Me dio pavor el futuro,

el hambre, tu cuerpo en el mío

y el final.

Me dio miedo la selva

los mosquitos y los bancos: las estaciones

Me dio miedo el no saber amar

cambiar mi soledad por tu presencia.

Vacío por poema.

Revolución por pasividad.

Amigo, Antonio, mi niño

no me culpes a mí

es el mundo que viene herido.

Soy un cobarde

juro que quise ir a la estación final.

Juro que te ame

Juro que te amo

pero mi paciencia es frágil.

Cinco, arte poética

Si me duele y comienza la lluvia
si me duele, y comienza la tristeza
si me duele y se apaga el astro
si me duele y comienza el monzón de alas petrificadas
Si me duele, y se grita la noche.


Mezquinas fraguas e infancias y lunares.
Mezquinas esquinas y transeúntes y lunares
Mezquinas dardos y flechas y lunares.
Mezquinas adornos y aves y lunares
Mezquinas plantas y vegetales y lunares.
Mezquinas plazas, ponchos, espacios y lunares
Mezquinas almas, desnudos y atrios y lunares.
Mezquinas astros y lunares.
Mezquinas tu nombre, lo azul y lunares
Mezquinas chispas absolutas y lunares.
Mezquinas polen, abejas y lunares
Mezquinas pozos y nenúfares y lunares.
Mezquinas caricias, bocas terrestres y lunares.
Mezquinas tu agua y tu oscura piedra y lunares.
Mezquinas tus lunares. Tus lunares. Tus lunares.

¿El poeta sabe a dónde va?

Por eso ahora eres mi casa,
lejos de lo que fue mi casa.
Por eso ahora eres mi estancia,
lejos de lo que fue mi estancia.

Ahora eres esa circunstancia de verdad.

Mi soledad por veinticinco años,
mis libros casi desnudos, 
la piel por cobijo fuerte,
mis letras, mis indicios,
la escritura y los adornos de polvo,
mi niño, mi cuerpo,
mi sexo y mis volcanes.

Ahora eres eso que merezco habitar,
lejos de lo que fue mi habitad.
Ahora asiento y confío.

Ahora la vida ha sido re vivida.

Abierto

Rosas, pantanos, tierra cubierta, o racimos negros
capsulas que hablan o campanas que gimen y mienten
la edad, las aguas, las lentas estrellas o ser nosotros en todo,
¿Debo fingir o mentir que esto pasó?

Quizá que el astuto pedazo de cielo jamás nos cubrió
que las ciudades, el amor, las piedras o los huesos no nos consumieron
que quizá si sucumbimos a la muerte
o que estos meses no han sido de furia y desdén?

debo quitar esas raíces del cuerpo, mentir sobre la piragua
o los espejos, o las manos, o la carne incendiada en tu cama,
es mi poesía que roe aún todas las cosas de tu casa.

debo aceptar que la muerte se prolonga aún más
por los cuerpos que no la desean, pues no. Es mentira.
Todo tú, manantial inagotable e inimaginable.

Alguien que me ha olvidado

Un gran coral desnudo se planta
en el fondo del lago,
los días del viaje han comenzado
reflejos y horas detrás de las hondananzas,
el bosque ofrece un vestido de musgo a tu blancura
el río que desemboca peces en tu boca
la luz que mueve estrellas en tu pecho
tu cuerpo me tiene como una mirada
tu cuerpo me absorbe como un relámpago
tu cuerpo me ata al filo de las horas.

Sales y sonríes y en tu blancura de pájaro
salen las alas sin fondo.
Todo no tiene clavícula.

Belleza sin ayuda.
Belleza en el páramo y en la piedra
asimilas la distancia;
para tus ojos mis ojos
basta un parpadeo
todo se mueve cuando hay quién lo mueva;
para tus ojos mis ojos
el mundo canta en tu garganta
se esfuma la luz
se perfila el maíz a dar flor
se perfila la tierra a morir contenta
tu apareces en el traslas del tiempo
danzas en los espacios que va dejando la noche.

Eres el pétalo de clavel.
Eres la perla del día
			y del mar.

Te extraño, pero ¿Qué quieres?

...
Caracola marina, trozo de liquen
aún anidas por donde pienso, por donde quiero
Aún flotas en mi alma
como el agua triste en reposo.

Espirales de humo danzan en mis dientes
te estoy llamando, ¿me oyes?
Aún anda desierto mi cuerpo de sal marina
por este archipiélago que supone mi cuerpo.

Estoy amarrado al viento, a las huellas
en una comisura de sal voy;
Soy el desesperado hombre de la muralla.
el que lo perdió todo. El que todo lo tuvo.

Grazna aún debajo esa paloma aldeana
cuando nos despedimos por el horizonte del domingo.
Brota esta palabra última
por lo senderos que aun conserva mi alma

¡Llámame! ¡Di que existo! ¡Invéntame!

Sal de ese letargo profundo, de esa roca silenciosa
tibio está tu cuerpo al borde de esa noche
de esta noche, de todas las noches.

Mi sombra leve

Al que ames no habrá descanso ni alas
y el rumor profundo me traerá
y desde la tierra, al alba,
mi rostro no se acabará de lunares.

Si te vas rompes el musgo y las hojas
que cae a mi alma poco poblada;
te acechan la sed y el hambre
y en las calles donde el sol se aplana
verás caer en cualquier país la tarde.

Si te vas y mueres lejos, en esa tierra quemada,
llevarás mi mano de hombre cicatrizada
con el rumor de olas y barcos quebrándose;
te llegarán mis lágrimas
sintiendo como te saldrán tu alma y mi alma
y sentirás espolvorear mis huesos sobre la cara.

A mi madre

En el centro del aire
quiero ver disfrazado mi cuerpo.

Con mi corazón estrellado en las palmeras
he visto muchas cosas tristes;
quiero que ardan
las calles
mientras se fermenta el día.

Al dios que todo lo puede
pido que a mi madre se le inunde de rosas.

País abandonado

Son las venas de este mes. Es la espuma, la risa
las flores amarillas y lentas
los carros en plena carretera dormida.
Son las leyes de este mes, su sabor, tu lejanía
tu búsqueda de placer
de luciérnagas, de planetas, de mapas
y tu cabeza de luz,
de una costa sola se abre a la imaginación.

Es este mes que entro con mi tristeza en los mercados
entre sollozos
y se cierran las puertas al paso,
es mi voz que se aumenta como el mar mientras
llega la salida del sol;
y entonces se destrozan todas las tardes y te llamo
y me llamas y dulcemente
me arrodillo.

Te extraño, ¿pero qué quieres?.

Huésped de mi memoria y corazón quebradizo
vas por mis habitaciones con tu sabor a humo y vainilla.
Qué angustia pesada me roe
y por las fibras de la oscuridad la luz va gimiendo:
ventanas solas, aires desalmados,
almas crespas, musgo de todas las heridas y ríos
aquí estoy
escuchando secretos, ruinas y deidades de una sal adorada
y entras tú, en medio de la ruina,
y haces crecer en mí al hombre que puede, que avanza
pero no sé hasta dónde avanza sin ti
y así vas, por medio del perfume
a brindarme lentamente el espacio dondequiera.

Te extraño a los cinco días de mi dentadura rota.