Alguien que me ha olvidado

Un gran coral desnudo se planta
en el fondo del lago,
los días del viaje han comenzado
reflejos y horas detrás de las hondananzas,
el bosque ofrece un vestido de musgo a tu blancura
el río que desemboca peces en tu boca
la luz que mueve estrellas en tu pecho
tu cuerpo me tiene como una mirada
tu cuerpo me absorbe como un relámpago
tu cuerpo me ata al filo de las horas.

Sales y sonríes y en tu blancura de pájaro
salen las alas sin fondo.
Todo no tiene clavícula.

Belleza sin ayuda.
Belleza en el páramo y en la piedra
asimilas la distancia;
para tus ojos mis ojos
basta un parpadeo
todo se mueve cuando hay quién lo mueva;
para tus ojos mis ojos
el mundo canta en tu garganta
se esfuma la luz
se perfila el maíz a dar flor
se perfila la tierra a morir contenta
tu apareces en el traslas del tiempo
danzas en los espacios que va dejando la noche.

Eres el pétalo de clavel.
Eres la perla del día
			y del mar.

Te extraño, pero ¿Qué quieres?

...
Caracola marina, trozo de liquen
aún anidas por donde pienso, por donde quiero
Aún flotas en mi alma
como el agua triste en reposo.

Espirales de humo danzan en mis dientes
te estoy llamando, ¿me oyes?
Aún anda desierto mi cuerpo de sal marina
por este archipiélago que supone mi cuerpo.

Estoy amarrado al viento, a las huellas
en una comisura de sal voy;
Soy el desesperado hombre de la muralla.
el que lo perdió todo. El que todo lo tuvo.

Grazna aún debajo esa paloma aldeana
cuando nos despedimos por el horizonte del domingo.
Brota esta palabra última
por lo senderos que aun conserva mi alma

¡Llámame! ¡Di que existo! ¡Invéntame!

Sal de ese letargo profundo, de esa roca silenciosa
tibio está tu cuerpo al borde de esa noche
de esta noche, de todas las noches.

Mi sombra leve

Al que ames no habrá descanso ni alas
y el rumor profundo me traerá
y desde la tierra, al alba,
mi rostro no se acabará de lunares.

Si te vas rompes el musgo y las hojas
que cae a mi alma poco poblada;
te acechan la sed y el hambre
y en las calles donde el sol se aplana
verás caer en cualquier país la tarde.

Si te vas y mueres lejos, en esa tierra quemada,
llevarás mi mano de hombre cicatrizada
con el rumor de olas y barcos quebrándose;
te llegarán mis lágrimas
sintiendo como te saldrán tu alma y mi alma
y sentirás espolvorear mis huesos sobre la cara.

A mi madre

En el centro del aire
quiero ver disfrazado mi cuerpo.

Con mi corazón estrellado en las palmeras
he visto muchas cosas tristes;
quiero que ardan
las calles
mientras se fermenta el día.

Al dios que todo lo puede
pido que a mi madre se le inunde de rosas.

País abandonado

Son las venas de este mes. Es la espuma, la risa
las flores amarillas y lentas
los carros en plena carretera dormida.
Son las leyes de este mes, su sabor, tu lejanía
tu búsqueda de placer
de luciérnagas, de planetas, de mapas
y tu cabeza de luz,
de una costa sola se abre a la imaginación.

Es este mes que entro con mi tristeza en los mercados
entre sollozos
y se cierran las puertas al paso,
es mi voz que se aumenta como el mar mientras
llega la salida del sol;
y entonces se destrozan todas las tardes y te llamo
y me llamas y dulcemente
me arrodillo.

Te extraño, ¿pero qué quieres?.

Huésped de mi memoria y corazón quebradizo
vas por mis habitaciones con tu sabor a humo y vainilla.
Qué angustia pesada me roe
y por las fibras de la oscuridad la luz va gimiendo:
ventanas solas, aires desalmados,
almas crespas, musgo de todas las heridas y ríos
aquí estoy
escuchando secretos, ruinas y deidades de una sal adorada
y entras tú, en medio de la ruina,
y haces crecer en mí al hombre que puede, que avanza
pero no sé hasta dónde avanza sin ti
y así vas, por medio del perfume
a brindarme lentamente el espacio dondequiera.

Te extraño a los cinco días de mi dentadura rota.

Reconocimiento

Hola amigos y compañeros.

Me es grato informarles que he sido seleccionado uno de los ganadores del Concurso de Relatos, Poesía y Fotografía “Espejismos: Fragmentos del Exilio” España 2021 con mi poema «La soledad de la sal»

Gracias a quiénes siguen confiando en mí

La ciudad mía

Antes del ser y del estar,
antes de las calles y los pupitres, 
antes de los bosques y las gradas,
antes de las musitadas combinaciones del yo.
Antes de mí, eras tú:
espacio indivisible de doce pieles,
un hombre casi con el alma sobresalida de la tierra,
unos días en tus cabellos
y unos ojos saltones y de luto
por las cornisas y, en las comisuras
de tus labios el éxtasis y
el alma de los cerezos.

Ahora vienes y me conviertes en granjero,
en un discípulo del trigo y del maíz,
en el ciudadano más anciano
llegando furioso al tiempo de la vida.

Ahora vienes como semilla,
surcando y hablando de la arcilla,
de lo que soy y de lo que busco,
de lo que eres y de lo que conviertes.

Vienes solo, pero
con las todas las cosas por suceder,
con las tizas en camino de extinción y 
con la danza debajo de tu pecho.

Mi primera ausencia

Si mi cuerpo fuese lira, espanto o cosa
quizá silencio,
y crezca dentro de mí el amor, o el luto;
si fuese quebrada o insignia, o vuelo
simplemente vuelo
con su boca inmensa partirme por la mitad,
y sus ojos abiertos a la noche,
si fuese el silencio, si fuese la muerte…

¿Dónde ir? con esta carga iluminada y desecha
con estos parpados que más bien son siluetas feísimas.
¿Dónde poner mi tristeza que ahora camina sola
y me lleva de la mano al puente de mi infancia?

Una voz casi natural me replica:
- coloque aquí su tristeza y hágase nido
aprende a volar sobre pantanos y ciruelas
que ya tu silueta está invadida de claveles y rosas.

Vuela que la voz del olvido está cerca, 
y está replicando la sonrisa de un naufragio.

Rumor de alas

Llegas de nuevo, paloma aldeana
todo es clarodulce; nubes pasmadas
lluvia y
corazón en Mayo.

Ola dulce, inmóvil, ribera, fuente
tus pupilas son pájaros.
Hoy te vi danzar
   - el aire creció -

Hoy te vi con tu saco rojo;
naufrago hacia el infinito.

Rumor de olas quebrándose
atrás de las calles siempre otras calles.

Yo me voy haciendo un vago signo
sobre el agua,
huyes con mi cuerpo
y yo a medio camino con mi antorcha
de palabras

Yo desnudo río 
arrojo sobre el tiempo tu lunar.

Atrás, tierra o cielo
Atrás, tu saco rojo

Elegía

Me vi una tarde y una mañana y otra tarde y otra tarde
y un mediodía y una tarde y otra y otra;
porque el cuerpo como el mar
envejece a medida que lo observan
porque como ciudadano del mundo estoy despierto.