Si es cuestión de confesar

Llanto por llanto clavado en el suelo
es un caos mi humor diario
[replique infinito de algo que se cose]

ondas enclavadas en el mar salino,
¿alguna fuente llorará?
tu cuerpo, fuerte opacidad que azota
con su mano derecha sobre mi hombro desnudo

de verde y tibio espesor
la mano que se alza en rebelión
contra un mundo de años comido.

[...]


La presencia de los días
martilla con toda intensidad mi hueso desnudo
cavidades y proximidades
desde el centro del hilo.
Rey de los olores opacos
ante la clarividencia de una pupila
nunca antes conocida…

las brisas y las horas
pasan sonando y retornan en picada
hacia la boca soleada.

Reír [reír] en la noche
para tratar de detener su devenir

La dolce vita

Desaparecimos bajo el frío
¿con cuánto barco se desplaza el mar?

A la deriva
movidos por una quietud implacable,
con esfuerzo la vida se va anclando a la memoria
bajo un río caudaloso,
todo es viento, del norte y del sur,
señores del jazmín. Poesías de aquí y de allá.
Ya no hay bordes en las pupilas. Solo ojos.

Llegamos a la costa
lejos de ese mar que aprisiona y que encanta,
qué bellas formas se dan en el agua cuando uno escribe.
Qué bella palabra me
suena dentro y se me escribe fuera.

Porque quería que tu supieras

...

es diferente
se cuela por la pared interior de mi casa
un aroma como de nieve
o de juego de niños,

se respira quizá un instante de compasión

es el humo blanco
que parte desde mis padres hacia mí
y así ocupa el lugar interior de la casa y,
de paso,
ocupa el lugar interior de mí.

que raro me siento
que raro me pienso

llega el día de descubrir quién soy.
Respiro hondo como quien quiere adivinar
el nombre de una ventana,
respiro porque soy ese hombre atrapado
en la ventana

Himno a la alegría

A veces cuando en la noche tranquila
se enciende una mano y se torna la tierra
a los labios, como una ceniza delicada
y una mariposa lila, así se va la alegría.

se trenza el cabello feliz cuando ve el sol ponerse
y las mujeres nacen desde una guitarra
una fría tarde, una sombra se arranca y se ve 
partir a la cueva de los nísperos, así se ve la alegría.

Como juncos o nogales abiertos, la sed comienza
y se abre paso tranquila por la tarde que ya es tarde.
Se abre la rosa así sin veneno
su mirada no lastima, así se ve la alegría.

El sol anuncia el nacimiento de las sombras
y las cortezas casi verdes se enzarzan delicadas
la tristeza no cabe aquí, se hunde
y la humedad sube y sube, así sube la alegría.

Cuando en tu mano blanca me haces nacer
mi alma reposa sola, no se ve partir, se goza.
A veces cruzo el espacio sobre otros lugares
y empiezo a cantar, este es el himno a la alegría.

crece el musgo y las hiedras en los templos y
así con ambos codos sobre la ventana se ve morir el humo,
en los valles soy tu pasaje rubio
y una perla nace en la piel, así es la alegría.

cuando en los espacios la noche se cierra
ahí estabas tú ordenando fuego en la estancia
y los dos nos miramos y sonreíamos,
mientras afuera todo se agita, y se iza
el viento suspira y canta, así es la alegría.

¡poeta! las sombras cantan y se envuelven
aún tiemblo del primer encuentro
tiemblo por si llegara el día del sueño dorado
del contacto furtivo, de la alegría en el centro

por ti, poeta, los primero pasos
el rescate hacia la garganta para que siga cantando.
La señora del ruido y el señor de los besos,
por las ramas así llega la alegría y se habla

desnudos, fueron así mis besos y tus besos
un cuerpo de veinte años,
que dulces noches, aún se recuerda todavía.
Poeta, por ti los pasos. Así es la alegría.

Tu boca que siendo mía era del mundo,
en una noche llena de alas y música, así sería
una noche agitada hasta el fondo de las pieles
tu secreto aún florece como este himno a la alegría

por los cielos azulosos, e infinitos se juntaban
tu sombra y mi sombra sobre las arenas alegres
y eran una sola, y eran una sola
contra el mundo, así se levanta la alegría

y en la noche se sentía el tiempo y la distancia
por ese murmullo negro alzando en el cielo
la voz alcanza el cuerpo y se levanta
no hay frío si se canta, la alegría está despierta

la nota esbelta y ágil se nutre en la boca mía
en la noche tibia de la primera primavera, llena de perfume
de una música de alas, de un archipiélago verde
oh, voz en la sombra, canta, canta, así a la alegría

un álamo cantor, un fino aroma en mi voz
el mundo enloqueció por la ribera,
mi melena de ardientes campanas flotan de día
como el mar a una mujer sopla,
así se canta el himno a la alegría

mi corazón habitado por ruiseñores goza
mi vida va hacia el milagro y la señal de los cirios,
va hacia la vida, otro milagro que volvía
hacia el fondo, así se canta el himno a la alegría

 

Arrullo Arrullar

La herida surge y surge, hasta ahora cabe en un sueño.
Tengo un ojo calcinado y el otro despierto
¿Qué lluvia se posó en los laureles? ¿Por qué ahora no puedo verte?

Estoy en un estado constante de amenazar a los días
de lastimar a un nido y no verlo nacer. Solo reír.
Voy recogiendo dudas y sembrando en otros cuerpos
ideas lastimeras y astillas de soledades contempladas.

Para que nada nos espante, que nada nos haga daño.
animales perfumados.
Para que todas las horas hablen de nosotros,
seamos pájaro y
canto y
ceniza y
hablemos en voz alta y
gritemos de histeria.

Seamos silencio, ese que amenaza hasta la estancia de dios.

Para ser más amantes vayamos lento
descubramos los números y su edad.
Hablemos del ruido y del silencio.

Golpeemos al día y a su memoria.
No aceleremos los cestos y seamos pintura del sueño,
inventemos una palabra parecida al suicidio.

Procuremos no olvidarnos
cuando el olvido venga. /deuda pendiente/.

Me siento tan débil como un animal imaginario.

A ti o al mar

DEDICATORIA PARA ESAS PERSONAS «FUGACES»
QUE LAS VEMOS UNA SOLA VEZ EN LA VIDA

A la persona del bus

¡Ah! si pudiera convertirme en noche
y acompañarte a desnudar los granos;
ser una llave que quede volando
y que se abran ciertas dudas y ciertos árboles.

En esta noche de pulmones extraños;
de pasajeros de alguna muralla;
de caminos y andamios sobre el mundo;
de mi propia voluntad y silencio.

A ti, persona del bus; azul cruzas sobre los cuerpos
que se sumergen en sueños donde yo pongo los ojos.

De pelo negro pidiendo el viento del mar.
Ruido nocturno nacido en todos los sitios.

No te conozco, quisiera entrar en el cielo,
de pie ahí, en los astros, encima de las flores y volcanes.

Hay suspiros de la buena tristeza;
hoy, entre navíos y estrellas, quisiera acordarme tu nombre.

Alguien me espera


He transitado por mi memoria, por los recovecos
del tiempo y del polvo. Recorrí las calles que circundan mis labios
y en ellos vi tantas rosas desgastadas y en tono marrón.
Vi mi mañana a través de unos ojos hermosos

                                                  perfumados.


¿Era yo?. Fui yo. Soy yo.
He vivido en tantos lugares lúgubres de mi mente, 
en rincones insospechados de mi memoria, 
en las lejanías de lo oscuro, de paisajes largos y tremendos, 
en las lejanías igual de la muerte y del amor y 
lo único que me ha salido de tan arrollador viaje es que:


He conocido la complejidad de mi realidad, 
las siluetas y formas que puede adoptar mi apellido y 
el sinnúmero de maneras de llamarte amor, entre ellos la palabra AZUL.

Esto sin voz y he decidido tomar distancia de mí mismo
de lo que pienso y de cómo actúo, ser un tipo normal.
Las andanzas de mi memoria dan saltos gigantes.
Ribetes en torno a las caricias y a los modales de una vida perfecta.

Mi memoria pequeña como un niño dormido se levanta al alba, 
en azul, adornado el cuerpo de flores amarillas 
con caricias de madera
y un tono agradable a melancolía que brota de esos labios

                                                           / mis labios / 

y mi cuerpo que ha vivido fuera de la ciudad
casi dos meses después de que se anunciara la guerra
y el caudal de los ríos y las onzas de plata.


La vida misma y la pobreza que en esos días extraños 
se posaba en mí 
me hacían regresar a ver a mis manos
y dientes
y ya se disparaba en mí la labor de una vida larga;
también me deparaba momentos amargos de miseria y calma,
de recorrer el mundo solo hasta la calle de enfrente
y gritar solo hasta donde la garganta me permita.


Influir en las voces sencillas y torpes de mi cabeza
y en mis manos
iniciadas e incendiadas debajo de mis pantalones
y en esas enormes ganas de explotar y escribir de las tallas,
de las fiestas, 
de los arrebolares, 
de los corpiños
de las ilusiones y 
de los apegos 
de la lluvia, 
de los alambres.

Ser un poeta casi al borde de las veredas
y tan cercano a ellas que las describía como si de eso
dependiera el mundo.

Solo deseo un murmullo rápido de huesos y 
establecer un negocio de cuerpo presente y que las líneas
un tanto básicas abarquen al mundo y me devuelvan desnudo.

Tengo solo una función: Ir en búsqueda de las regiones,
de los archipiélagos, de las plegarias y 
acecharlas hasta convertirlas en oraciones y realidades. 
Verdades absolutas.

Oculto y airado

...

Aquella luz era mía
aquella sororidad era mía,
aquel templo el de los pájaros y
aquel refugio el de mi alma.


Todo en la isla era silencio, algo contrapuesto
irreductible...
yo era presa de los mimos de la noche
y de sus estrellas,
iba en camino hacia el hemisferio sur,
¿de donde vine? y ¿a dónde voy?
es la imagen de la fugacidad...

detenido en el plan de la corteza
allá lejos, en los arbustos de humo y piel,
allá lejos mi alma pernoctará.

Allá donde esa luz seguirá siendo mía
esa sororidad seguirá siendo mía
esos pájaros seguirán siendo los míos
pero ya no mi alma.

Mi alma se la han robado los policías.

Encerrado

...

Hoy es sábado.
Hay un sonido de semanas un tanto muertas.

Hoy es sábado
en todos los vientos que se acercan al barco.

Hoy es sábado
por todos los pétalos de las cobijas.

El día reconoce mis hijos
y mis salidas, / las inventa /.
Tu juegas con tus horas,
no me llamas,
ni escribes,
yo estoy muriendo con las palomas de la plaza.

Hoy la vida es fría
y por períodos
pido un beso escondido entre el vaho.

Hoy pido el don de verte y de reclamarte,
hoy adorno tu cuerpo con migajas de pan.

Hoy es sábado,
llámame,
¡claro que podemos jugar!

Ofrezco paz.
Tu solo ven que no hay nadie entre las rocas.

Dedicatoria AZ

A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva
 
Soy niño.
 
Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.
 
El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.
 
El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.
 
El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.
 
La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.
 
Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,
 
más allá de los horizontes del olvido