Abierto

Rosas, pantanos, tierra cubierta, o racimos negros
capsulas que hablan o campanas que gimen y mienten
la edad, las aguas, las lentas estrellas o ser nosotros en todo,
¿Debo fingir o mentir que esto pasó?

Quizá que el astuto pedazo de cielo jamás nos cubrió
que las ciudades, el amor, las piedras o los huesos no nos consumieron
que quizá si sucumbimos a la muerte
o que estos meses no han sido de furia y desdén?

debo quitar esas raíces del cuerpo, mentir sobre la piragua
o los espejos, o las manos, o la carne incendiada en tu cama,
es mi poesía que roe aún todas las cosas de tu casa.

debo aceptar que la muerte se prolonga aún más
por los cuerpos que no la desean, pues no. Es mentira.
Todo tú, manantial inagotable e inimaginable.

Vengo volviendo

Era la noche ordenada cuando regresé.
Cada espacio silencioso era contra el azul que canta;
la luz era ya un pesado fruto
que se colgaba de mis manos y ojos y párpados,
el breve espectro me decía “poesía”
¿vas a mentir sobre tu vida?
¿es ya el final de la noche, día, piedra y páramo?

Mira el mundo, la palabra adornada
aún hay barcos todavía y playas y ruedas y luces.
y me respondía, si
aún hay esa llamita azul sobre mis párpados.

Y mi sombra vestida camina
y esa luz recién sembrada va de pie en la chacra,
aún no se opacan tus - mis - ojos.

Una vez oí “son hermosos tus ojos” 
y me sonrojé al borde de la sangre y del mirlo,
quizá después oí: “me gustan tus labios”
y palomas y nardos salieron flotantes de mis uñas;
el crimen no hace al testigo,
pero la poesía hace ciertos dioses.

Regreso donde se suspenden las hojas y las calles
arden como palomas aldeanas;
regreso a la orquídea del vicio, al lote de nubes
a ensanchar mi colección de sílabas;
a vestir a este país estéril de corceles del sueño.

Abordo mi regreso así:
La noche la tarde una y otra vez y otra noche y otra tarde,
la noche de alardes dormidos en los campos ebrios.
Tú – yo -  tenemos los ojos callados de espuma
frente a un mar sin barcos y sin monedas.
Tus ojos de cosecha
tus ojos de bosque ensanchado
tus ojos de himno
tú, campesino del mundo
tú, señor de la intemperie
tú, espolvorea harina sobre todas las cosas y devuelve
a los espejos su apellido.
Tú que gritas. ve y  devuelve su crin, soy yo.
Tú al que gritas en el espejo, soy yo. Ese tú ahora soy yo.

Escribo como animal del aire
como espasmo de color de un ángel del este
mi voz que enciende el día
bebo ojos de luna
bebo jarrones de musgo
habito el día lanzado en armas
la noche, tan apacible desde que no estás,
se arrima a mis oídos y aprieta las encinas del mundo.

Yo, allá del otro lado
del lado de la cicatriz pegada al muro y a la ventana
desde las islas prometidas, quebrado en hojas
mecido como la lluvia en el mes de Abril
desgranando tréboles australes
voy arrimándome a la vida.

Hay ciertas palabras que se me escapan como pájaros
y saludan a ciertos condenados.
Aprieto el paso, salgo como una sustancia oscura
doblo la esquina donde el tiempo ya no se desvanece
y me animo a golpear el miedo 
con mis instantes violentos.

Regreso a la memoria
donde todo ya fue creado.
Y en este momento tempranamente absurdo
escribo con total violencia
que se me hace efímera la noche.





A tres líneas

Porque he estado contigo doce minutos
y siento que ha sido
toda una vida entregada al olvido.

Hoy. Hoy te amo
pero ayer, ayer fue distinto,
nunca había sentido el dolor de tanta gente cedida al distracción.

En esta dulce arena,
de los besos incrustados;
amor mío, dame ya el final para irme a la caza de las espinas.


Al menos mi felicidad no existe.
Soy un ser de letras cortas y sangre en tinta.
Tus ojos y mis ojos es la soledad que preexiste.


Búscame entre la multitud,
entre los espejos de la memoria
y entre las manos de los poetas.


Allá a lo lejos un pensamiento te encuentra, me repite tu nombre.
Y si estás. Y eres.
Pero ya una mano ha tocado mi hombro y no eres tú.


Vuelvo a escribir poesía
y espero esta vez no despedazarme
No podré sobrevivir a dos muertes.


Porque quería que tu supieras

...

es diferente
se cuela por la pared interior de mi casa
un aroma como de nieve
o de juego de niños,

se respira quizá un instante de compasión

es el humo blanco
que parte desde mis padres hacia mí
y así ocupa el lugar interior de la casa y,
de paso,
ocupa el lugar interior de mí.

que raro me siento
que raro me pienso

llega el día de descubrir quién soy.
Respiro hondo como quien quiere adivinar
el nombre de una ventana,
respiro porque soy ese hombre atrapado
en la ventana

Has ganado la batalla desde siempre

A tu nacimiento

¿Y del capitán que surca el este, quien ha sido nominado?

Su voluntad bastó para ser firme;
para posar y nombrar todas las cosas.

De esa pasión se nutre
lo bravío de algunas noches. Tus noches.

Sobre el mundo pasas rodando.
Háblale. Háblame.

Con las manos zurcidas al espacio terrestre
postrados los arcos, sedientos.
¿Dime, a quién ha acusado la noche?

Siendo la jaula amarrada al pájaro,
confía,
nadie se parecerá a ti, ni al viento ni el lenguaje nos servirá,
boca que doma los animales muertos.

No hay quién de ti, por ti, se haya muerto.
Hay quién de ti, por ti, se haya vivido.

¿No oyes el grito, la boca del céfiro arrugar tu pecho cuál niño silente?

Has ganado la batalla desde siempre.