Abierto

Rosas, pantanos, tierra cubierta, o racimos negros
capsulas que hablan o campanas que gimen y mienten
la edad, las aguas, las lentas estrellas o ser nosotros en todo,
¿Debo fingir o mentir que esto pasó?

Quizá que el astuto pedazo de cielo jamás nos cubrió
que las ciudades, el amor, las piedras o los huesos no nos consumieron
que quizá si sucumbimos a la muerte
o que estos meses no han sido de furia y desdén?

debo quitar esas raíces del cuerpo, mentir sobre la piragua
o los espejos, o las manos, o la carne incendiada en tu cama,
es mi poesía que roe aún todas las cosas de tu casa.

debo aceptar que la muerte se prolonga aún más
por los cuerpos que no la desean, pues no. Es mentira.
Todo tú, manantial inagotable e inimaginable.

Sed

Recibe esa palabra mía que hay en mí
recibe este rostro mendigo
revive el amor que te doy
y recibe lo que de mí, eres tú
el cuerpo
al igual que la palabra se abre al rocío,
la palabra no lejos de la noche
se abre al amor:
mi cuerpo risueño se abre
delicado
a la urgencia de la sombra.

Sobremorir

...

Aquella tarde imaginé mi vida:
dulce y evocada hacia un milagro,
disparado en la razón por una gota de polvo.
Me detuve en seco, tenía miedo. Lloré
y estuve a punto de escribir, de escribirme.
Respire por ti, por los lados, por los costados
por las gradas y la gente,
por lo dura que está la vida.
Pensé en el vuelo, y morí, bueno, viví un poco más.
Quería solo contarte que estoy muerto,
quizá más muerto que tú, que ella,
casi herido por las golondrinas, casi al borde
del nacimiento de los nísperos,
agotado por las letras, los párrafos, el agua.
Me he quitado la vida y por mí circundan
las gotas de las fisuras.

Quemado, iletrado, sin huellas, así vivo, así muero,
a ratos, a cuentagotas, con pus y astillas.

Así vivo, sin llaves,
intentando, apenas, seguir, sobrevivir, o sobremorir.

Dedicatoria AZ

A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva
 
Soy niño.
 
Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.
 
El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.
 
El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.
 
El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.
 
La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.
 
Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,
 
más allá de los horizontes del olvido

PRIMER GRITO FÚNEBRE

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación.

Así la vida en sintonía.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Tus finos hilos sonrientes
desde tu boca de maní, de cerezo.
Tu boca llena de vino
como un potente grito caído.
Nido de rosas. Nido de plumas blancas;
sonríes.

Cuna de astros, llanto de caballos;
sonríes

Tu boca espesa, el agua dormida, amapolas de aire;
sonríes.

Todo es claro. Todo es espacio.
Danza la humedad en lo dientes.

Un grito desnudo en tu interior amenaza las olas.

Nada soy yo, 
nada es mi cuerpo.
Cuerpo inerte. Cicatriz en el desierto.

 

 

 

 

 

Divinidad de agua

 

Así estaba a la altura de mis años con un murmullo de huesos y un hueco en la cabeza, atibo, y dejando que  la luz y los lirios intenten musitar en mi oído:

“soy materia, armonioso. intento llamar a la muerte. “

Pude verme de lejos y decir que era fiebre esa noche juntos, quizá un éxtasis procedente de todos los sexos, me apetecía el sueño, la posibilidad, la evidencia,  el claro oscuro de la convulsa carcajada.

Y tú en alguna parte, distinto, descendías cada noche a determinar mis días e infancias.

Y yo ya no necesitaba de la ridícula vida. Y entonces lo supe; estábamos en un estado de guerra, de fiebre desenfrenada, creciente, como tantas noches de los viernes. Ahora estoy dislocado. Mis ojos transitan las inmensas costuras de una reiterada pesadilla.

Y ahí va la vida que, a comienzos de la noche, se filtrar por las finas hebras mías. Mientras yo ha decido consumir  mi sombra, del otro lado, y pensar en las gentes y sus espaldas. Convertir todo en un incendio. Atestiguar mi existencia, mirando sus ojos.

 

¡Me sorprendiste ebrio!

 

Caballero de la noche

Divinidad de agua al pensarte, reponerse.

In Individuo

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Desprendido,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

Esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
Aun con todas las posibilidades
de lluvia,

Atento estoy de recoger tu cielo,

atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.

Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro

Mi pasión así desciende, se le ve bajar
con olor a ciprés, casi las seis
la brisa de los días
en su aquí y allá,
la sombra que gira y gira, y llueve sobre mí.
Y ahora mi pasión te llama
desciende sobre el helecho de tus pies
y en tu corazón de flor pálida
mi coraza azota,
se desprende de mí
una larga hilera de esquinas rotas
y chimeneas en pasajes largos
y en la esquina,
y en la calle
y ahí, al lado izquierdo de tu nombre
un caballo sopla

es mi pasión que desciende
cuando despiertan las farolas.

Llamados necesarios

I
 
Mi cuerpo vencido por soles y lluvia
esperaba la delicada cornisa
de un cuerpo abierto
y el suave beso de la tierra a los lirios
por el entramado tallo de todas las plantas.
 
 
II
 
Mi boca no esperaba un encuentro.
Mis manos no esperaban hacerse río.
si embargo,
todo fue caricias,
claveles abiertos a la frescura de la noche.
 
 
III
 
que suave el rodar de tu boca
en la carretera circundante alrededor de mi cabeza
 
 
IV
 
suave el terciopelo de una aguja húmeda
en mis manos.

Aunque no te hayas ido

Nido de rosas, nido de plumas blancas:
sonríes.
Cuna de astros, llanto de los caballos:
sonríes.
Tu boca espesa: el agua dormida; amapolas de aire:
sonríes.

Todo es claro, todo es espacio;
danza la humedad en los dientes.
Un grito desnudo vuela en tu interior, amenaza las olas.

Nada soy yo.
Nada es mi cuerpo,
cuerpo inerte, cicatriz en el desierto.
Mar sin olas y sin plata.
Cuerpo sin alegrías y sin compás.
Todo es tu sonrisa: claradulce:
canto de pájaro, viento.
El aura siempre es la sonrisa, semilla de la tierra
y en la tierra se hace carne y toma tu forma
y tomando tu forma voy escribiendo
y así escribiendo, empieza el viaje.

Aún hay tiempo de ser, de viajar en el lomo del día..

Antes de morir, seamos.
Hoy recuerdo al primer amor y una puerta de madera
no hay olvido para ello.
Aunque no se haya ido,
aunque se esconda en los árboles gigantescos,
aunque el daño se haya consumado,
aunque no se dio ya almas, ni óleos,
ni cuadros, ni estacas pintadas, ni conventos.
no hay olvido para ello;
pero escucho, de repente, el fulgor de un suspiro…
es un fuego artificial
que me llama, y me necesita, me añora.

Es un nuevo recuerdo, es un nuevo pétalo de clavel…