¿El poeta sabe a dónde va?

Por eso ahora eres mi casa,
lejos de lo que fue mi casa.
Por eso ahora eres mi estancia,
lejos de lo que fue mi estancia.

Ahora eres esa circunstancia de verdad.

Mi soledad por veinticinco años,
mis libros casi desnudos, 
la piel por cobijo fuerte,
mis letras, mis indicios,
la escritura y los adornos de polvo,
mi niño, mi cuerpo,
mi sexo y mis volcanes.

Ahora eres eso que merezco habitar,
lejos de lo que fue mi habitad.
Ahora asiento y confío.

Ahora la vida ha sido re vivida.

En el sur, donde sucumben las flores

Cuerpo sin mar y sin olas, blancas playas
te pareces a la arena en total quietud y entrega.
Mi mano de actitud salvaje te busca
y hace lanzar los meses para el encuentro.

Caminé lento, fui desarraigado, apátrido
de mi huían las estaciones, la noche me ofende.
Para sobrellevar me forjé con tu aroma,
te recibí como la flecha al arco.

Comienza la herida y salgo a recogerte por la luz
te amo, cuerpo de maíz, de trigo, de leche ávida
las alegrías de tu pelo, ¡tú sombra suave cobijándote!
la saliva como néctar, ¡tú vientre entre espumas y rosas!

Cuerpo saliente a la luz, existiré en tu idioma.
Mi sed, mi agotable cotidianidad, mi infancia suelta.
Pueblo blanco dormido entre mis dientes, te amo.
Sales como domado por mi esperma y el dolor infinito.

Pálido, sin desliz, asomado a la luz vegetal
quieto, un país descubierto en medio del perfume
así va tu aliento atento a las hondas del día,
en torno a ti, giran los claveles y crisantemos.

Mi sombra leve

Al que ames no habrá descanso ni alas
y el rumor profundo me traerá
y desde la tierra, al alba,
mi rostro no se acabará de lunares.

Si te vas rompes el musgo y las hojas
que cae a mi alma poco poblada;
te acechan la sed y el hambre
y en las calles donde el sol se aplana
verás caer en cualquier país la tarde.

Si te vas y mueres lejos, en esa tierra quemada,
llevarás mi mano de hombre cicatrizada
con el rumor de olas y barcos quebrándose;
te llegarán mis lágrimas
sintiendo como te saldrán tu alma y mi alma
y sentirás espolvorear mis huesos sobre la cara.

A mi madre

En el centro del aire
quiero ver disfrazado mi cuerpo.

Con mi corazón estrellado en las palmeras
he visto muchas cosas tristes;
quiero que ardan
las calles
mientras se fermenta el día.

Al dios que todo lo puede
pido que a mi madre se le inunde de rosas.

Reconocimiento

Hola amigos y compañeros.

Me es grato informarles que he sido seleccionado uno de los ganadores del Concurso de Relatos, Poesía y Fotografía “Espejismos: Fragmentos del Exilio” España 2021 con mi poema «La soledad de la sal»

Gracias a quiénes siguen confiando en mí

En esa extensión al sur

Si tan solo te extendieras hasta mi alma, allí

donde no me tocas, donde no te apareces, pero

donde siempre te escribo, ahí donde

me nacen estrellas, dientes y humedades: bocas.

Si tan solo decidieras posar tu boca en mi cuerpo suave

extendiendo tu calor como una ocarina,

como una danza de flechas,

como un puño que no golpea,

si allá en esa extensión del sur, gritando

te extendieras hasta mí, cerca de la cordillera,

escucharía el llanto o las ramas y el fuego triste:

las amapolas verdes;

si allá, quemando el cielo se esfuman las hojas

y la primavera emerge del incendio,

si allá en el inicio de todo te quedas, me haría

arena y mar, unas ruedas gigantes del sueño.

Si solamente allá en el sur de mi alma estás

como artificios del viento

como la boca de un mendigo

como el pan regado y molido

como río

como escarcha…

El lado opuesto de la noche

Yo hablo de las dudas,
tú anuncias mi sed. Te desvistes como la noche.

He sido botado a la deriva
lanzado al espacio desde los confines
un puro errar, una constante tristeza y tos
un alarido de sangre en la noche de los fantasmas.

Cuando comienza el ruido tosco
ahí me levanto y edifico mi nombre.
A veces empezaba a creer que era feliz.

Por la puerta abierta entra
el olor a la noche, suave aroma floral
y la sombra de mis actos ya no son agradables, giran al otro lado.

Dormiré un poco,
cada detalle me aburre. Cada campo está solo
y es ahí que mi corazón aúlla enloquecido de que sea verdad.

Hay algo en mí que parece soñador,
pero se esfuma bruscamente.

Alguien me espera


He transitado por mi memoria, por los recovecos
del tiempo y del polvo. Recorrí las calles que circundan mis labios
y en ellos vi tantas rosas desgastadas y en tono marrón.
Vi mi mañana a través de unos ojos hermosos

                                                  perfumados.


¿Era yo?. Fui yo. Soy yo.
He vivido en tantos lugares lúgubres de mi mente, 
en rincones insospechados de mi memoria, 
en las lejanías de lo oscuro, de paisajes largos y tremendos, 
en las lejanías igual de la muerte y del amor y 
lo único que me ha salido de tan arrollador viaje es que:


He conocido la complejidad de mi realidad, 
las siluetas y formas que puede adoptar mi apellido y 
el sinnúmero de maneras de llamarte amor, entre ellos la palabra AZUL.

Esto sin voz y he decidido tomar distancia de mí mismo
de lo que pienso y de cómo actúo, ser un tipo normal.
Las andanzas de mi memoria dan saltos gigantes.
Ribetes en torno a las caricias y a los modales de una vida perfecta.

Mi memoria pequeña como un niño dormido se levanta al alba, 
en azul, adornado el cuerpo de flores amarillas 
con caricias de madera
y un tono agradable a melancolía que brota de esos labios

                                                           / mis labios / 

y mi cuerpo que ha vivido fuera de la ciudad
casi dos meses después de que se anunciara la guerra
y el caudal de los ríos y las onzas de plata.


La vida misma y la pobreza que en esos días extraños 
se posaba en mí 
me hacían regresar a ver a mis manos
y dientes
y ya se disparaba en mí la labor de una vida larga;
también me deparaba momentos amargos de miseria y calma,
de recorrer el mundo solo hasta la calle de enfrente
y gritar solo hasta donde la garganta me permita.


Influir en las voces sencillas y torpes de mi cabeza
y en mis manos
iniciadas e incendiadas debajo de mis pantalones
y en esas enormes ganas de explotar y escribir de las tallas,
de las fiestas, 
de los arrebolares, 
de los corpiños
de las ilusiones y 
de los apegos 
de la lluvia, 
de los alambres.

Ser un poeta casi al borde de las veredas
y tan cercano a ellas que las describía como si de eso
dependiera el mundo.

Solo deseo un murmullo rápido de huesos y 
establecer un negocio de cuerpo presente y que las líneas
un tanto básicas abarquen al mundo y me devuelvan desnudo.

Tengo solo una función: Ir en búsqueda de las regiones,
de los archipiélagos, de las plegarias y 
acecharlas hasta convertirlas en oraciones y realidades. 
Verdades absolutas.

Dedicatoria AZ

A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva
 
Soy niño.
 
Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.
 
El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.
 
El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.
 
El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.
 
La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.
 
Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,
 
más allá de los horizontes del olvido

Extranjero

Soy un paisaje vencido. Traigo el color de un atardecer de una pintura acabada, al parecer, he nacido… ¿He nacido? No lo sé, escribo, sueño y pienso, quizá si, aunque eso no significa nada, quizá solo existo. Eso es. Existo. Pero no vivo Esa otra gente también.

En un solo rincón voy dilucidado, sentado frente al horizonte, frente a los sucesos vago por los lugares mas lúgubres de mi mente, eso supone que estoy vivo, o quizá solo esté abandonado en un rincón.

Casi siempre pienso en no volver, en detenerme frente a los campanarios cíclopes y gritar, atornillar un espejo a cielo la distancia solo está en mi mano izquierda, ahí hay un sentimiento de probabilidad hoy si volveré. Mañana no, seguro que mañana no. Suspiro en todo.