Si es cuestión de confesar

Llanto por llanto clavado en el suelo
es un caos mi humor diario
[replique infinito de algo que se cose]

ondas enclavadas en el mar salino,
¿alguna fuente llorará?
tu cuerpo, fuerte opacidad que azota
con su mano derecha sobre mi hombro desnudo

de verde y tibio espesor
la mano que se alza en rebelión
contra un mundo de años comido.

[...]


La presencia de los días
martilla con toda intensidad mi hueso desnudo
cavidades y proximidades
desde el centro del hilo.
Rey de los olores opacos
ante la clarividencia de una pupila
nunca antes conocida…

las brisas y las horas
pasan sonando y retornan en picada
hacia la boca soleada.

Reír [reír] en la noche
para tratar de detener su devenir

La dolce vita

Desaparecimos bajo el frío
¿con cuánto barco se desplaza el mar?

A la deriva
movidos por una quietud implacable,
con esfuerzo la vida se va anclando a la memoria
bajo un río caudaloso,
todo es viento, del norte y del sur,
señores del jazmín. Poesías de aquí y de allá.
Ya no hay bordes en las pupilas. Solo ojos.

Llegamos a la costa
lejos de ese mar que aprisiona y que encanta,
qué bellas formas se dan en el agua cuando uno escribe.
Qué bella palabra me
suena dentro y se me escribe fuera.

A ti o al mar

DEDICATORIA PARA ESAS PERSONAS «FUGACES»
QUE LAS VEMOS UNA SOLA VEZ EN LA VIDA

A la persona del bus

¡Ah! si pudiera convertirme en noche
y acompañarte a desnudar los granos;
ser una llave que quede volando
y que se abran ciertas dudas y ciertos árboles.

En esta noche de pulmones extraños;
de pasajeros de alguna muralla;
de caminos y andamios sobre el mundo;
de mi propia voluntad y silencio.

A ti, persona del bus; azul cruzas sobre los cuerpos
que se sumergen en sueños donde yo pongo los ojos.

De pelo negro pidiendo el viento del mar.
Ruido nocturno nacido en todos los sitios.

No te conozco, quisiera entrar en el cielo,
de pie ahí, en los astros, encima de las flores y volcanes.

Hay suspiros de la buena tristeza;
hoy, entre navíos y estrellas, quisiera acordarme tu nombre.

Alguien me espera


He transitado por mi memoria, por los recovecos
del tiempo y del polvo. Recorrí las calles que circundan mis labios
y en ellos vi tantas rosas desgastadas y en tono marrón.
Vi mi mañana a través de unos ojos hermosos

                                                  perfumados.


¿Era yo?. Fui yo. Soy yo.
He vivido en tantos lugares lúgubres de mi mente, 
en rincones insospechados de mi memoria, 
en las lejanías de lo oscuro, de paisajes largos y tremendos, 
en las lejanías igual de la muerte y del amor y 
lo único que me ha salido de tan arrollador viaje es que:


He conocido la complejidad de mi realidad, 
las siluetas y formas que puede adoptar mi apellido y 
el sinnúmero de maneras de llamarte amor, entre ellos la palabra AZUL.

Esto sin voz y he decidido tomar distancia de mí mismo
de lo que pienso y de cómo actúo, ser un tipo normal.
Las andanzas de mi memoria dan saltos gigantes.
Ribetes en torno a las caricias y a los modales de una vida perfecta.

Mi memoria pequeña como un niño dormido se levanta al alba, 
en azul, adornado el cuerpo de flores amarillas 
con caricias de madera
y un tono agradable a melancolía que brota de esos labios

                                                           / mis labios / 

y mi cuerpo que ha vivido fuera de la ciudad
casi dos meses después de que se anunciara la guerra
y el caudal de los ríos y las onzas de plata.


La vida misma y la pobreza que en esos días extraños 
se posaba en mí 
me hacían regresar a ver a mis manos
y dientes
y ya se disparaba en mí la labor de una vida larga;
también me deparaba momentos amargos de miseria y calma,
de recorrer el mundo solo hasta la calle de enfrente
y gritar solo hasta donde la garganta me permita.


Influir en las voces sencillas y torpes de mi cabeza
y en mis manos
iniciadas e incendiadas debajo de mis pantalones
y en esas enormes ganas de explotar y escribir de las tallas,
de las fiestas, 
de los arrebolares, 
de los corpiños
de las ilusiones y 
de los apegos 
de la lluvia, 
de los alambres.

Ser un poeta casi al borde de las veredas
y tan cercano a ellas que las describía como si de eso
dependiera el mundo.

Solo deseo un murmullo rápido de huesos y 
establecer un negocio de cuerpo presente y que las líneas
un tanto básicas abarquen al mundo y me devuelvan desnudo.

Tengo solo una función: Ir en búsqueda de las regiones,
de los archipiélagos, de las plegarias y 
acecharlas hasta convertirlas en oraciones y realidades. 
Verdades absolutas.

Oculto y airado

...

Aquella luz era mía
aquella sororidad era mía,
aquel templo el de los pájaros y
aquel refugio el de mi alma.


Todo en la isla era silencio, algo contrapuesto
irreductible...
yo era presa de los mimos de la noche
y de sus estrellas,
iba en camino hacia el hemisferio sur,
¿de donde vine? y ¿a dónde voy?
es la imagen de la fugacidad...

detenido en el plan de la corteza
allá lejos, en los arbustos de humo y piel,
allá lejos mi alma pernoctará.

Allá donde esa luz seguirá siendo mía
esa sororidad seguirá siendo mía
esos pájaros seguirán siendo los míos
pero ya no mi alma.

Mi alma se la han robado los policías.

EL DESEO DE RECOGERTE

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz.
Así desprendida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad,
en lo azul,
se desprende mi sombra
y se mueve fuera de mí
 
en la ribera del día,
otro sol al fin
se acaba. Se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves.
Se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos.

Extranjero

Soy un paisaje vencido. Traigo el color de un atardecer de una pintura acabada, al parecer, he nacido… ¿He nacido? No lo sé, escribo, sueño y pienso, quizá si, aunque eso no significa nada, quizá solo existo. Eso es. Existo. Pero no vivo Esa otra gente también.

En un solo rincón voy dilucidado, sentado frente al horizonte, frente a los sucesos vago por los lugares mas lúgubres de mi mente, eso supone que estoy vivo, o quizá solo esté abandonado en un rincón.

Casi siempre pienso en no volver, en detenerme frente a los campanarios cíclopes y gritar, atornillar un espejo a cielo la distancia solo está en mi mano izquierda, ahí hay un sentimiento de probabilidad hoy si volveré. Mañana no, seguro que mañana no. Suspiro en todo.

 

 

In Individuo

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Desprendido,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

Esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
Aun con todas las posibilidades
de lluvia,

Atento estoy de recoger tu cielo,

atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.

Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro

Mi pasión así desciende, se le ve bajar
con olor a ciprés, casi las seis
la brisa de los días
en su aquí y allá,
la sombra que gira y gira, y llueve sobre mí.
Y ahora mi pasión te llama
desciende sobre el helecho de tus pies
y en tu corazón de flor pálida
mi coraza azota,
se desprende de mí
una larga hilera de esquinas rotas
y chimeneas en pasajes largos
y en la esquina,
y en la calle
y ahí, al lado izquierdo de tu nombre
un caballo sopla

es mi pasión que desciende
cuando despiertan las farolas.

Nunca

 

Nunca había estado tan cerca de tu oído.

Nunca me habían devuelto las medallas
de mi infancia,
nunca una rivera se arrimó a mi boca.
Los fantasmas y la soledad encarcelada
piden un turno,
se asoman a la soledad, a ese día
que tiembla al verse terminar.

Nunca había esperado a alguien
entre ventanas extranjeras
bajo la mirada
de una blanca paloma blanca.

Nunca.

Las hojas y el otoño
arden en mi propia
dirección.

El cielo que quema el ave

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.