Niño Axul

Tu sonrisa es un cristal de polvo
encerrado entre las grietas de la ventana;
suspiro y voy de la mano del viento;
me miras y todo se me hace blanco.

Sentado junto a ti
a soledad me tiene miedo,
vienes entre la gente pero entre la gente te vas.

Ahora soy porque tú estás.

La sombra de las hojas

Se adentra en la selva el silencio
y de ahí cobra a sus victimas:
palomas ciegas, tremendos martillos danzantes
el cielo abierto,
la herida en la mano izquierda.

Viento en la proa del barco y del cuerpo tremenda afonía
la lengua sin su capitán y en el centro del mundo,
en el sexo,
el frío de todos.

Agua salada, confundida entre lágrimas
luces y sombras sepultándose van
juntas de la mano

caricia de miel quemada,

dorada espiga que se ve salir antes que el sol,
envidia tierna
de un endecoroso madrugar

Añoranza

Yo empujaba mi cuerpo dentro del borde
tratando de encontrar una fruta madura y tu templo
algunos cabellos se habian vestido para la ocasión
hacían un miniballet debajo de mis uñas

más tarde, cuando el silencio se anunciaba
por entre la cordillera iba mi espuma
y bajo la bóveda verde de los árboles nos íbamos
tratando de encontrar el tiempo

Aquellas manos, aquellas manos
hicieron posible mi travesía, aquellas manos
como catedrales volcánicas pusieron al descubierto
la magnitud de belleza que me ofrecía tu cuerpo.

Mi acordeón suplica que no te vayas
pero es una ligera costumbre mía llamarte,
llamarte cuando el llanto ya lo ha consumado todo.

Arde mi literatura y arde tu cuerpo en ella.





Recordatorio del estanque

Invaden mi corazón los años
y las tristes estaciones de poetas añejos
la sensación del reposo de las uvas
y la quietud inefable de un estanque

Tras de mi hay libros cerrados
y huéspedes decididos
instantes de la manía del reloj
por encontrar algo vivo

naufraga mi ser enrojecido
como un adorno de ave en mi máscara
de soñador de nubes

hay una sombra campesina
que no crece ni se muda;
es mi alma de paloma aldeana

que se rehúsa a alzar el vuelo

qué largos días del otoño
en que se derrumban las hojas
de una golondrina.

Airado

Estoy triste si

eso equivale a que mi alma

está opaca y semidulce;

escribir no me aleja del dolor

es quizá, la acción repetitiva

de una ardua tarea.

sigo aquí pensando

en saltar a la orilla

o adornarme con un soplo de ave

a la idea del dulce sueño.

Ruiseñor

A veces me preparaba
y salía a buscar las orillas,
tibias
como un hueso desnudo;
no las encontraba.

Una vez fui desde el sur
a posar mi mano
en su vientre
y en su sexo,
y me elevó de repente
al cielo
y me creció desde dentro
una letra
nacida en mi mano de hombre,
criada y movida
por una voluntad de
estanque
a pesar de estar rodeado
de agua y sal.

Apareció desde ese lugar
mi caricia más duplicada
como quién busca
su canto
entre olas desalmadas,

qué breve fue
el cielo
entre las gentes de la plaza:

palomas gaseosas
entonando vientos,
manos aquí y allá, ruiseñores.

Rumor sexual

Nunca sabré por qué tu lengua
entró en mi boca desnuda, de prisa
cuando nos desnudamos en un hotel
después de recorrer los caminos australes
y de ver de reojo a las distancias.
Creí por un momento que me dabas
una fruta en el tiempo,
que sembrabas donde hay surcos, una semilla
desde el centro del vientre como ardiente musgo.
Rodeado de dudas me besaste,
yo; la excepción, el desastre, el monstruo
y tú el capitán murmurante.
Vaya a saber si le devolví el beso
o me quedé en medio de la aurora.
Fui el ala feliz de un viento paloma del este,
una gota de saliva y
quizá un breve gusto a tierras inexploradas
bajo mantos boreales.