Ciudad alarma

¿Imaginas la ciudad sin los vientos?

Rogaría por tener la potestad de matar o de vivir, de entregarme sin un corazón pero con todos los sentimientos, imagino mi dolor y mi rogaría por tener la potestad de matar o de vivir,
de entregarme sin un corazón pero con todos los
sentimientos, imagino mi dolor y mi crueldad de matar.
Imagino al millón de las flores bruscas y extensas,
imagino su dolor, su dolor anclado a las piedras.

¡qué suave caricia de sangre y miseria!

Hoy tu cuerpo me pide silencio y le doy la vida.

Yo soy un hombre, un hombre que no sabe de sus muertos,
soy pura pupila, amplia y deshecha en licor, soy
el martillo y el golpe, soy el sonido antes del acto,
soy la razón y la pezuña de la lluvia.
Me entrego así, sin razón a la desidia de las frutas, 
a los niños y niñas de agua y veo en la plaza mi cara fea.
Hoy un pensamiento me cruza el ala y me agita,
hay doce ladridos de un perro o perra hambrienta,
hay alguien que ríe y llora,
hay un señor tejiendo con esperma una cortina y del cielo
un trozo de pájaro se apresta a cantarme,
se apresta a hacerme suyo, al alba,
hoy ese densa bruma que pesa sobre mi espalda se hace agua,
cascada,


piel y viento.

Savia y silencio

Se va mi gemido en las cosas
en las paredes blancas, como enredadera de sol,
se va mi gemido
por las calles envenenadas de tu presencia.
Ayer conté mi soledad austera,
conté todos los días en tus días y mi noche
en todas tus noches.

Mis huesos no van al desierto del mundo.
Mis vértebras ya no te han llamado
mis pasos ya no han seguido tu inofensiva huella.

La poesía de nieve está en reposo
el agua no apaga la luz de la vela;
veo mi gemido roer todas las cosas, y, todos los sitios
son asuntos de mi inocencia.

Paz, paz
ruego palabras, ruego días.

Se va mi gemido
como enredadera de sol, a poblar el ser
que dicen que soy.
El ruego alcanza la ventana del sur
todo da cabida a mis palabras, carne sanada
	tiempo de estrella muerta
ya hay una luz en mis manos
ya está de pasos cubierta la noche.

Incendio floral

Hasta tu pecho, mi patria
asciende el deseo entre manantiales de ceniza e incienso,
estatua florida, ahí en las cobijas
rompiendo cosas abandonadas,
empapando lo oscuro…

¡Alto es tu sexo¡

asciende a mi garganta desde tu vientre
y se planta en mi costado.

Un soplo y cae el agua
espesándose y moviendo la finura de mi boca,
tus manos que circundan mi cuello,
tienes lo ojos húmedos entre manzanas cantoras,
y el placer se ve desde la raíz
a tu océano seco.

En el valle recostado
tu espalda fluye tranquila frente a mis ojos,
incendio floral y fogata de huesos.
Toda la boca mía al servicio de orgías y cantares.
Ahí recostado dos espigas de oro juntándose,
en el medio la miel y la leche; yo, 
discípulo de saliva,
granjero del maíz y del dolor.

RÉPLICAS

Abre los ojos, abre los párpados

toma esas pestañas y húndelas en margaritas.

Aquí están todos, hasta yo mismo.

El mundo está llenos de iglesias, pero nadie

hace milagros.

La luz que gira y se mueve.

Mi luz que tu luz me niega.

Como en un principio: estanques

como la luz en las horas: días vacíos

como en la edad de las piedras: nenúfares

como cuando nace el alma en otra alma.

Residuos de la noche cayendo.

La palabra aún sin tu rostro

los poemas aún sin tu nombre y huella

el bosque aún sin tu lunar izquierdo

el canto aún no hecho sombra

la flor aún no hecha pájaro

Estallido

Ven, a mí, soñemos con el cuerpo encendido
y el agua casi rota al filo de un maíz
cae en mi cuerpo, riega esa feliz caricia dormida
que la noche empieza y cae y cae y cae
como de un trompo una sustancia feliz.

Llegó el baño húmedo y frío y constante
llegó la vida a nuestra vida, qué hielo nos consumía.
Encerrado en habitaciones sin nombre
te esperaba, la muerte sin sonido y etérea
vio tu cuerpo ardiente como agua rota
como cuando la noche cae en un cerezo, se
desprendía de mi cuerpo un llanto de palomas inmensas
y un atrio sometido a los feligreses
ardamos, caminemos, hagamos fuego
hagamos campanas.

Era la sed y el hambre ese día
La dura fría hora en las que surcó tu alma a la mía.

En la noche que se ciñó tu boca a la mía
y donde emigraron pájaros desde tu sexo a mi vientre
y nació la poesía.

Cinco

Las venas de este mes abierto

Unión de estrellas y astros rotos
de espacios como la noche misma.
Un triste andar de planetas y corales
un paso lánguido al filo de tu aroma

vaporcito azul, alza tu blancura de pájaro
- luz de astro, la ciudad que llevo en los bolsillos – 
cruzas la noche con tu ángulo recto
así cuidándome, pedazo de ternura.

Ah, este mes todo lo aniquila
es como el mar que se lleva espumas y rosas
un sendero de largas estrellas marchitas.
Todo el azul, azul cual tu pupila.

Es la fatiga hora de recordarte abierto
de tránsito supremo hacia la constelación de barro;
vendrás a mi alma
o ya me iré de extranjero por tu aroma.

Qué estarás pensando en esta noche vieja
niño de andanzas y de capulí;
ahora que te pienso lejano
y me sube la sangre como una copa lejana.

¿Qué pensarán de mí tus manos?
pobres manos de vencedores y vencidos.
Ahora es el clavel el que me lo quita todo.

Qué será de la piel en Octubre
con su ágil quemadura
y su boca que solo es el sitio de la fragua.

Y por este camino – cinco – 
mis vertebras no reconocen otro aroma
ya no te veo en mi alma dadora de otras almas.
Y por esta poesía
de detalles técnicos y alabados vuelos
paso la tarde huyendo de la sal
del agua
y del polvo
y me esfuerzo, me esfuerzo mucho,
palpito,
pero tengo frío.

¿En este día cómo escribir después del infinito?
¿Cómo hablar o escribir de mí sin dar un grito?

Resistencia

Policías que nos odian, impuros
castigadores, resistencia 500 años
como jaulas buscando alas, así somos
como calles buscando piedras, así somos
como casas buscando habitantes, así somos
como culpa, buscando testigos, así somos.
Fiebre enrojecida en el mar del sur
como la constelación mirando, asustada
el primer grito en concordancia con la primera muerte.
perros, animales en furia
mordiendo talones, agitando el agua.
serpientes y llamas
nos gritan y nos despiertan, blancos delantales
banderas y estacas en el corazón
ahí habita la piel ennegrecida, mares de fiebre
llanto espumoso por salir al día,
inocentes lágrimas, tibias personas
monedas sin cambio y sin orden,
los días menos pensados
el poder tiembla, mujer indígena eres
alma de todas las naranjas,
piel de cedro y hoguera, invernadero regado


Llegan por el sur, abriendo calles
delicia de carnes venideras, abiertas
ojazos de luto en incendio y perdón
resistencia carajo.
Piedras y lamentos recién lavados, dispuestos,
agonía de las ramas
tristeza en el subsuelo,
pensamos en la lírica de poder, resistencia.
Llegan por los edificios y cristales
asumen su inocencia,
los campos lejos lejos, abandonados
lirios azules cargados de la recia tristeza,
montañas izadas en los cabellos, hielo torpe
espinas y púas en las gargantas,
la dura espuma apenas saliendo, ofensiva.
Somos animales perfumados
a las costas de las ciruelas, y en la noche
somos del fondo de los pajonales,
de la superficie del mar, de la selva
llena de barcos rotos, en lo alto del as cumbres
gritamos
resistencia 500 años,
traemos amapolas y pájaros de alambre.
Nos protegemos cuando el poder ataca.
Pienso también en el rumor de tu sangre

Pienso en mi melena
como chimenea enorme, fuego en ascenso
bravo como piel de montaña,
gris como una mano enrojecida.



En lo alto de los edificios
pájaros idiotas dispuesto de par en par
jalando órdenes de un inválido
bravo como un perro con hambre de más de doce días.

El sol de los pájaros

A ti, ni a la gota de río que llevas entre las piernas

nadie te olvida, aquí te llevamos todos

en mitad de la plaza, en donde giran

los ponchos, donde se ve nacer el arco de fósforos.

Haz crecido y crecido.

Como cuando nadie muere,

como cuando todos lloran, eres silueta sonora,

un café puro, alguien que canta, levadura instantánea.

Ahora, desde mi poesía

me veo hincar, como campana nutrida de soles

como ostias regadas y mutiladas en la boca, como

un incendio en la punta de la vela

tristísimo andar de corales.

Ahora me veo dentro de un rostro que

no puedo dejar, como una pintura en domingo,

como un hilo negro que se teje.

Yo ya no sé otra cosa,

ya mis llaves quietas y oxidadas en las cumbres

ya mi aliento de cemento se funde en las hileras

de un saco de dentaduras amarillas.

Vuelves, siempre vuelves, sobre el sol de los pájaros

Antonio

Niño, no me culpes a mí

por no saber los altares del amor

por incumplir la cita de las montañas.

Juro que te amé,

juro que te amo

pero mi poesía es frágil.

Me dio pavor el futuro,

el hambre, tu cuerpo en el mío

y el final.

Me dio miedo la selva

los mosquitos y los bancos: las estaciones

Me dio miedo el no saber amar

cambiar mi soledad por tu presencia.

Vacío por poema.

Revolución por pasividad.

Amigo, Antonio, mi niño

no me culpes a mí

es el mundo que viene herido.

Soy un cobarde

juro que quise ir a la estación final.

Juro que te ame

Juro que te amo

pero mi paciencia es frágil.

Cinco, arte poética

Si me duele y comienza la lluvia
si me duele, y comienza la tristeza
si me duele y se apaga el astro
si me duele y comienza el monzón de alas petrificadas
Si me duele, y se grita la noche.


Mezquinas fraguas e infancias y lunares.
Mezquinas esquinas y transeúntes y lunares
Mezquinas dardos y flechas y lunares.
Mezquinas adornos y aves y lunares
Mezquinas plantas y vegetales y lunares.
Mezquinas plazas, ponchos, espacios y lunares
Mezquinas almas, desnudos y atrios y lunares.
Mezquinas astros y lunares.
Mezquinas tu nombre, lo azul y lunares
Mezquinas chispas absolutas y lunares.
Mezquinas polen, abejas y lunares
Mezquinas pozos y nenúfares y lunares.
Mezquinas caricias, bocas terrestres y lunares.
Mezquinas tu agua y tu oscura piedra y lunares.
Mezquinas tus lunares. Tus lunares. Tus lunares.