Y entonces desde el sur

Reír reír en la noche

para tratar de detener su avance.

Tratar de parar mi opacidad
aquellos deseos ocultos en el rocío
referir a lo mío, siendo mío

y entonces, desde el sur
vendrán doce estrellas fugaces
y moverán las noche anclada

su brillo espesará la noche
y de ahí, repeliendo a tu cuerpo
en instantes cortos de agonía,

un cúmulo de flores se alzarán en partida
resumiendo el llanto del día 
en las bellas formas que toma mi muerte;

las miles de veces que no llegas
las miles de veces que no llamas
las miles de veces que no vengo

emprendes camino a un paso constante
en la lucha de un dios vencido
muerto en el vientre de las viejas guitarras

repeliendo aun los ataques
de algunas cosas que se asemejan al fracaso.
¿Acaso es mi inutilidad que sirve?

Cinco

Las venas de este mes abierto

Unión de estrellas y astros rotos
de espacios como la noche misma.
Un triste andar de planetas y corales
un paso lánguido al filo de tu aroma

vaporcito azul, alza tu blancura de pájaro
- luz de astro, la ciudad que llevo en los bolsillos – 
cruzas la noche con tu ángulo recto
así cuidándome, pedazo de ternura.

Ah, este mes todo lo aniquila
es como el mar que se lleva espumas y rosas
un sendero de largas estrellas marchitas.
Todo el azul, azul cual tu pupila.

Es la fatiga hora de recordarte abierto
de tránsito supremo hacia la constelación de barro;
vendrás a mi alma
o ya me iré de extranjero por tu aroma.

Qué estarás pensando en esta noche vieja
niño de andanzas y de capulí;
ahora que te pienso lejano
y me sube la sangre como una copa lejana.

¿Qué pensarán de mí tus manos?
pobres manos de vencedores y vencidos.
Ahora es el clavel el que me lo quita todo.

Qué será de la piel en Octubre
con su ágil quemadura
y su boca que solo es el sitio de la fragua.

Y por este camino – cinco – 
mis vertebras no reconocen otro aroma
ya no te veo en mi alma dadora de otras almas.
Y por esta poesía
de detalles técnicos y alabados vuelos
paso la tarde huyendo de la sal
del agua
y del polvo
y me esfuerzo, me esfuerzo mucho,
palpito,
pero tengo frío.

¿En este día cómo escribir después del infinito?
¿Cómo hablar o escribir de mí sin dar un grito?

Alguien que me ha olvidado

Un gran coral desnudo se planta
en el fondo del lago,
los días del viaje han comenzado
reflejos y horas detrás de las hondananzas,
el bosque ofrece un vestido de musgo a tu blancura
el río que desemboca peces en tu boca
la luz que mueve estrellas en tu pecho
tu cuerpo me tiene como una mirada
tu cuerpo me absorbe como un relámpago
tu cuerpo me ata al filo de las horas.

Sales y sonríes y en tu blancura de pájaro
salen las alas sin fondo.
Todo no tiene clavícula.

Belleza sin ayuda.
Belleza en el páramo y en la piedra
asimilas la distancia;
para tus ojos mis ojos
basta un parpadeo
todo se mueve cuando hay quién lo mueva;
para tus ojos mis ojos
el mundo canta en tu garganta
se esfuma la luz
se perfila el maíz a dar flor
se perfila la tierra a morir contenta
tu apareces en el traslas del tiempo
danzas en los espacios que va dejando la noche.

Eres el pétalo de clavel.
Eres la perla del día
			y del mar.

País abandonado

Son las venas de este mes. Es la espuma, la risa
las flores amarillas y lentas
los carros en plena carretera dormida.
Son las leyes de este mes, su sabor, tu lejanía
tu búsqueda de placer
de luciérnagas, de planetas, de mapas
y tu cabeza de luz,
de una costa sola se abre a la imaginación.

Es este mes que entro con mi tristeza en los mercados
entre sollozos
y se cierran las puertas al paso,
es mi voz que se aumenta como el mar mientras
llega la salida del sol;
y entonces se destrozan todas las tardes y te llamo
y me llamas y dulcemente
me arrodillo.

Te extraño, ¿pero qué quieres?.

Huésped de mi memoria y corazón quebradizo
vas por mis habitaciones con tu sabor a humo y vainilla.
Qué angustia pesada me roe
y por las fibras de la oscuridad la luz va gimiendo:
ventanas solas, aires desalmados,
almas crespas, musgo de todas las heridas y ríos
aquí estoy
escuchando secretos, ruinas y deidades de una sal adorada
y entras tú, en medio de la ruina,
y haces crecer en mí al hombre que puede, que avanza
pero no sé hasta dónde avanza sin ti
y así vas, por medio del perfume
a brindarme lentamente el espacio dondequiera.

Te extraño a los cinco días de mi dentadura rota.

Mi primera ausencia

Si mi cuerpo fuese lira, espanto o cosa
quizá silencio,
y crezca dentro de mí el amor, o el luto;
si fuese quebrada o insignia, o vuelo
simplemente vuelo
con su boca inmensa partirme por la mitad,
y sus ojos abiertos a la noche,
si fuese el silencio, si fuese la muerte…

¿Dónde ir? con esta carga iluminada y desecha
con estos parpados que más bien son siluetas feísimas.
¿Dónde poner mi tristeza que ahora camina sola
y me lleva de la mano al puente de mi infancia?

Una voz casi natural me replica:
- coloque aquí su tristeza y hágase nido
aprende a volar sobre pantanos y ciruelas
que ya tu silueta está invadida de claveles y rosas.

Vuela que la voz del olvido está cerca, 
y está replicando la sonrisa de un naufragio.

Vengo volviendo

Era la noche ordenada cuando regresé.
Cada espacio silencioso era contra el azul que canta;
la luz era ya un pesado fruto
que se colgaba de mis manos y ojos y párpados,
el breve espectro me decía “poesía”
¿vas a mentir sobre tu vida?
¿es ya el final de la noche, día, piedra y páramo?

Mira el mundo, la palabra adornada
aún hay barcos todavía y playas y ruedas y luces.
y me respondía, si
aún hay esa llamita azul sobre mis párpados.

Y mi sombra vestida camina
y esa luz recién sembrada va de pie en la chacra,
aún no se opacan tus - mis - ojos.

Una vez oí “son hermosos tus ojos” 
y me sonrojé al borde de la sangre y del mirlo,
quizá después oí: “me gustan tus labios”
y palomas y nardos salieron flotantes de mis uñas;
el crimen no hace al testigo,
pero la poesía hace ciertos dioses.

Regreso donde se suspenden las hojas y las calles
arden como palomas aldeanas;
regreso a la orquídea del vicio, al lote de nubes
a ensanchar mi colección de sílabas;
a vestir a este país estéril de corceles del sueño.

Abordo mi regreso así:
La noche la tarde una y otra vez y otra noche y otra tarde,
la noche de alardes dormidos en los campos ebrios.
Tú – yo -  tenemos los ojos callados de espuma
frente a un mar sin barcos y sin monedas.
Tus ojos de cosecha
tus ojos de bosque ensanchado
tus ojos de himno
tú, campesino del mundo
tú, señor de la intemperie
tú, espolvorea harina sobre todas las cosas y devuelve
a los espejos su apellido.
Tú que gritas. ve y  devuelve su crin, soy yo.
Tú al que gritas en el espejo, soy yo. Ese tú ahora soy yo.

Escribo como animal del aire
como espasmo de color de un ángel del este
mi voz que enciende el día
bebo ojos de luna
bebo jarrones de musgo
habito el día lanzado en armas
la noche, tan apacible desde que no estás,
se arrima a mis oídos y aprieta las encinas del mundo.

Yo, allá del otro lado
del lado de la cicatriz pegada al muro y a la ventana
desde las islas prometidas, quebrado en hojas
mecido como la lluvia en el mes de Abril
desgranando tréboles australes
voy arrimándome a la vida.

Hay ciertas palabras que se me escapan como pájaros
y saludan a ciertos condenados.
Aprieto el paso, salgo como una sustancia oscura
doblo la esquina donde el tiempo ya no se desvanece
y me animo a golpear el miedo 
con mis instantes violentos.

Regreso a la memoria
donde todo ya fue creado.
Y en este momento tempranamente absurdo
escribo con total violencia
que se me hace efímera la noche.





Antiluz

lloro siempre, en medio de esa sombra muerta
casi no hay nadie, sé que mis ojos acechan mi intimidad.

Esta noche durará mientras yo siga llorando.

Despiértame

Y es que te amo
sin ser nada tuyo
y sin ser nada mío;
Aún siendo todo y todos
y aún siendo nada y de nadie

¡Oh! cuánto amante suelto en busca de tu nombre

Ahora te soñé

De un lado al otro, desde tu orilla se desprendía algo de ternura.

Te soñé despierto, deslizaste tu voz hasta debajo de las cornisas
como eras entonces, como eres ahora: inmóvil.

Hay lujos y luces en tu voz y
en tu cuerpo dormido habitan los astros, no hay hélices
mas hondas que te llamen y que me llamen a escribir.

Ahora te soñé, como aullido de formas, como expresión
de descarrilamiento de un tren en la piel de verano, te soñé
así, desnudo, como una sombra pesada en cada brazo
y tus genitales de armaduras soldadas
y perfumadas, legado de un animal frenético despavorido.

Así eres, como cuando antes. No te pareces a nadie

vas en la espuma salvando mi propio reflejo de la vida.
Te sentí limpio, casi agua de mar, casi cuerpo de agua.

Mi tristeza no sabe de andanzas, ni de madera, ni de leños
por ello fue a parar en la noche violeta, magenta.

El propio azafrán de tus piernas me habría despertado
los azules lirios que se acurrucaron en los estanques,
en los huecos y memoria de lo que se olvida,
las minúsculas horas hechas tiempo
y desenredadas y lanzadas por el espacio y las camas.

Ahora, hoy, se desangran y mi desangro lento, lento,
por mi mano derecha surge la herida,
el silencio de muchas ventanas,
los puños, la carne y los aullidos de la pelea destinada.

Se pudre la sombra

Naufragio de piel
desde abajo, desde el sur.
Pies y manos con jarabe, con encajes.

ver nacer las caricias en un vegetal oceánico;
ser esa persona del mundo para morir
para respirar sus ojos
su sexo
sus axilas
ser aprisionado en el vientre de las rosas.

Expulsar la última gota de sangre
por la última gota de esperma.

COSERSE
OÍRSE
AMARSE

Ser una mariposa de ojazos muertos y
alas de latido, ver en la estación a las pieles
abandonadas;
estar en desacoplamiento del ser. Amar lento.

Gozar de la experiencia de ser el primero y
descarrilar el sitio de tu vida.

AZOTAR TUS MANOS.

Ser la tierra de los "siempres" y dormitar
en la catarata del sudor
donde se pudre la sombra.

A ti, aunque ya no estés
Azul Runa.