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Dedicatoria AZ

A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva
 
Soy niño.
 
Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.
 
El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.
 
El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.
 
El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.
 
La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.
 
Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,
 
más allá de los horizontes del olvido
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PRIMER GRITO FÚNEBRE

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación.

Así la vida en sintonía.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Tus finos hilos sonrientes
desde tu boca de maní, de cerezo.
Tu boca llena de vino
como un potente grito caído.
Nido de rosas. Nido de plumas blancas;
sonríes.

Cuna de astros, llanto de caballos;
sonríes

Tu boca espesa, el agua dormida, amapolas de aire;
sonríes.

Todo es claro. Todo es espacio.
Danza la humedad en lo dientes.

Un grito desnudo en tu interior amenaza las olas.

Nada soy yo, 
nada es mi cuerpo.
Cuerpo inerte. Cicatriz en el desierto.

 

 

 

 

 

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EL DESEO DE RECOGERTE

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz.
Así desprendida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad,
en lo azul,
se desprende mi sombra
y se mueve fuera de mí
 
en la ribera del día,
otro sol al fin
se acaba. Se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves.
Se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos.
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Extranjero

Soy un paisaje vencido. Traigo el color de un atardecer de una pintura acabada, al parecer, he nacido… ¿He nacido? No lo sé, escribo, sueño y pienso, quizá si, aunque eso no significa nada, quizá solo existo. Eso es. Existo. Pero no vivo Esa otra gente también.

En un solo rincón voy dilucidado, sentado frente al horizonte, frente a los sucesos vago por los lugares mas lúgubres de mi mente, eso supone que estoy vivo, o quizá solo esté abandonado en un rincón.

Casi siempre pienso en no volver, en detenerme frente a los campanarios cíclopes y gritar, atornillar un espejo a cielo la distancia solo está en mi mano izquierda, ahí hay un sentimiento de probabilidad hoy si volveré. Mañana no, seguro que mañana no. Suspiro en todo.

 

 

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Divinidad de agua

 

Así estaba a la altura de mis años con un murmullo de huesos y un hueco en la cabeza, atibo, y dejando que  la luz y los lirios intenten musitar en mi oído:

“soy materia, armonioso. intento llamar a la muerte. “

Pude verme de lejos y decir que era fiebre esa noche juntos, quizá un éxtasis procedente de todos los sexos, me apetecía el sueño, la posibilidad, la evidencia,  el claro oscuro de la convulsa carcajada.

Y tú en alguna parte, distinto, descendías cada noche a determinar mis días e infancias.

Y yo ya no necesitaba de la ridícula vida. Y entonces lo supe; estábamos en un estado de guerra, de fiebre desenfrenada, creciente, como tantas noches de los viernes. Ahora estoy dislocado. Mis ojos transitan las inmensas costuras de una reiterada pesadilla.

Y ahí va la vida que, a comienzos de la noche, se filtrar por las finas hebras mías. Mientras yo ha decido consumir  mi sombra, del otro lado, y pensar en las gentes y sus espaldas. Convertir todo en un incendio. Atestiguar mi existencia, mirando sus ojos.

 

¡Me sorprendiste ebrio!

 

Caballero de la noche

Divinidad de agua al pensarte, reponerse.

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In Individuo

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz

Si estuvieras acá, junto
y no donde no hay huéspedes
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.

Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético

Desprendido,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.

Aislado, así. Humano

otro día que no estás

Ante la idea de despedida
te ruego me cobijes

No finjas querer ser,
finge tu culpa,
la pequeña cicatriz de adolescente
en la ribera del día,
otro día al fin
que se acaba, se ve morir
el viento
en la boca de todas las aves,
se ve morir
el deseo de recogerte
por la luz
y por la luz irnos

Esa vez, esta vez

iré a tu encuentro
Aun con todas las posibilidades
de lluvia,

Atento estoy de recoger tu cielo,

atento de mirarte,
atento de recoger mis pájaros negros

atento de ir con mi pecho inundado
de flechas

atento de guardarme en tus piernas
como un sudor frío.

Ausencias nada más
aquí y allá
un ala cantora
me lleva
me llama, iremos
(¿iremos?)
fugaz,
veo la tímida
golondrina
nacerme desde
dentro

Mi pasión así desciende, se le ve bajar
con olor a ciprés, casi las seis
la brisa de los días
en su aquí y allá,
la sombra que gira y gira, y llueve sobre mí.
Y ahora mi pasión te llama
desciende sobre el helecho de tus pies
y en tu corazón de flor pálida
mi coraza azota,
se desprende de mí
una larga hilera de esquinas rotas
y chimeneas en pasajes largos
y en la esquina,
y en la calle
y ahí, al lado izquierdo de tu nombre
un caballo sopla

es mi pasión que desciende
cuando despiertan las farolas.

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Tú mas que nadie merece ser feliz

Hiere tanto que no estés
y que te vayas por el envés de la luz
 
Si estuvieras acá, junto a mí
y no donde no hay huéspedes,
en líneas australes verdes
en el sueño
a mitad de la noche
entre risas
y mares revoloteados,
allá en la densa niebla
que cubre el
pecho de los pájaros.
 
 
 
Porque en el sinnúmero de casas estás
como un material profético
 
Despredida,
como un lirio giratorio
que nace de una hoja
en movimiento,
triste crisálida
dulce miel quemada y esparcida,
a cierta edad
en lo azul
se desprende – un sí –
mi sombra
ya se mueve fuera de mí.
 
Aislado, así. Humano
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Llamados necesarios

I
 
Mi cuerpo vencido por soles y lluvia
esperaba la delicada cornisa
de un cuerpo abierto
y el suave beso de la tierra a los lirios
por el entramado tallo de todas las plantas.
 
 
II
 
Mi boca no esperaba un encuentro.
Mis manos no esperaban hacerse río.
si embargo,
todo fue caricias,
claveles abiertos a la frescura de la noche.
 
 
III
 
que suave el rodar de tu boca
en la carretera circundante alrededor de mi cabeza
 
 
IV
 
suave el terciopelo de una aguja húmeda
en mis manos.
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el quéayer de los insomnios

Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.

Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
como vientre nutrido, como la tarde muerta
mi voz como ceniza palpitante,
cuando se abre la puerta…

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Has ganado la batalla desde siempre

A tu nacimiento

¿Y del capitán que surca el este, quien ha sido nominado?

Su voluntad bastó para ser firme;
para posar y nombrar todas las cosas.

De esa pasión se nutre
lo bravío de algunas noches. Tus noches.

Sobre el mundo pasas rodando.
Háblale. Háblame.

Con las manos zurcidas al espacio terrestre
postrados los arcos, sedientos.
¿Dime, a quién ha acusado la noche?

Siendo la jaula amarrada al pájaro,
confía,
nadie se parecerá a ti, ni al viento ni el lenguaje nos servirá,
boca que doma los animales muertos.

No hay quién de ti, por ti, se haya muerto.
Hay quién de ti, por ti, se haya vivido.

¿No oyes el grito, la boca del céfiro arrugar tu pecho cuál niño silente?

Has ganado la batalla desde siempre.

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Nunca

 

Nunca había estado tan cerca de tu oído.

Nunca me habían devuelto las medallas
de mi infancia,
nunca una rivera se arrimó a mi boca.
Los fantasmas y la soledad encarcelada
piden un turno,
se asoman a la soledad, a ese día
que tiembla al verse terminar.

Nunca había esperado a alguien
entre ventanas extranjeras
bajo la mirada
de una blanca paloma blanca.

Nunca.

Las hojas y el otoño
arden en mi propia
dirección.

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La breve idea de la muerte

Mi soledad se esfuma,
ya no me pertenece,
se cae,
se amuralla, se enraíza en el mundo, terca y torpe.

Nunca me cansaré de visitar esa estancia melódica
y ceñida a las notas blancas y negras.
De tus cabellos, tus senos, tus lunares
desde mis hombros enfrento la angustia del compás.

Entre ruidos y conductos a mis orejas.
Entre maizales izados al sol.
Entre bandolines de madera y agua, de leña quemada.

Los sonidos caminan,
se hacen perfil,
se ven nacer y morir.
Sin gritarme, ellos están en mis órganos y en mis ciudades.
Sin gritar, sin rozar, sin hacer ruido se van adentrando en mi aliento
y yo ya me devuelvo a la vida.

Ahora camino hacia el largo letargo del sueño.

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Aunque no te hayas ido

Nido de rosas, nido de plumas blancas:
sonríes.
Cuna de astros, llanto de los caballos:
sonríes.
Tu boca espesa: el agua dormida; amapolas de aire:
sonríes.

Todo es claro, todo es espacio;
danza la humedad en los dientes.
Un grito desnudo vuela en tu interior, amenaza las olas.

Nada soy yo.
Nada es mi cuerpo,
cuerpo inerte, cicatriz en el desierto.
Mar sin olas y sin plata.
Cuerpo sin alegrías y sin compás.
Todo es tu sonrisa: claradulce:
canto de pájaro, viento.
El aura siempre es la sonrisa, semilla de la tierra
y en la tierra se hace carne y toma tu forma
y tomando tu forma voy escribiendo
y así escribiendo, empieza el viaje.

Aún hay tiempo de ser, de viajar en el lomo del día..

Antes de morir, seamos.
Hoy recuerdo al primer amor y una puerta de madera
no hay olvido para ello.
Aunque no se haya ido,
aunque se esconda en los árboles gigantescos,
aunque el daño se haya consumado,
aunque no se dio ya almas, ni óleos,
ni cuadros, ni estacas pintadas, ni conventos.
no hay olvido para ello;
pero escucho, de repente, el fulgor de un suspiro…
es un fuego artificial
que me llama, y me necesita, me añora.

Es un nuevo recuerdo, es un nuevo pétalo de clavel…

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Fino cantor

A los 6 meses y a las 6 lunas


QUERIDA PERSONA MÍA, DEDICATORIA

Ya mi voz no busca, ni llama, ni se asoma
con su silueta y tono y campana triste
como la boca de una estepa
y el cuerpo de arena enrojecida y alegre.

Ya mi voz no recibe respuesta
ni gritos de los marinos tímidos.

Mi cuerpo ahora, fino aroma del día,
una delia suave como tono de muchacha,
como braille de un poema, como un suspiro izquierdo
como brillo de agua, se busca y se toca.
Oh, mi voz como te encuentra
sin sollozos, sin ternuras, sin heridos en todas partes.
Oh, mi voz como te busca como ola desordenada,
como párpado cantor,
como lirio fúnebre. Como lirio fúnebre.

Tú envuelves el aroma floral de la hierba,
y lo devuelves en finos templos,
en las astillas de toda la madera, hostales,
en habitaciones donde se confunde el llanto
y se ve y se oye y se toca un ángel verde,
donde la ira es presa del silencio.

Tú eres mi propio secreto,
como una isla de mí mismo, un papel guardado,
invisible de si mismo: llanto nocturnario,
la ribera inspirando un suspiro, poblándolo
siendo deseo en la carne y murmullo en los huesos,
cantando en el alma de las playas
en la infancia enterrada en los jardines;
como cuándo voy a ti cantando
como cuándo vienes a mí abierto.

Mi voz es un lirio que se ama solo,
un almendro florido
y unas hojas de nopal nevando…
mi voz es el resumen del invierno,
el quéayer de los insomnios
y el tiempo que golpea…
mi voz como ceniza palpitante,
como vientre nutrido, como la tarde muerta
cuando se abre la puerta…

Te apreciaría por mi ternura ahora si
abierta y desenterrada
cúspide, como el sueño herido, como un espejo
cantor;
mi sueño herido con una fina tristeza
encuentra tu llanto y tu cuerpo accesible,
porque mi voz te toca y
es esa fruta cantora mía la que es cercana
y ahora el llamado es ya cerca de tu boca.

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Cantos generales

Cantos Generales
I

Ahora
que la ciudad sabe de sus muertos
y de sus tantos bosques perfumados.
Ahora
que del cielo se escapan ángeles de madera y río
y en su búsqueda
los disfraces del silencio.

Ahora,
me muestro desnudo, compañero,
mi piel es de lana y trigo, eterna e irreparable.
Un perfil que solo tú pudiste fluir
azotando hasta mi propia fragilidad.

II

Tengo miedo de nombrar a todo
y que todo nazca
y que con sus alas
lastimen nuevamente mi herida.

III

He venido desde la orilla exterior de mi cuerpo,
no sabía que existía,
no sabía que me mataría.
Me invade el olor a rosas del campanario
¡Qué voces!
Hasta ahora solo mi sangre palpita
y me hunde más y más.
Solo plumas y hambre.

Ha llegado mi herida,
contenta y
sonriente, me invade.
La soledad más grande y mejor formada.
Todo huele a llanto,
a memoria,
a paisaje,
a amarillo.

Tú alientas mi desdicha:
me das de comer lo que ya no se utiliza
y lanzas las grietas
para que mi hondo ser no salga de ellas.

Amo esa violencia.

Hijos de la lira y
del viento.
Me llaman. Me gritan.
Todo artista protesta en mí
y hasta el incendio recorre mi estancia.
Un cisne de humo
sale del centro del mundo
y con sus alas golpea mi cráneo
y mi isla.

Qué fuertes golpes. Qué infancia perdida.
Y ahora solo el viento cruza por estas llanuras de la nada.

Tú.
Doblemente alarido de un animal muerto.
Doblemente ruido de una canción ensangrentada.
Rica noche. Llévame a lo dulce.

Yo lloro por ti,
por abrir tu cuerpo hasta con lágrimas
y tiritar de frío y sed.

Eres en donde existo.

IV

Vienes a mí, posado de sueño.
Hebra de oriente y occidente.
Perfume del norte y del austro.

Cuerpo minúsculo, redondo,
extendido hasta la constelación del sur y
de las islas de mares profundos
y lutos en la distancia, vestidos de día.
Estás sobre el cuerpo de la hierba
y besas a las hormigas.

Siento fuerte tu pecho hervido,
de frutas doradas en la estufa.
Hoy, hoy
transitas sobre mi sueño
y yo me espero, sobre el mundo,
ser adornado de polvo.

A veces tu cuerpo ascendía sobre el mío,
entre licores y espuma,
ascendías como la edad a los lirios,
como la vejez a la tarde,
y allí, de pie, con tu sexo de horas,
destruíase el mundo
en un movimiento final
sobre mi boca y mi cintura.

Qué destino asciende hoy a la memoria.

continuará…

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Si tan solo existieras

Compañero, como un grito azul de nieve,
como un sonido y crujir de huesos e insomnios,
la primera planta naciente del cementerio
y ese tristísimo sonido del corazón
se ve sin duda, solo, abandonado al borde de las flores.

Ahora te veo en las hileras verdes de una soldadura
y en las astillas de madera crudísima que se oye cantar
y ese fuego del inicio
vuelve al jardín, a los pies de la hierba mojada
a ese pedacito de tristeza andante que me replica
y que abre el suelo a mis manos
al sembrío y así a la par a la cosecha.

como en la historia, como en las campanas extranjeras
se extiende el mar y se iza el viento cortando olas
y asumiendo la idea solitaria
de un mar asustado, de una mar que posee naufragios.

En el páramo, en los pajonales donde el viento se anida
ahí aparecen las mayúsculas y las
ideas de un camino en formación, de las alas inmensas
que se echan a andar con unos pasos de ceniza.
Mi piel se esconde como un roedor asustado,
una piel agria de vencimiento de tres días, el derretido
invierno se lamenta y comienza la sangre;
como una onza de ola se aparece ante mí tu pelo
y aquella sombra a veces ya me cobija;
a veces me devuelve una paloma con llamas y una palabra
que sale desde la ventana y se ve parar en tu mano izquierda.

Estoy rodeado. Cuál capitán sin especies
recostado sobre mi sombra que a veces se empaña.
Ahora estoy como un muerto, mi voz
como triste instrumento que se ve nacer desde el fondo
de tu compañía. No desestimes a mi llanto.

Si existieras, si tu forma fuera de cuerpo presente
y por mi costado brotaras,
así rodeado por una costa de cinturas y sexos:
un día fulgurante,
y me dijeras, de pronto, ¿estoy aquí?
Pues adelantaría mi muerte y por mis lados
se extendería mis sílabas
y me llenaría de tantos ábacos para adornarme
y de sonajas dulces
que con su solo movimiento
me llevarían en medio de la espuma y de la sangre.

Si tan solo existieras
y me ubicarías a mí, en medio de la plaza
en la mitad de las rayuelas y los cirios; ahí
con tus cabellos en formación
y tu idea solitaria de un avión en una farmacia.
Así, si existieras
y desde mí me respiras, mi sombra cubriría tus ojos abiertos
y la cúpulas de las iglesias reposando en tu vientre:
preparando el llanto,
llamando a las iglesias y templos, a las
islas negras y verdes, llenas de armaduras, y en torno a ti
me aferraría con clavos, dinteles y garras
y volaría.
VOLARÍA
sobre el sol de los pájaros.

Si existieras
y me buscas en medio de la edad de los árboles y arbustos
como un soplo solitario,
cerca del mar, cerca del olvido,
cerca de todas las cosas llenas de polvo y humedad.
Si tan solo me llamaras
con tu campana cíclope, con tu cantar de aguja
y tu voz de herido.
Si tan solo me viera desnudo y solo
¿Alguien vendría acaso?
desde la plaza de las raíces, desde el color amarillo
desde los días domingos.

Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

Si tan solo existieras,
esa sonrisa de barco roto, de tesoro manejado con cuidado
del lamento de las brisas
y del cuidado de los parques,
vendrías a mí como sonoridad, como caricia de aureola
como un cuidado de un ángel con un lápiz caído
Sonando. Existiendo.

Si tan solo existieras
el pedazo de mar terrestre, de cal profunda de las olas,
del grito más potente de azar,
como la sombra que gira y gira y muere.
Como los pájaros sin sonidos, mudos y sin alas, callados.
Como huyendo de los barrotes.
Como levantados e izados al borde, como orillas.

Si tan solo existieras
Yo me haría archipiélago y mar
y de esos lúgubres lugares de mi mente te sacaría y soplaría.
No huyas.
Mi sonido está preparado para tu espera.

Si tan solo existieras
Si tan solo existieras
y si tan solo me buscaras
¿Alguien vendría acaso?

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Canto a mi palabra

 
Si allá en el planteamiento de lo oscuro
te veo empezar la vida, como un adorno de flores
como una silueta de diarios, como un monzón de pétalos, allá
se iría mi vida, cerca del mar
y haría plantear lo oscuro, nacer la lluvia, súbitamente
desde tu orilla, allá en mi corazón deshojado,
a la mitad de las horas, allá en esa extensión de mi alma
yo haría nacer la lluvia desde tu oído.
 
 
Desde esa extensión, al sur, al sur
donde se cría esa lluvia peregrina, como un canto sin ala
y un viñedo sin tragos,
como un sonido sin vientos, como el sonar de campanas
el corazón se da paso entre ventiscas,
como una casa sola.
La noche, sin duda, aparece en el campo
de repente y así se ve partir mi alma a la costa sola
y su única sílaba me cae en la sien
y el naufragio empieza por encontrar una hoja poblada
poblada de todo mi amor enrojecido.
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Grito de guerra

a propósito de la situación actual del Ecuador

Esta manía de levantarme cuando el poder me dice “no”.
Esta manía de no tener edad,
de llorar con amapolas por las muertes caídas
de que mis huesos vaguen y lloren

se limpian, se regeneran y luchan
de que mi voz (casi apagada) no me vea solo,
de que me he puesto el día al hombro y
he salido con mi fuego, y mis piedras,
he salido con plumas en otoño, he salido
con los llantos de mi madre por ver ese sueño horrible.

Tengo ya el recuerdo de unas muertes en mis pupilas
y en el corazón cae agua salada, como una prosa…
una prosa de dientes dispuestos a matar;
como hoy, vengo a luchar, a vestirme de claridad
de refugio, de indígena, de represión…

moriré es cierto, pero detrás de mí un aguacero
me espera,
escogí el día, ya llora mi memoria,
ya se desenreda el pelo y ya se viste de luto.

conservo esa manía de saberme lúcido
de no saber en qué vida me atrapara la muerte
ni con qué ropa me atrapará la muerte
ni con qué hambre me atrapará la muerte
ni con qué vestido
ni con qué personas
ni con qué saludos, ni despedidas
no sé como vivirme, pero sé luchar y gritar.
Por mis manos corre sangre y polvo, uñas ensangrentadas
y dientes tan altivos
que todo nombre que salga de esta boca muere;
no tengas amigo piedad por mi nombre
lucha conmigo y lloremos,
vaguemos,
gritemos
porque no sabemos cómo nos atrapara la muerte.

<b>¿Será hoy, mañana, el martes quizá?</b>

Ahora poseo un miedo enorme, algo pesado
algo con fuego,
algo con un suave desliz púrpura
algo que no sabe sonreír, algo llamado policía:
un siniestro delirio incalculable,
un aparato triste y un cuerpo sin barriga y sin hambre.

¿Cómo me atrapará la muerte? quizá vendrá sin sombra
como un dulce, o una llaga
o una saliva espumosa,
pero
seré fuerte,
fluiré entre las manos de mis compañeros,
ahora sabré de mi muerte, pero
de entre la espuma de las calderas hirviendo va mi sangre
y mi sonrisa,
estoy atento a los disturbios y peleas.
Acá en este país salimos con cuchillos y hambre
a devastar la esperanza,
a reclamar por los testigos, por los niños.

Hoy he muerto,
me pegaron, me golpearon
todos.
Yo solo era el que reclamaba del porqué de las alas
tan altas y caras que se ven en las instituciones públicas.
Me mataron, a palos, con espuelas y anillos
con sogas e hilos.
Los días están cansados, están húmedos,
pero

sigamos…

a pesar de la soledad, a pesar de los no caminos
a pesar de las mordeduras y la sal
a pesar del veneno…

sigamos…

¡Gritemos¡
porque no sabemos con qué vida nos atrapará la muerte,
pero si es hoy, o mañana,
que nos atrape gritando y manifestando
que nos atrape en la idea del sueño y la protesta

si hoy nos atrapa la muerte
que sea en las calles y con la fuerza enjaulada y con las almas estalladas.

Señor, hoy mi muerte
cabalga al otro lado de la noche y al reverso del día.
foto: mujer indígena en las protestas de Ecuador.
Octubre 2019 / 11

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Mujer de mi diluvio

Si tú no estás: todo se desordena
Aquí, niño de pequeñas letras y nudos,
hubiera sido tu esclavo, tu sinrazón por mandar al cielo
por beber de ti y ser en ti: manantial de mermelada y sexos.
Si se me acusa de mirarte
de partirme el alma en medio de la edad de las frutas
y sobre los árboles y sus capas;
estoy agonizando por tenerte y peleando con el mundo
y mis padres por su voz de aguja y mirra.
Por sentirte en mis huesos como un limón,
por verte como se ve a Dios en el agua
y quererte, amigo, como un pedazo de sonido en una campana.

porque yo soy de huesos y de hojas
y de caricias casi muertas, pecho enaltecido de dolores
y pasaría al lado tuyo sin huella ni ojos,
porque tu espera, tu silencio
no son para mí, no son de este mundo; a ti llega
la guerra y ganas por puntos
y yo me abandono en el espacio azazido.

¡como te amaría ahora!
ahora que no estás y que sé que no estás,
amarte teniendo consciencia del amor, amarte
en el vientre de la sal, amarte
escondido, pintando cejas en el sueño.
Morir y amarte,
amarte aún más si te amo
y amarte aún más si no lo hago.
Amarte, amarte aún más,
aún cuando no tenga conciencia de ello,
amarte más, amarte más.

Amarte, amarte aún más cuando del corazón cae
agua espesa y no hay otra mujer para sostener mi diluvio.

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Me negaré olvidarte

Quiero abandonarme al signo del agua,
llorar con mis manos
y depositar mis dientes en la tierra,
quiero, entre otras cosas,
salir andando de esta vida como un abanico roto
y seducirme a ojos cerrados a una flor desnuda.
 
Ya a esta edad
el silencio nos es presa de un letargo somnoliento
y cada vez nos acaricia la idea del viaje solo,
de la tan aparecida palabra suicidio:
un tremendo latido corriendo sobre los peces;
con un corazón desterrado y el alma en pena.
Con toda la ilusión del tiempo de las campanas
y la enorme quietud que tu tocas y gastas.
 
Quiero sobre una triste tumba de cal y hierro
ser sometido a la voluntad de las lápidas y
estar atrapado en la idea minuciosa del sueño.
 
Ahí está
el desesperado hombre de la muralla,
el polvo agónico de un cráter en formación
y el silencio eterno de huesos
y el trozo de pájaro sin el viento
y la mañana sin una mano
y el triste ropaje sin un botón
y el rostro con mordeduras
y el hierro sin el calor corporal
y el aparato triste y la cosa agónica.
 
La palabra invencible y agotada en mi boca.
El material de la muerte.
El ojo incompleto.
El cuerpo sin armonía.
La desgastada mirada.
El cuerpo cíclope.
Y las uñas cubiertas de cirios.
La luz que roba cráneo.
y el viento que no cruza mi isla.
 
El aumento de la violencia en mi pobreza.
Destacada

La hora de la ceniza

pues, aquí

mañana, el martes quizá

recordaré mi cuerpo embalsamado con caricias

en una habitación densa,

al final de las horas tu cuerpo me reclama y me llama;

tu risa,

tus mejillas

de oro

de acantilados,

de gargantas y de lana;

tus manos largas hilvanadas

por esos antiguos colores;

tu voz, tus ojos

tu puerto embarcado

ahí donde se sostiene mis palabras

y esa tristeza de sándalo y de mandarina

que hace más posible que se queme mi corazón:

comenzó la hora de la ceniza.

 

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Mirando sin mirar

 

hay muchas grietas en la madera y en los colores,
hay tantos espasmos de dolor en las gentes
y en las tiendas,
en los cines
en los páramos
y en los océanos
y en los otros poetas.
 
Pobres y minúsculos cuerpos rotos
 
Tienes una forma de verme,
de morder mi llanto,
de morder mis espacios y mis agujeros.
Tienes una forma sutil de adornar mis hombros.
Tú ves el mundo, los claveles
las rosas,
los suspiros quemados
los paneles de azúcar
y las botellas de preguntas.
Yo no veo nada; sino las piedras
y los acantilados:
la fiesta de las flores
y el rompimiento de huesos
en las murallas
y los pájaros enraizados
en las jaulas.
 
Te veo en todas partes.
Siento que estás en todas las cosas y de ellas quiero tomar su forma.

 

 

 

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Frenético

 

Mi voz enfurecida hace tanto ruido
como un sonar de cadenas en un campanario,
suplica y se ve más allá del musgo de la selva
como la garganta del mar en la arena incrustada,
como el agónico tiritar del viento mientras
cruza a un niño o una paloma.

Tímidos gritos salen de mi boca húmeda
como un ruido de huesos,
como un silencio en una bodega
como una muchacha secuestrada
como un ladrón de pie en el vaticano…

¡Oh voz mía! qué potente es el frío
en el alma dividida y con cestos…

Amapola fúnebre, sube a mi cielo y
de mi boca un suspiro silábico
repitiendo dos mil veces más
tu nombre anclado a una equis…

¡Oh, voz de animal muerto
sin galope¡ ¡animal frenético!

soy una luz tan desordenada,
soy un cesto de bocas ardientes…

Tú iniciaste el canto primero, ¡grito de guerra!
y en lo alto de los astros y de las dunas
te veía el cuerpo en abandono,
las manos vacías de mil hombres,
las bocas de las mujeres llenas de deseo
y una estrella de papel incendiada cada noche…

El cuerpo en el lodo y la carne viva ¡exquisita!
la corriente del río abajo, el alma de las rocas
y de los peces…
amor sujeto a las constelaciones
al ruido del agua
a la fiesta y murmullo de las hortalizas
ese es mi secreto:
caminar desnudo con insomnios en mis hombros.

Mi voz es el resumen de los caballos cantando,
de las grietas de la ventana muertas de llanto
de los hombres y mujeres en vela y en anís…

Mi voz es la carne viva y la gladiola al cielo
¡El veneno de dios en su ceniza palpitante!

Ahora mi ternura está encerrada en bodegas
al sur, muy al sur…
lloraría por el fino beso aguardiente y la espesa
finura de un río. Estoy abierto para siempre:
fino cuerpo de matas y de corrales,
fina voz de anís y de claveles
de ley al mundo que no se oculte nada, que todo crezca,
que mi alma se haga par y se cultive…

como un frasco de miel regado…
como una perla abandonada…

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El trabajo hermoso de los años

A ti Wendy, mi persona querida. Mi warmigu.

..

El gran rumor de agua, de escarcha
que asesina de un tajo a los geranios ancianos;
ellos, allá afuera, no se ven morir, están sobre
las rocas vivas, sobre los acantilados de los números.
Ese gran rumor cubrió la piel de los vencedores,
se adelgazó en las pupilas y en torno a ellas
cubrió a las calles de granizo y de céfiros.
Oh amiga mía ¿qué ruinas has hecho?
Porque ahora padeces de tantos lunares,
de tantos lugares tremendamente blancos.
 
Eres tú, geranio del patio de mi casa,
geranio anciano, piel del viento y boca de semilla,
taciturna
elevada al cielo
de tu carne tan blanca, tan blanca,
tan de ceniza y lana,
tu piel anclada a las migajas, al pan molido,
tu carne de nácar nacida en la arena
junto al río
ahora te sueño como en el principio de los tiempos,
estoy con una margarita que se chorrea desde mi costado,
me sueña,
me grita,
me saca del vientre materno y me
da medallas, me da espasmos de oro y
sueño; ya sueño de nuevo con tus dientes,
tu boca húmeda,
tu boca de oca.
Geranio anciano, del patio de mi casa
me retrato en la vida y a ella le devuelvo
mi esqueleto.
 
Consigo ahora que tu lengua y tus órganos
floten alrededor mío, me cubran, me vistan,
sean ángeles de madera; pedacitos cortantes
de un asesino que mata con el frío y la ilusión.
 
Compañera mía,
ya hicimos ese viaje mágico, cabalgamos
por sobre la madera y las auroras,
despertamos al alba en camas diferentes
pero con la mitad de nuestras almas colgadas al sol.
¡Bridemos por fin!
Se alegran los maíces y las tachuelas por vernos libres.
 
Las voces de mariposa,
los cuerpos de arullo,
el crujir de semilla
y ese rumor de huesos gritan ¡aleluya!
Hoy por fin, hemos despertado de la vida
somos danzantes que se adelgazan con la soledad y,
en nuestros cuerpos jamás entra la espuma,
somos un cúmulo de arupos,
tenemos nuestra manía de hacernos daño, de pintar…
de ser corceles en el sueño,
de apagar la luz eléctrica en las velas perfumadas.
He sentido, ¡no sabes cuánto!, el deseo de abrazarte
de acogerte con mis misas y campanarios,
de hacerte dormir con mi voz de aguja y bebé,
de dormitar en alguna colina por entre tus besos
/ tu ruido de besos /
 
Abrazarte compañera hasta hacernos arte,
ese arte dormido, absuelto, amarillo.
 
Qué hermosa te vez ahí adornada de escritura y de sal,
con tu alma purificada como el agua,
con tu cuerpo de minerales,
con tu chalina que genera envidia al sol.
 
Compañera mía, ¡compañera mía!
las piedras nos lanzan sus manos en dirección al horizonte,
el silencio crece en nosotros y nos da su galope,
nazcamos en el vientre del potro y de la noche,
seamos la crin del viento
y el suave andar de un caracol a su roca luego de la tormenta;
compañera, la sal nos mira,
nos hace seres de cuerpos profundos y un tanto muertos.
 
Te invito a descubrir la vida
debajo de los poetas.
 
Hoy un ronco cerezo cuenta nuestras lágrimas y
las medallas se apresuran a envolvernos en el fuego seco,
seamos hoy, por los siglos de los siglos
la fiesta de las flores y
el terrible palpitar de las sillas al verse solas, destruidas
sin personas que se atrevan a sentarse en ellas.
 
Seamos las tardes de trigo:
algo oscuras, pero con un legado del humo.
 
Nuestra piel ahora está llena de túneles por donde
siempre, siempre vamos a transitar, al menos yo
viajaré con mi palabra
hasta la orilla de tu cuerpo, hasta la orilla de tu boca.
Permíteme compañera
reconocer mis venas de pájaro y anidar por siempre
entre tus cabellos desnudos.
Permíteme solo ser un pétalo en tu piel de uva.
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El cielo que quema el ave

Era el espacio lucido,
las huellas y los espejos,
el movimiento no reposaba, danzaba.
La tranquilidad de tu sonrisa,
la tranquilidad del día,
el no morir;
el vivir con las frutas maduras.
El cielo limpio y
sin astros densos caminando,
la luz quieta nos inmovilizaba,
detenía nuestra mirada.

Los danzantes de las piedras
se escondían entre los ponchos,
entre las sonajas sin sonar,
bajo esa luz, todos éramos eternos,
el tiempo se consumía lento
como un trago amargo
y gallego.

Un llanto – una melodía –
consumía el día, un pájaro cantó.

Vibraron las paredes y
los espejos de agua.
Temblamos nosotros, ahora
todos nosotros llenos de ese canto,
de ese cielo
que surca el ave,
de ese cielo
que quema el ave.

Despertamos.

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Mi carrera

Ayer, en mi inusitada carrera contra el mar
vi tus ojos: tremendas leyendas a la par de la brisa,
                                         en el horizonte,
el ocaso me quemaba las cienes y la noche ya
me invitaba a su lecho, y entonces vi tus ojos:
ojos de lechuza, de miel, del andar de los viejos,
ojos arcaicos, ojos de luto,
ojazos de penumbras, de soledades, de valor…
 
Ojos tremendamente negros como el cielo
cuando sus nubes anuncian que va a llover,
ojos serios y duros, tan llenos de grietas que casi
se atreven a cantar a la leña, al dulce vino.
 
Eran unos ojos perfumados
casi lejanos como una provincia o un lecho,
casi como el devenir del humo en la chimenea,
casi como un día tenazmente desenfadado.
Ayer, vi tus ojos enormes: lunares arrancados al sol
y a la bruma: espejos del revés de las cosas.
Mientras los veía yo era eternamente joven,
eternamente despierto, eternamente número.
Me envolvía en la dulce brisa que se desprendía de ellos;
entonces yo me proyectaba a cantar en la vida,
a ser una vela con tantos nombres,
a ser un cisne de humo.
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EL POETA SABE A DÓNDE VA

Mi poesía corresponde con el devenir del Mundo, con una correcta comprensión de los sentimientos y de las acciones; de los mandatos que se nos atoran en la dermis, como un poeta desnudo que está lloviendo. Joven arrimador de los estribos de la madera en los andares de un caminar vacío y ciego. La poesía es, conocida por muchos, como el dejo de la vida, como el abandono del cuerpo a las circunstancias más banales, pero también a los azares del movimiento y a la intención de abarcar el cuerpo para modificar una vida dentro de la existencia de otra vida.

Después de Neruda y Whitman sabemos que la poesía es tremendamente libre, vacía de dudas, conocedora de límites sensoriales y amante de los cuerpos atados al azar de la vida, royendo paso tras paso las huellas de una existencia efímera y constante. La poesía en términos de existencia es austral, es conocedora de los círculos y divinidades. Los mejores poetas venimos del Sur a poblar todo continente y a todas las cosas, controlamos a la autoridad y nos oponemos a ella. “Estamos en el cuerpo y somos el cuerpo”. Por ello es necesaria la visión del poeta en las cuestiones diarias y hasta en las postrimerías del universo en expansión.

Por ello, desde el titulo mismo, desde la vida y el nombre, desde la persona adecuada para escribir de ella y su horizonte nos permite extinguir estas letras sacudidas que ratifican el compromiso y la verdad de la existencia de la poesía. La poesía es tu cuerpo. Es en esa persona lo que denominamos el “acto de escribir”, de ya nos ser exiliado por donde surca la mirada, ni ser abandonado por los temores y lunares del cuerpo. Ya no somos seres unidocentes; sino multidocentes que encargamos a la vida el acto de la soledad, de una pretendida soledad que nos llega al encuentro del corazón. Es el camino extraviado del único  conflicto con la paciencia y estabilidad  de uno mismo.

Y esa persona firme que rompe con esos criterios de estabilidad y cánones antiguos de escribir del amor acabado, del amor ciego, del amor unilateral. Es esa naturalidad, esa salvación del héroe en las películas de acción la que nos conduce a ritmos insospechados y a creaciones literarias y aún más creaciones poéticas que se dejan a la estética y se embalsaman en el corazón y en la búsqueda máxima de los sentidos. Es esa persona valiente y tan relacionada con nuestra voz que nos dicta el camino y la mejor forma de escritura. Es esa persona la forma central de un poeta. Eres esa persona tú.

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LA TEATRALIDAD DEL AMOR

Hola compañeros y amigos escritores y poetas, es un gusto anunciarles que próximamente verá la luz mi poemario, el primero de tantos. He tenido varios nombres en mente para esta primera publicación, poco a poco les iré dando detalles. Estos meses han sido de una creación infinita, tengo varias páginas nutridas de inspiración y unas cuantas sílabas al borde.

Mi recopilación literaria en este tiempo ha sido bastante grata y espero contar con editoriales y personas que apoyen mi trabajo y mi labor como poeta y escritor, varias páginas en blanco están siendo escritas y la vida me está permitiendo contarle mis historias en un pedacito de cielo. Tengo en mente la publicación de 2 libros de poesía.

Hasta ahora tengo varias publicaciones pendientes. Aquí una muestra de lo que será mi primer poemario titulado “LA TEATRALIDAD DEL AMOR” espero lo disfruten y lo compartan para que las letras lleguen al infinito y desde ahí pueblen todo el Mundo y las ciudades y los cuerpos de los niños y niñas que necesitan del arte como expresión del alma y de las manos.

Espero sus comentarios y sugerencias, así como su apoyo infinito. Gracias amigos lectores, escritores y poetas.

Les dejo aquí un fragmento de LA TEATRALIDAD DEL AMOR

       “ Lo que deseo es un silencio eterno

  / un murmullo de huesos /

              un estado de salvajismo permanente,

una proximidad del vacío, una revelación contra el miedo”

1

 

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Desvaríos / uno /

Canto al aire, grito de desesperación,
miro a los mirlos, su vuelo
su gigantesco vuelo.
Miro el vaivén de las hojas,
esas hojas de cristal cargadas de dientes
y espuelas,
de sonrisas como tú.

Cantan las rosas
están atrapadas en las grietas de la ventana,
danzan con perlas,
se aferran al aire.

Gotas, gotas de sol
se derraman en la calzada,
algas desnudas tiritan de frío
y besan el césped.

Tú sonríes,
todas las colinas flotan dormidas.
Tú sonríes
todos los campos son de aire.
Tú sonríes
el espacio gime con fuerza.

Se levanta el silencio y en su sepulcro
nace el barro,
el barro de la voz ronca,
de la voz nutrida,
de los tallos en formación,
de la vida en sintonía,
de sus ojos llenos de lágrimas,
de tus finos hilos sonrientes,
de tu boca de maní, de tu boca de cerezo.
de tu boca llena de vino
como un potente grito caído.

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Silenciados / colaboración /

Quiero hoy celebrar de manera muy grata esta colaboración que marcó un antes y después y claro, que forma más especial de hacerlo que publicando una pequeña biografía de mi compañera de poesía.

Ella es una extraordinaria poeta, lleva por puño un lápiz y todo a su encuentro le llama y ella, como correspondencia, coloca alas en todo lo que ve. Como juez dicta que todo nazca y que se vuelva poesía. Camina siempre con arrebolares y cubre el corpiño de la todos los árboles con una esencia perfumada, esa esencia de los años de la memoria. Aquí pues ante ustedes, la mano y la vida de “Ze pequeño” y nuestra primera colaboración:

Eres mi recordado romanticismo de esperarte en estaciones rotas
y en habitaciones de hotel de carretera.
Hoy te recuerdo con mis acostumbrados temores de Abril
y con las lluvias perennes del mes.

Vivo instantes de sonrisas aguadas y contención de verdades.
Pero guardo la esperanza apalabrada
para el sueño en el que se cruzan nuestras manos
frente a una eternidad desconcertada.

Te veo sin miedos y me regocijo,
caminas por los espacios verdes tomando el lugar del tiempo.
Dictaminando con firmeza cual nube de río:
– vendrá a la tierra en sus acostumbrados torrentes
llenos de agua sal y madera.

Vendrá, y no seré yo quien lo detenga;
y que traiga en su cauce otros besos valientes
y abrazos impensados.
Pero ay que el puñal afilado de la espera
se cuelga en la pupilas, y llora, y no hay tregua.

¿Dónde estamos?
Si vamos a la deriva sin volante;
cuántos sacrificios de los muertos que nacen…

Silenciados
sentimientos que no saben encontrarse.
En la vida de esta muerte…
nosotros
nadie.


Gemma Rabaneda Sureda, conocida como:

Ze pequeño en Facebook,

y @Pequenho_Ze en twitter.

Nacida un 24 de Diciembre en Barcelona. Autora de los poemarios ‘Poetitzant-te’, Editorial Neopàtria (2014) y ‘Setenta Lunas de Abril y un baile póstumo’, Balanceo Poesía (2018).

Escribe en www.diarismicrocosmics.blogspot.com (en catalán) y www.seponeallover.blogspot.com (en castellano).

Un gran gran placer coincidir en la vida con personas que te llevan más lejos de lo que pensabas llegar. Un gusto de verdad.

Es un honor que disfrutemos de su poesía. Síguela en redes ahora.

 

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A mi mamá, dedicatoria

Nadie soy yo.
Ni lo que escribo.
Ni las inmensas rocas que deciden ir
a la constante de los días y mueren y se hacen poesía.
Y les recito poesía.
Nadie es huella, ni caricia,
ni instinto en contra de los vientos del mar
y de sus olas y de sus bocas y de sus fulgores.
Lo único del tiempo eres tú, madre.
Lo que se juega en el destino,
las corrientes griegas de sus Dioses,
el número perfecto y aural.
Poesía eres tú. La desidia de una rosa,
el muro y las murallas, el instante creador.
Poesía eres tú. La compañera del alma en mitades.
El cuerpo minúsculo más triste,
la sonaja de hierro y el abanico de hojas,
las horas y versos más tristes, casi diminutos a la orilla del tiempo.
Nadie se compara: las estrellas y
su canto, el vino y la madera, los golpes de polvo
y el llanto perfumado de los cielos cautivos;
las calles nacidas de las amapolas y
los miles de vidrios rompiéndose.
Nadie es sino tú, poesía.
Pura y maternal, adornada de joyas y noches
de auroras boreales, noches con oídos de campana.
Poesía eres tú. El contacto anciano con los tallos.
La vida en dunas celestes y
campanarios y leña: el cuerpo de antes.
Nadie es sino tú.
Ni Neruda, ni Whitman, ni De La Rockha
usaron sus verbos vivos contra ti,
nadie es. Nadie describió la esencia perfumada.
Eres poesía del sur.
Eres poema que viene danzando.
Eres un pedazo amargo de un eterno ser, combinas a las unidades.

Eres un golpe vacío y seco de alimentos.
Eres el filo del amanecer.
Jamás te vas. Te quedas para siempre.
Eres el suave incienso de carne.
Cabe la pregunta:
¿Podríamos existir sin ti?
Hace frío y todo es redondo.
Hay certeza de que somos un montón de huesos
ordenados y puestos al viento,
construidos de tu aliento y manos.
Eres solo tuya, casi infinita.
Y en el comienzo del mundo, tu mirada y vientre.
Y las bocas que vuelven a disparar sintonías y nombres.
Y cada vez más cerca el Universo impuesto y desgraciado.
Y cada hora la raíz de tu nombre: Enith.

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Mis ropas sucias

¿Porqué seguimos aferrados a la vida
a las trenzas despeinadas del día?

¿Porque no lanzarnos desde los astros
a las fauces tremendas de la muerte?
Porque no ir con todas las flores arrancadas
a la mitad del día y de ahí llamar a la sombra.
Porque no alabar mi despedida,
si tan tierna me llama y me cobija y me da suaves besos.

La muerte no sabe de apuros, ni labores.
Ven a mí hoy, y juega con mis niños.

Atrápame adornado de llaves y quejas,
se hincha mi pecho y yo estoy ya llamando
a todas las bocas.
Me seduce la posibilidad de saltar,
de ser polvo, de ser un llanto muerto y pesado.

Quiero estar en la búsqueda de mis días finales
y contarle a la vida de ti.
¡OH DE TI!
Quiero hoy, apresurarme a la eternidad
y ver entre las cabezas de algún lirio mi nombre,
mi nombre sucio
escrito hasta con sangre y velas.

Hoy me abandonaré a la vida:
no tengo techos;
llegaron los pájaros
y las medallas. Me llaman.
Iré a la muerte cabalgando con mis ropas sucias.

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Amarillo

¿Y por qué?

Si no eres tú, no es nadie.
Porque solo tú me haces pintura,
me conviertes en color;
me haces pincel, paleta, espacio.
Me conviertes en tu retrato.

Porque cuando recorro tu recorrido
y vuelvo de tus memorias
me haces paisaje.
Nos hacemos naturaleza.

Por eso te quiero a ti.
porque todos tus cuadros están en amarillo
y eso es mucho para alguien
que ha visto toda su vida en gris.

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Dedicatoria – a tu sonrisa – (2/2)

Como amenazaba tu sonrisa
con destruir un grado de saciedad mío,
di la vuelta y miré a la ventana y al espejo.
Yo tiritaba de como una flor nacida.

Con tu mirada me atrevía solo
a danzar en silencio,
a mirar en el espejo
tu silueta,
te veía desnudo.
¡Qué días tan alegres
y rojos!.
Medité en silencio y volví a la danza.

Con que ojos te miraré
si ya me has descubierto.

Te miré. Me miraste.
Sonrisas pálidas cargadas de lluvia
en los campos desiertos. Eso éramos. Eso somos
Nos juramos sonreír eternos
cruzar miradas,
chocar manos,
desvariar en las noches.

Ahora gritamos y conversamos
despacio
para no despertar a los bailarines despiertos.

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Dedicación – a tu sonrisa – (1/2)

He aceptado tu invitación a mirarte,
por entre los espejos y la carne;
a viajar en tu sonrisa
con las hebras del tiempo corriendo, corriendo.

Musitas en mi oído
las doce campanadas de la iglesia:
esa música sacra crece en los tallos de las flores.

Atravieso tu rostro de izquierda a derecha
zigzagueando entre tus lunares,
apenas descanso para inventar un escrito
o una fecha.
El día nos sabe estático, quieto, dormido.
¡Cantemos en azul!
Conversemos de la vida, de las mujeres, de nosotros
en este follaje de la carretera muerta.

Levantemos un campamento a la orilla
de un acantilado,
miremos la sombra de las aves pasar.
Me acerco a un estanque, tan vacío e inhóspito:
un nenúfar florece,
sus tristes días se parecen a los nuestros.

¡Qué grato es estar en tu compañía!
¡Cuántos días he soñado con esto!

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Así te amo

Te amo, como cuando los astros cruzan el cielo
y mis manos, ¡oh mis manos! tan cerca de ellos.
Te amo como cuándo el viento cruza
por la mitad de un niño, y se parte, ¡oh se parte!

Te amo, porque así el éter me ha nombrado:
embajador de la tierra y de las almas negras.
Espiga dorada de pan y de almíbar;
un chorrito de néctar en tu lengua. Así te amo.

Te amo porque el aliento de la semilla
aún está en el suelo, aún no se hace sueño.
Te amo porque cualquier tribunal se despedaza
en su juicio contra un pájaro herido. Yo herido.

Te amo, porque en el centro del valle, en los pistilos
de todas las flores
yo puedo juzgar a todas las bocas, hacerme verdugo.
Te amo, porque a nadie hablé de lo que he llorado.

Te amo, porque aquello es de esa manera y no de otra.
Te amo, porque a ninguna mujer he visto y he visto todo.
Te amo, porque en el vientre de la guitarra sigo preso.
Te amo, porque la cortesía así lo amerita. Te amo.

Te amo, porque esa palabra se hace flecha cuando la escribo.
y en mí, toda palabra me grita distancia.
Te amo, porque aún no he nacido.
Te amo, porque estoy triste. ¡Te amo porque estoy¡

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El vino me llama


En el páramo Andino
sobre la naturaleza inhóspita de las emergencias
entre grietas de vino y mármol
estás tú
y estoy yo.
Un viento infinito, amplios campos ebrios al mediodía.
Hijos del viento, hijas de la lira.
¡Qué escalones me llevan al cielo!
¡Qué luto” es el sol que nos mira arrebolado
y una espiga me llama
con dulces sonidos de sirena, mientras
el agua continua su lento caminar por las rocas.

Sé que lo diré siempre, claras estrellas;
Un pedazo de tela blanca entre cejas, sol naciente.
Tu nombre, raíz del silencio de todas las cosas,
explotan en mí, los muchachos del dolor.

Los pequeños continentes, ríos de óvalos
abarcan mi sueño profundo y en las torres
enormes
– torres abandonadas al sol –
se encuentran todas mis esquinas y reflejos.

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Pensé que no me iba a doler, pero dolió.

Es triste cuándo esa persona a la que querías tanto ya no está contigo, decidió irse y llamar a la tristeza, ahora yo aquí, solo pienso en las veces que estuvimos. Por ello este poema es en honor a esa persona, por los momentos, por los besos, por el día y por tantas noches.

Pensé que no me iba a doler
pero me atrapó la tristeza en las grietas de la ventana abierta
y con sus partículas me llamó a ser testigo del dolor.
Soy una amapola llena de sangre y licor.

El cúmulo de polvo, las hondas grietas de esas llamaradas de tierra
me cuestan en mis manos, y de ellas estoy hecho.
No hay escobas, dueñas del tiempo, para limpiar,
ahora ellas, todas ellas duermen.

Desde mí, hacia un espacio zurcido y melancólico, voy en azul.
Tengo mis manos en otro territorio y
la piel es la llanura por la cual la lluvia no emerge.
Desde mí, la soledad araña, como siempre, mis manos
y una isla acompaña mi sufrimiento.
¡Qué archipiélago busco cuando quiero estar solo!
¡Qué grata madera ahora hay en mis ojos, quiero llorar!
Tengo y busco un refugio por entre un diente de león.
Me llama desnudo una brisa,
afuera todo es fosforescente y mis ropas sucias me están abandonando.
La lluvia deslizada y pulverizada por el suelo
gota a gota, me escribe y me llama a lanzarme al acantilado.
No hay techo en mi cuerpo, ni cielos
ni astros, ni miradas.
Es este cuerpo el que ahora me tiene en corcel y,
llanto a llanto se anuncia el silencio.

Creí que no me iba a doler
pero estoy en pétalos de un geranio y todo es marzo.
Los días tristemente tristes preparan pan.
Hacia el sur, hacia el glaciar de Tabacundo voy ebrio de vino.
Ahora, el día de hoy que te vi,
estoy perdido en alguna bodega de viejos trenes
y no estoy embarcado en ninguna piel. En nada.
Mi alma está en el desierto:
verdes espigas y en mis ojos, doradas espigas.
Así, te extraño, así te recuerdo.
Así te vi.

Creí que no me iba a doler,
pero por hostales inhóspitos caminé, de noche,
y el viento por el sur, muy al sur
me llama.
Fui triste en todo.
Ahora me parezco a la palabra agonía.

Lo que resultaba de mi viaje, de mi salida sin soles
era una lluvia constante en mis huesos,
empezaban a germinar ideas de la soledad
y un ala rota se me dibujaba en la espalda. Omóplato derecho.
Lo que caía en mí eran las hojas de algún perro desnudo
y sus enormes fauces me tenían en silencio.
Pues sucede que ahora asciende desde esas tierras que visité
el rocío a mis pupilas. El llanto hecho río.
Pensé en mirar mis anhelos límpidos, sacudir mis alergias
de una vida tan noble, pero
sigo estando tan triste y tan melancólico.

Y unas dos hojas de laurel se agitan bajo mis pies.
Y me piden que no abandone el cementerio que,
a ellas, solo yo las vengo a ver, a escribir.

Pido paciencia y un cielo en alguna botella
y olvidar todo en un gran charco de dientes y orgías.
En una tumba de suspiros y en un rezo marchito de excusas.

Pido tu mirada para volar.

Pensé que no me iba a doler
pero estoy intranquilo, estoy en amarillo recorriendo a raudales
las hojas de los viejos poetas,
estoy en crecimiento y desnudez.
La desnudez me tiene miedo.
Quiero cerrar los ojos y verte, pero no te animas a seguir ahí
en esas tierras infértiles, donde ya no hay semillas.

Ya no me concedo el permiso de nacer.
Si yo no puedo amar, nadie conocerá el amor.
Voy a cerrar los ojos con las cerraduras
de los pies de un caballo y espero
morir en su galope.

El amor es una entidad que va con una bata de hospital
surcando tremendos pasillos llenos de muertos y aquí
viene su capitán. Yo. El señor de las despedidas.
Toda persona en mí se despide y se hace aureola,
se evapora y yo no conozco su razón.
Quizá es que no tengo barba, ni cejas amplias
por donde aterrice un águila o un barco;
quizá no tengo las manos más erizadas, ni blancas,
quizá sea solo piel y llanto.
Quizá a mí acudan todas las dudas de un caminar ciego.
¡Eso es! Por ello las despedidas son pedacitos de mí
en el mar, y pedacitos de mí en la tierra.

Pues eso, que pensé que me no me iba a doler
y duele, y duele.
Ahora quiero que no te vayas, quiero que por un día
seas piel, quiero a la fuerza ser médico.

Ya está, saliste de acá, de mis parpados blancos.
Eres como la noche, tan creciente y desnudo.
Pues pensé que no me iba a doler
y seguía cantando y mirando los besos,
y no me atrevía a besarte.
Una vez viaje dentro de un buey hacia tu encuentro:
era un día claro recién nacido, era como el primer vuelo de un hijo.

Estuvimos juntos, éramos silueta y llamarada
y de nosotros se desprendían los besos como globos,
surcaban nuestras bocas en una sola vida,
y yo te tenía en mis manos, eras sonoro, eras
mi persona preferida, eras el latir de una rosa adornada de alfileres.

Nunca me sentí tan liviano
como cuándo decías mi nombre y te veías en mis gafas.

Ahora, como siempre, te escribo, porque si duele, ¡duele!
Déjame solo, ya me iré temprano desde tu casa,
déjame solo con las tardes, que hoy, hoy pensé que no me iba a doler.
pero dolió.
Pido el silencio por donde ya ha cruzado tu mirada.
Pido tu cuerpo por donde ya ha sido mío.
Pido un minuto a la eternidad para salir del río.
Pido que seas feliz.

 

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Testigo y lamento (colaboración)

Hola compañeros y seguidores, quiero anunciarles que me es muy grata esta colaboración y fue una de las más sentidas. Sencillamente un gusto trabajar contigo Alejandro, les dejo por acá sus redes sociales y una breve descripción:

Alejandro Cárdenas

Licenciado en Ingeniera de Ciencias de la Computación. Trabaja en una multinacional que provee productos y servicios para desarrollar aplicaciones de negocios. Poeta aficionado en sus tiempos libres. Sueña con escribir una novela de ciencia ficción. Sempai en la escuela de poesía japonesa “Sociedad Secreta del Haijín”.

Twitter: @AljndroPoetry

pueden seguirlo en poémame (revista de poesía)

Las letras estaban destinadas a ser destino, a ser posada sobre todas las frutas y a ser una brisa tremenda en el tiempo con el sencillo alunar de una mañana cubierta de razones, razones para ser nosotros.

Les dejo nuestra colaboración

Soy un ser atravesado por la angustia
no hay olvido;
Carcomido por mi propia soledad
solapada por tu ausencia.

Eres inevitablemente frío.

Sabes que soy testigo de todo el dolor
que se promueve;
Soy amante de la noche y de ella tú.

Soy un ser ciego, hundido en la corteza de un naranjo.

  Soy el lamento
que nace en las ramas de la noche
me siento al borde
de la cornisa de mi realidad
y te lloro…

porque no te tengo
o porque nunca te tuve
o porque tantas veces te perdí
o porque nunca más te volveré a tener.


¿Te gustó esta colaboración? Déjame tus comentarios

¿Quieres colaborar en este espacio? Escríbeme

Twitter: @poesia.al.alba

Instagram: @poesia.al.alba2

 

 

Destacada

Aullando, así a la vida

Se escucha en mí a las amapolas cortadas
para una fila hebra del volar ciego,
y en ti, todos los santos se suicidan.
Y en mí, las batallas arden con alas doradas.

Entre rimas y desesperación,
entre encuentros y esquinas,
entre los rumores blancos de noches abandonadas
y un sueño del mar despierto.
Así, forjando mis huesos, vacilo.

Mi condición es ver murmurar al cielo
y ver en su lastre, a sus barcos sucios
llorando y gimiendo por el frío
aullando como un perro muerto, así a la vida.

Estoy atado a las espinas y a los claveles,
soy religión de un día y de una noche.
Estoy atornillado al panal de los sauces,
y en mí, todos los santos repiten mi nombre.

Tengo olor a sangre fina y a estancia en un bosque,
al danzar de los alambres blancos con púas,
soy un desierto lleno de polvo y muertos
y un compás ardiente sin dientes de acero.

Destacada

Versos libres

La noche amarrada con clavos y destellos,
así,
amada mía,
tú sobre mi cuerpo,
dador de eternas lluvias y
compañero de viaje entre olas de polvo y silencio.

Entre el ruido y la espera,
tu boca y mi silencio,
te me haces en todas las cosas y
de todas ellas distante y quieto

ausente,
pero no frío,
derrotado está mi cuerpo
lleno de vacíos y pasiones blancas.
Esperaré el viento desde su origen humilde,
en su boca clamaré y un llanto
enorme rodará por la tierra.
El frío se siente tan natural, como mirar a través de la ventana abierta.

Déjame soñarte,
escribirte,
cuando no existías,
cuándo no aparecías,
cuándo yo dormía y tu creabas.
Déjame ser en lo que tu seas:
el agua de las piedras
y el vino de las violetas.
Mi existencia te marca.

Piel de avena y trigo,
camino rodante,
tienes hasta los cabellos llenos de perfume
y
el origen del beso
fue dado en tu boca.
Tienes hasta mis manos gritando.
Tienes hasta mi aliento maduro.
Tienes el rostro de las grandes causas y en ti
sobra mi amor que bordea, sin testigos,
las grandes causas.

En el día, tu aliento de rosa,
piel de cromo y silencio,
tus ojos forrados de estrellas
y en tu espalda,
el olor del ciprés.

Tengo el hambre colgado de mis dientes
y mi poesía es causa de las despedidas.
Eres enorme y
tienes la frescura de la noche.

El frío desencadeno mi silencio
y hasta me pareces mariposa de arrullo,
flor minúscula nacida en el vientre de la vasija
y el rodar incipiente de unos prados tristes.

Verte con la boca manchada de tierra,
enjaulando semillas humedecidas en tu seno,
crecieron, como catedrales gigantes,
las voces tiernas en las fauces de la vida.


Versos nacidos a la par de una vela y un cuarto oscuro, un cielo forrado de estrellas y la bandada de silencios galopando hasta mi vientre. Soy de agua y sal y veo, en mí, nacer todas las flores. La existencia de un Dios me marca y me distingue. Soy el grano amarillo del maíz. Soy el fruto seco de una tierra sin semilla y soy el llanto de un niño dormido.

Destacada

Encubrir tu ausencia

COLABORACIÓN (Alejandro P. Morales. )

Quería que supieras,
que quizá,
esta no es la última vida que me queda para amarte.

Que tengo miedo,
que aún estando muerto he llorado
y que esta lluvia me ha empujado a ti.

Recluido en las entrañas y,
que mis manos destrozadas, destrozadas
por encubrir tu ausencia.

El corazón encallado
porque he perdido la vida que tanto quise.

Que he sido el otoño tantas veces;
y ahora ya,
sin estaciones, sin pájaros, ni piel,
sin aliento…

Quería que supieras
que en un mar de lágrimas
me mires lentamente,
que conmigo se van tus pupilas.


Quiero presentarles esta tercera colaboración con mi compañero Alejandro Morales, aquí una breve descripción de él.

“Me llamo Alejandro y soy de Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy pequeño me sentí atraído por la escritura. Me divertía manejar mentalmente las palabras y llevarlas de un lado a otro, como si de un puzzle se tratara, hasta conformar una frase que transmitiera un mensaje atractivo, además de sincero y honesto”

Un gusto tremendamente grande el poder trabajar con grandes escritores de todo el Mundo, él publica sus poemas en Poémame (revista digital de poesía) anímate a visitarla. y también puedes seguirlo en Twitter @MorAlex7.

Ha sido verdaderamente un gusto poder contar con sus palabras para esta colaboración, espero que la disfruten y que la poesía siga gritando en nosotros como un niño dormido en sus sueños.

Espero me dejes tus comentarios y sugerencias. ¡Hasta pronto!

 

 

Destacada

La boca del viento

¡Qué tumulto de oraciones en silencio
y una par de huellas vacías en la arena, olas desplumándose!

Oscuro juego de luces y el mar atento,
estrellas tan lejanas como tus ojos mismo,
ave de paso, en ti todo el mar se agita.

En ti el cielo es crepúsculo y a tu lado todo se une
cambias la dirección del viento; donde tú quieras, donde tú lo muevas.

Agitas mi camino y observas mi raíz,
soltaré un puño de ramas alentadas por la tierra.

Siempre a tu encuentro estoy viviendo con mi escritura de lado,
tus miradas bastas arremeten a mis horas ya vacías,
y vuelves a ser tú, con tus olas y días grises.

El mar retrocede y se ancla y vuelve a la isla desierta.
¡Qué voz más silenciosa, cortada de tajo a un animal feroz!

La noche se dobla en la esquina y te ve, sentada te espera,
así eres, sueño en el campo y humo en el fuego,
soplas y
el llanto del día sale de la boca del viento.

Destacada

Eliseu Ferrero Calatayud ganador VI Premio Internacional de Poesía Jovellanos, El Mejor Poema del Mundo

Es un gusto anunciar a Eliseu Ferrero Calatayud como ganador del VI premio internacional de Poesía Jovellanos, El mejor poema del Mundo, por su poema escrito en valenciano titulado “Alzheimer”

Te invitamos a leerlo

ALZHEIMER

On has anat, benvolgut ésser,

que al meu costat estàs

com si no estigueres?

El teu mirar perdut,

refreda més que la neu,

la teua fragilitat,

trenca les pedres.

On has anat, deixant-te part a la terra?

Seria, per aquell mes de tardor,

quan les aus volen

a la recerca d’una altra primavera.

Amb elles partiria

la teua meitat viatgera,

l’altra, va quedar al meu costat,

com l’au que sense forces,

es queda a la calor de la llar,

mirant volar, el fum per la ximenera.

 

ALZHEIMER

¿Dónde has ido, querido ser,

que a mi lado estás

como si no estuvieras

Tu mirar perdido,

enfría más que la nieve,

tu fragilidad,

rompe las piedras.

 

¿Dónde has ido, dejándote parte en la tierra?

Sería, por aquel mes de otoño,

cuando las aves vuelan

en busca de otra primavera.

 

Con ellas partiría

tu mitad viajera,

la otra, quedó a mi lado,

como el ave que sin fuerzas,

se queda al calor del hogar,

mirando volar, el humo por la chimenea.

 

Impresionado con la calidad de este trabajo, tanta calma, tanta paz en pocas lineas. el rubor comenzó en mis manos, pero fue diluyéndose hasta mi boca, que grato de verdad, espero que leas este poema y te agrade tanto como a los miles de lectores que se sienten tan identificados.

 

 

a través de El poeta Eliseu Ferrero Calatayud obtiene el VI Premio Internacional de Poesía Jovellanos, El Mejor Poema del Mundo, por su poema en valenciano Alzheimer 

Destacada

Poesía: ser en todas las cosas

Oh, mujer mía, acércate a mi boca
tomemos la forma de la vasija y en su vientre de cárcel seamos.
Poco a poco acudamos a la vida.

¿Es posible que yo sea en todas las cosas?
soy un jardín ajeno,
rodeado de tantas formas en el firmamento,
pues, eso digo,
que me levanto y encuentro
sangre y agua en mi cama.

¡Ruedo tan gigante por el mundo!

Vivir sin ti, no hay alma.
es lo que necesito, un acantilado
para de ahí flotar a la cima
pues, empiezo a quererte poco a poco
y empiezo a buscarme poco a poco.
Mi vida se cayó en tu falda y
como consecuencia de ello
soy el corazón del hombre;
de las vidas que llevo hacia delante ,
del aroma de todas las frutas,
del fuego por el contacto
y de la mirada cuándo te vistes.

Pues ahora te encuentro en todas las cosas
y de todas las cosas quiero tomar su forma;
Soy una isla con una hoja casi durmiente en la arena
y de ahí vengo a mirarte.
¡Oh amigo, oh amiga
cuánto pesa la lluvia, cuánto pesan las letras.!

Soy ahora explorador del miedo.
En solo una noche he querido mi vida.

Oh, mujer mía, acércate a mi boca
tomemos la forma de la vasija y en su vientre de cárcel seamos.
Poco a poco acudamos a la vida.

Destacada

A papá, en su tarde de lluvia

Veo a mi padre dulcemente atrapado por las lluvias de la calle estrecha;
inmensas gotas circundantes caen en el suelo y por entre sus manos
el sueño de todos, el sueño mío;
fuera de él: el espacio airado y tristemente azul,
dentro: el hogar, la espera y la canción del mes de Septiembre.

– el amor acabado, y la vida se ha muerto –

Ahora, de pie junto a la puerta abierta
observa el mundo acurrucarse en una gota de agua.
Su mirada posada, inerte y su desvarío remueven las canciones…
las canciones de todos.

Canta, y la persistencia de su canto se replica en los rincones de la casa
siempre son los ojos, los ojos de nosotros que pacientemente
miramos las sonatas con desvaríos de su boca cansada.

Ese cantor de letras sin nombre, ese cantor de la radio
imita la voz de mi padre, que aún con los acordes finos y la melodía en hilo
muere despacio sin el compás y las heridas suyas.

Ahora, sentado en esos infinitos retazos que cubren los muebles
se observan las canas y los silencios y las pausas de la vida,
del cantor autónomo, de los pulmones a media voz.
Sentado en infinitos pensamientos, su boca recurre a los altavoces y,
de entre ellos la canción

“acuérdate mi”.

 

Destacada

Estoy vivo¡

Los días me vienen a matar,

con sus bajos instintos y falsos poetas.

Que histeria la que me acompaña

y que noches son las que vomito.

Sigan, caminen detrás de mí,

que no me matarán;

vinagre y espuma es lo que ustedes predican

y es pura mierda en la punta de su lápiz;

chalecos ajustados a la nariz

y basura amarrada a su cintura.

¡Malcriados¡

No me llamen con sus manos muertas,

ni con sus pies tontos,

de su vientre de sal

solo hay gritos y lamentos desprotegidos;

Yo soy porque soy,

más ustedes son porque yo los invento,

les hago tragar tierra que sale de mis pies.

La noche eterna cerrada para su muerte,

astros de aguja y un semen podrido

es el resultado de su viaje.

No vengan a mí

¡Hijos de puta¡

Los días no me matarán,

voy naciendo con sangre

y ustedes mueren en el pavimento.

Malcriados, malcriados

nacidos de una perra herida por una piedra

lanzada desde el espacio;

bocas sucias, cuerdas de metal

intestinos de ovillo y lana,

cicatrices de toda una vida maltratada

y corazones desangrados.

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