Hasta tu pecho, mi patria
asciende el deseo entre manantiales de ceniza e incienso,
estatua florida, ahí en las cobijas
rompiendo cosas abandonadas,
empapando lo oscuro…

¡Alto es tu sexo¡

asciende a mi garganta desde tu vientre
y se planta en mi costado.

Un soplo y cae el agua
espesándose y moviendo la finura de mi boca,
tus manos que circundan mi cuello,
tienes lo ojos húmedos entre manzanas cantoras,
y el placer se ve desde la raíz
a tu océano seco.

En el valle recostado
tu espalda fluye tranquila frente a mis ojos,
incendio floral y fogata de huesos.
Toda la boca mía al servicio de orgías y cantares.
Ahí recostado dos espigas de oro juntándose,
en el medio la miel y la leche; yo, 
discípulo de saliva,
granjero del maíz y del dolor.

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