Ven, a mí, soñemos con el cuerpo encendido
y el agua casi rota al filo de un maíz
cae en mi cuerpo, riega esa feliz caricia dormida
que la noche empieza y cae y cae y cae
como de un trompo una sustancia feliz.

Llegó el baño húmedo y frío y constante
llegó la vida a nuestra vida, qué hielo nos consumía.
Encerrado en habitaciones sin nombre
te esperaba, la muerte sin sonido y etérea
vio tu cuerpo ardiente como agua rota
como cuando la noche cae en un cerezo, se
desprendía de mi cuerpo un llanto de palomas inmensas
y un atrio sometido a los feligreses
ardamos, caminemos, hagamos fuego
hagamos campanas.

Era la sed y el hambre ese día
La dura fría hora en las que surcó tu alma a la mía.

En la noche que se ciñó tu boca a la mía
y donde emigraron pájaros desde tu sexo a mi vientre
y nació la poesía.

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