A ti, ni a la gota de río que llevas entre las piernas

nadie te olvida, aquí te llevamos todos

en mitad de la plaza, en donde giran

los ponchos, donde se ve nacer el arco de fósforos.

Haz crecido y crecido.

Como cuando nadie muere,

como cuando todos lloran, eres silueta sonora,

un café puro, alguien que canta, levadura instantánea.

Ahora, desde mi poesía

me veo hincar, como campana nutrida de soles

como ostias regadas y mutiladas en la boca, como

un incendio en la punta de la vela

tristísimo andar de corales.

Ahora me veo dentro de un rostro que

no puedo dejar, como una pintura en domingo,

como un hilo negro que se teje.

Yo ya no sé otra cosa,

ya mis llaves quietas y oxidadas en las cumbres

ya mi aliento de cemento se funde en las hileras

de un saco de dentaduras amarillas.

Vuelves, siempre vuelves, sobre el sol de los pájaros

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