Cuerpo sin mar y sin olas, blancas playas
te pareces a la arena en total quietud y entrega.
Mi mano de actitud salvaje te busca
y hace lanzar los meses para el encuentro.

Caminé lento, fui desarraigado, apátrido
de mi huían las estaciones, la noche me ofende.
Para sobrellevar me forjé con tu aroma,
te recibí como la flecha al arco.

Comienza la herida y salgo a recogerte por la luz
te amo, cuerpo de maíz, de trigo, de leche ávida
las alegrías de tu pelo, ¡tú sombra suave cobijándote!
la saliva como néctar, ¡tú vientre entre espumas y rosas!

Cuerpo saliente a la luz, existiré en tu idioma.
Mi sed, mi agotable cotidianidad, mi infancia suelta.
Pueblo blanco dormido entre mis dientes, te amo.
Sales como domado por mi esperma y el dolor infinito.

Pálido, sin desliz, asomado a la luz vegetal
quieto, un país descubierto en medio del perfume
así va tu aliento atento a las hondas del día,
en torno a ti, giran los claveles y crisantemos.

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